De quesadillas sin queso y el origen de la palabra

 

Sin importar el origen de la palabra, la quesadilla muestra su indiferencia a este debate.

A lo largo de la República Mexicana hay mucha gente indignada porque en la capital y sus alrededores se comen quesadillas sin queso. Basta solicitar a la mesera una quesadilla de sesos para que el vecino comensal ―ya sea un no-capitalino militante o sólo un orgulloso defensor de la lógica― nos arruine la sobremesa.

La quesadilla es un platillo mestizo que consiste, en su forma más primitiva, en una tortilla de maíz, rellena de queso, doblada por la mitad, lo cual le confiere la forma de una letra D[1]. El nombre hacía honor al relleno. Con el tiempo, sin embargo, el queso no sólo ha sido acompañado por otros ingredientes sino también sustituido. Hoy en día existen quesadillas de huitlacoche y hasta de mariscos, lo cual a algunas personas les parece un atentado contra la inteligencia ―no, por supuesto, contra el paladar―.

Para mitigar el miedo a la incorrección lingüística, algún payaso puso a circular en internet un anuncio en el que se aclaraba el supuesto origen náhuatl de la palabra quesadilla (de quetzaditzin, “tortilla doblada”). Aunque el argumento no deja de ser simpático y su autor mascoteable, es con toda seguridad falso; diversos conocedores de la lengua náhuatl lo han desmentido, y no basta sino asomarse al léxico de dicha lengua para comprobarlo. Así que volvemos al punto inicial.

No hay que ser un experto en lingüística para ver que a esta imagen se le desparrama lo falso como queso a una quesadilla.

Lo cierto es que la quesadilla sin queso no necesita justificación y no representa más absurdo que la existencia de todos nosotros. De vacaciones, no reclamamos cuando pedimos la llave del hotel y nos dan una tarjeta con chip; tampoco corregimos al amigo porque cuelgue el teléfono aunque sólo oprima un botón y el aparato permanezca en su mano. Incluso vamos al cine y vemos cintas, aunque las películas ya se distribuyan casi todas en formato digital. Podría decirse que la quesadilla ha evolucionado junto con la tecnología.

Al final lo que menos importa es el origen de la palabra

La lengua está llena de metáforas y nostalgias etimológicas. No tiene el menor sentido luchar contra su fuerza natural en pro de una hipercorrección que flaco favor le hace a la pretendida demostración de superioridad intelectual. Hacerlo resulta tan ridículo como pontificar que un vaso de agua es un recipiente fabricado con H2O en lugar de una medida de líquido ―igual que una taza de café―, y decir en consecuencia y muy ridículamente, vaso con agua.

Que prevalezca la libertad de pedir nuestras quesadillas de papa con chorizo y dedicar la sobremesa a temas más importantes. De paso, pueden recomendarme dónde venden unas dignas de polémica nacional. La Hoja de Arena

@Ad_Chz

[1] Es ésta una de las características que, con independencia de los ingredientes, la separa del taco, cuya forma puede ser alternativamente cilíndrica o de medio círculo. Otra diferencia estriba en que la tortilla de la quesadilla puede cocinarse en seco o frita en aceite, mientras que al taco sólo se acostumbra dorarlo en aceite en su forma cilíndrica.

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Adrián Chávez

Escritor y traductor, autor de 'Señales de vida' (Fá Editorial). Ha sido becario del Fondo Nacional para la Cultura y las Artes (FONCA) en el área de novela y es editor de La Hoja de Arena. Alterna la literatura y la traducción con la docencia. Twitter: @nochaveznada
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