Daddy’s Lil Monster

HarleyQ

¡Y no me llames pudín!

―Joker en Mad Love, Paul Dini & Bruce Timm

 

 

El casting y la actuación de Margot Robbie como Harley Quinn fueron de las pocas cosas que realmente me gustaron de Suicide Squad (película que ha resultado quizá incluso más polémica que Batman v Superman). Margot se desenvuelve, como decía Wilde, con sospechosa naturalidad en la mejor encarnación del personaje que el público podría haber pedido… sin embargo, me parece que el mayor, y más peligroso, problema de Suicide Squad está en el retrato que hace de la relación entre Harley Quinn y Joker.

Originalmente, el personaje de Harley fue creado para la clásica serie animada de Batman de los 90’s, con intención de ilustrar lo lamentable que es una relación abusiva. Bruce Timm, el alma de Batman the Animated Series, tenía una amiga que se encontraba dentro de una relación dañina y, a partir de eso, surgió la idea del personaje. Más tarde, Paul Dini escribió una historia de origen para Harley, actualmente acaba de editarse en México el breve tomo Mad Love, ganador de un premio Eisner, donde se cuenta por primera vez el origen de la Quinn, que primero hicieron en comic, dibujado por Bruce, y más tarde incluyeron como un episodio de la serie televisiva. La historia es una anécdota sencilla y, por eso mismo, un ejemplo clarísimo y al grano sobre el funcionamiento de una relación abusiva, donde ella está obsesionada, idealiza en su cabeza ignorando la realidad y sufre ataques no sólo verbales y psicológicos sino incluso físicos y graves… para terminar siempre regresando con Joker, que la golpea y menosprecia. Esta era, pues, la intención original detrás del personaje de Harley.

Quinn tuvo tanto éxito que se volvió canon en el universo DC. Su relación con Joker ha tenido muchos momentos críticos desde entonces a través de los años y, actualmente, en el mundo de los comics ya ha rehecho su vida sin Joker. Sin embargo, de un tiempo para acá, muchas jovencitas comenzaron a idolatrar (principalmente sólo de fachada) a Harley Quinn pero, además, idealizaron su relación con Joker, ignorando todos los aberrantes antecedentes de abuso e inventaron, colectivamente, una relación que es y siempre fue románticamente perfecta, incluso envidiable, entre ellos… es decir, realmente se volvieron Harley.

Tras la presencia de Harley Quinn en la película de Suicide Squad, el personaje tuvo un renovado boom como el de Deadpool cuando se anunció su película; por distintos motivos, el entusiasmo fue general. También se anunció que Jared Leto, actor y vocalista de 30 Seconds to Mars, interpretaría a Joker. Hubo polémica entre los fans de los comics por las caracterizaciones de ambos personajes pero, al mismo tiempo, se avivó todavía más la glorificación de la relación Harley-Joker entre sus devotos (seguramente en algo habrá contribuido la elección de un actor apuesto y sexy para interpretar al villano; es la primera vez que Joker se convierte en un sex symbol). Finalmente se estrenó la cinta, las salas de cine se llenan de chillidos de emoción y suspiros entre buena parte del público joven femenino en las escenas que involucran a la pareja de risueños villanos.

Es cierto que, ya que Harley se ha independizado en los comics, en la película de Suicide Squad estaba la oportunidad perfecta no sólo para contar el antecedente patológico entre Joker y Harley sino para, además, mostrar al personaje liberándose de eso, rechazando todo ese abuso por voluntad propia, habría sido algo importante de mostrar en una película altamente esperada, taquillera y con un personaje al que incontables jovencitas idolatraban desde antes de siquiera verla en pantalla. Habría sido magnífico porque, lamentablemente, las relaciones abusivas en todas sus formas siguen siendo demasiado frecuentes, especialmente entre los más jóvenes. Sí, esta era una oportunidad grandiosa pero, también es absolutamente cierto, la película no tenía ninguna obligación de dar ese enfoque, en todo caso bastaba con retratar sin opinar, solamente mostrar la relación dañina y dejar que el público sacara sus propias conclusiones; por un lado, así funcionaba el personaje originalmente, por el otro, el arte debe mostrar, no denunciar, porque mostrar causa el suficiente impacto… y sí, sí pienso que una película basada en comics, si está bien hecha, puede considerarse arte, igual que los propios comics.

Pero aquí es donde el asunto se quiebra. Una cosa es que un público desinformado idealice una situación nefasta y otra muy distinta es que la propia película, un producto oficial, de pronto decida no cambiar el tipo de relación y volverla genuinamente idílica, sino idealizar en pantalla una relación que ya nos mostró es abominable. No sólo mostrarla, sino decirnos que es hermosa. Me preocupa mucho que en un momento la cinta nos ponga una escena donde Joker se dispone a iniciar una tortura (tortura, con todas sus letras e implicaciones, “voy a lastimarte mucho, mucho”, dice él, sonriente) sobre una inmovilizada Harley y, después, con una canción de Kehlani de fondo, la cinta arme una escena romántica con un beso entre ellos dos a medio sumergir en un tanque de químicos multicolor. La película y la gente tras ella deciden mostrarnos que hay momentos y sentimientos bellos dentro de una relación que implica tortura, obsesión, posesión y abuso; no bellos subjetivamente para los implicados, sino objetivamente, porque así lo sirve en pantalla para el público. Esto, sin duda, me parece un error que va más allá de demeritar la calidad de una película, es algo que me parece alarmantemente peligroso porque hay un enorme porcentaje de público joven suspirando de añoranza cuando la mujer abusada recibe un beso superfluo del hombre que está dispuesto a entregarla a otros hombres, a torturarla, a pedirle que se juegue la vida por él y a tratarla como un objeto de su propiedad. Incluso el intercambio de mensajes de celular entre ellos tiene un eco muy real de patancillo hablando con su ingenua y sumisa novia. ¿Qué está pasando? Ya es muy preocupante que tantas jovencitas reaccionen con alegría ante estas escenas, pero además me parece tremendamente grave que ahora el propio DC haya dado un paso en alentar que una relación como esa se vuelva algo a lo que aspirar. That’s not puddin, that’s bullshit. Iconofinaltexto-copy

Ilustración del autor.

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Diego Minero

Tlaxcala, 1990. Se dedica a la escritura y a la ilustración. Ha sido becario del Foecat en dos ocasiones en la disciplina de Letras, y ganador del Premio Estatal de Cuento (2010); publicó la novela ilustrada 'El pueblo en el bosque', la novela corta 'Un último vaso de Jerez' y el cuentario ilustrado 'Grand Guignol'. Ha publicado columnas y viñetas en diversos medios impresos. Ha tomado un par de talleres, pero el grueso de su formación ha sido autodidacta.