Cuatro poemas de Adrián Román

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han solo

 

han solo  

me lo compró mi jefa

saliendo del cine.

es el de chamarra azul

y pantalón café.

me compró también

un guardia gamorrean.

cuando me salieron barros

mientras leía el mil chistes

antes del fucho

luego de hacer dibujos porno

y mientras escuchaba al haragán:

siempre han solo.

él era el medio de las chivas

que iba a triunfar al barcelona

las porterías eran cajas de klínex

en la liga jugaban play mobil

he-man

mask

han solo también fue luchador

y condujo varias naves

incluso un pontiac rojo a control remoto

se cogió al menos a tres princesas lea

y dicen que a una barbie

fue a acapulco

y un chingo de veces a cuernavaca

le gustaba andar entre

el musgo y el heno de los nacimientos.

hasta hoy ha conseguido

montarse en un halcón milenario

-amarillo, viejo, incompleto-

ya nunca  viaja

permanece todo el día sentado

junto a chewbacca

sintiendo cómo el polvo se le pega a la piel.

 

el frío de los hombres

si es otra vez la puta angustia

mejor ni le abras

aunque llame a chiflidos

aunque lance tostones contra el zaguán

dile que no tienes

no

no tengo nada.

incluso si aparece con su rostro

de buey babeante.

no

ni le abras.

manolo

sé que jode estar en la calle

sin tener a dónde llegar

ni qué hacer

si no pasar una y otra vez

los zapatos flaquitos

por la piel rasposa del dolor

y nada de morralla para un trago

pa’  que lo amargo resbale

como cuerpo desnudo por las manos

ni una bacha que devuelva

la lucidez que perdemos en el exilio del alcohol

sentirse cansado

hambriento

pero sobre todo olvidado

y contagioso

la mugre

la falta de lana

siempre el mismo pantalón

eso espanta a la gente.

ya sé;

querías ser mi padre

pero no te salía

a mí tampoco

no sé ser hijo del hombre

somos parroquianos del mismo fracaso

de afilarle la espada al amigo que mañana nos mata

hijos de la rabia del macho alcohólico

de esos días con cara de

yatodochingóasumadre

cabrón dolor

perro viejo y jodón

perro sordo y necio como sólo dios

sordo, necio y soberbio.

manolo

compadre de profundas

y llegadoras parrandas

hoy no hay jale ni batalla

el parque ya se acabó

te digo que si es la pinche tristeza

mejor vámonos

no quiero andar cargando cascajo-

tienes razón:

pinches viejas que acusaban

y señalaban a tu padre

nada sabían del tuétano de la noche

del frío de los hombres

de estos tragos de a soldado

de despertar y ver el día;

por eso los ojos rojos

y el fresco vómito del desengaño

manolo

hijo del sentimiento

cabrón de fácil llanto

perdona y olvida

a los que borracho

y caído te ignoran.

bien dices: somos escuadrón

de nuestra propia muerte.

 

estrellas encendiéndose

a maru  

y una sinfonía inconclusa

atravesando tu piel.

chance y alcanzo autobús.

chance y me esperas contenta en la terminal.

a esta hora

y desde la carretera

tu ciudad es un montón de manchas

como estrellas artificiales

que se encienden al mirarlas.

eres un adorno del mundo

con el que se antoja bailar y reírse.

se me antoja el sudor de tu escote

inhalar largas líneas de cocaína

que descansen sobre tus muslos

hay días que ni las chaquetas sirven

la porción rutinaria se vuelve insuficiente

la vida exige el aroma de las pecas en tus hombros

que tus piernas se amarren a mi espalda

el nocturno glamour de tus ojos verdes

el nocturno verde de tus ojos glamorosos

el glamour verde de tus ojos nocturnos.

 

balas perdidas

a vero

escucho tus pies descalzos andar sobre la lluvia

tu risa llena de vino tinto

el respirar de tus hijas al dormir e

l chacualeo de mi lengua entre tus piernas

como pez que brinca fuera del agua

y vuelve a caer en ella

la voz de los árboles otra vez

las nubes que pasan

y no se escuchan

esta tarde azul en la que te irás lejos

y quizá no vuelvas.

el sonido del motor que te lleva

el mismo viento de antes

pero ahora en tu rostro

y tú sobre la carretera

de pie

mirando una ciudad pequeña

y autos que pasan a toda velocidad

dejándote atrás muy rápido.

por un momento piensas en mí

mientras respiras la noche

ya lo sabes

desde la principio eres

un vuelo de aves

que en realidad no existen

pero que cruzan el cielo que yo miro.

no sé si entiendas

nunca vemos el precio

de las cosas que nos gustan

las tomamos

y asumimos que serán nuestras

somos balas perdidas

que se encontraron en el camino

a ninguna parte

estar aquí es caro.

ahora estás ahí

sentada

con los pezones erguidos

por el agua

viendo la lluvia caer en el patio

sonriéndome

y sé que podemos contra todos.

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Adrián Román

Nació en 1978 en yahualica, jalisco. toda su vida la pasó en el df, comiendo migas, pancita, tacos de tripa, cervezas en el titán, esa ciudad la abandonó el día que cerraron el cine teresa. ahora vive en la playa, acompañado de su perro, drogas y mujeres hermosas.

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