El Yo, una ilusión: Entrevista con el Dr. López Corredoira

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El punto central de la filosofía de la mente es el problema mente-cuerpo. En su origen está la pregunta: ¿cuál es la relación entre los estados mentales (o la conciencia, lo psíquico, el alma) con los estados físicos (o el cerebro, lo material, el cuerpo)? ¿Se trata de dos sustancias diferentes? ¿O son lo mental y lo físico una sola cosa? Estas son las preguntas fundamentales de la filosofía de la mente. No obstante, las respuestas suscitan un sinfín de nuevas preguntas: ¿Son libres nuestro pensamiento y nuestra voluntad? ¿Podrían las computadoras poseer una mente? ¿Puede existir la mente sin el cuerpo? La filosofía de la mente es por tanto un estudio con ramificaciones muy diversas.

Martín López Corredoira es licenciado y Doctor en Ciencias Físicas por la Universidad Complutense de Madrid y la Universidad de La Laguna, respectivamente. Es Doctor en Filosofía por la Universidad de Sevilla y autor de numerosos artículos sobre ambos campos. Asimismo ha incursionado en la literatura, ramo en el cual ha recibido el Premio Platero de poesía y una Mención especial en el XV Certamen Literario Universidad de Sevilla por una obra de teatro en verso.

En el campo filosófico, el Dr. Corredoira sostiene una postura materialista, i.e. sostiene que todo lo existente es materia regida por sus propias leyes. Con esta postura están íntimamente relacionadas otras dos que López Corredoira también ha sostenido: respecto al problema de la libertad humana y el del dualismo mente-cerebro. Sobre el primer asunto sostiene que la libertad humana no es real, sino que todo lo que en apariencia es una decisión autónoma es en realidad el resultado de un intrincado proceso que ocurre en las redes neuronales. Así, la acción visible de un hombre es un resultado de este proceso. Aún el aprendizaje lo concibe de esta forma, pues puede entendérsele como un proceso de ensayo y error, este fenómeno es además observable en algunas de las computadoras modernas.

Algunos pensadores a lo largo de la historia han afirmado la existencia del libre albedrío en base a la experiencia subjetiva del yo autodeterminándose. Corredoira sostiene que dicha experiencia no necesariamente se corresponde a un estado de cosas efectivo, además de lo cual tenemos fuertes razones para creer en la inexistencia del libre albedrío, las cuales nos son brindadas por las ciencias.

En rigor, cuando hablamos de dualismo nos referimos a la existencia de dos substancias o clases de realidad distintas. Creo que un ejemplo de esto puede verse en la cosmovisión cristiana, que contrapone el bien al mal, o en la de Empédocles, que contrapone la amistad al odio. Sin embargo, el dualismo que aquí nos ocupa es uno de una índole muy específica, el de la oposición entre la mente y el cuerpo. Este dualismo sostiene que mente y cuerpo son irreductibles el uno al otro. Es decir, que por lo menos en algunos aspectos la mente no puede ser explicada ni constituida por la materia y viceversa. Una de las expresiones más famosas de este tipo de dualismo es la hecha por Descartes, con la afirmación de la existencia de la res extensa y la res cogitans.

Sobre el tema del dualismo mente-cerebro, Corredoira afirma que la creencia en la existencia de la mente es falsa porque su existencia no es real, sino sólo aparente y que el motivo por el cual ha recobrado una gran importancia en la discusión filosófica contemporánea es que los filósofos han complicado innecesariamente la cuestión. Estos filósofos afirman la existencia de los qualia, estos serían los estados mentales subjetivos que experimentamos, e.g. lo que experimento cuando miro una pared con una cierta tonalidad de morado o recibo un puñetazo en la cara. Este dolor es entendido no como el moretón o el diente roto que me puede dejar el golpe, sino como la sensación experimentada. Así, la experiencia[1] es entendida por estos filósofos como algo no material.

Por otro lado, algunos filósofos como David Chalmers afirman que hay dos tipos de problemas sobre la conciencia, los difíciles y los fáciles. Siendo el caso que responder a los problemas difíciles se logrará sólo teniendo en consideración la existencia de los fenómenos mentales subjetivos, los cuales no pueden ser explicados por una vía materialista. Uno de los problemas que denomina fáciles es la cuestión de cómo es posible una tal experiencia subjetiva gracias a la intervención del cerebro. Sin embargo, cree Chalmers, queda un problema sin resolver, este problema es el de que ocurre en torno a estos estados mentales subjetivos. Por su parte, López Corredoira afirma que no hay un problema como el que dichos filósofos de la mente claman que existe. Los estados mentales subjetivos son ilusiones, y lo único verdaderamente existente en este asunto es el mecanismo que crea dicha ilusión, mas el contenido de la ilusión no existe.

En breve, mientras unos sostienen un dualismo, i.e. la existencia del cuerpo y la mente, siendo el primero material y la segunda no; Corredoira sostiene que lo único existente es la materia, que en el problema mente-cerebro o mente-cuerpo es obviamente representado por el segundo término.

Para ahondar en este tema, les presentamos una entrevista que la Hoja de Arena tuvo oportunidad de realizarle al Dr. López Corredoira:

LHA.- Usted tiene una postura ontológica materialista, que en su artículo Implicaciones Materialistas de la Teoría de Darwin describe como una postura que sostiene que todo lo que hay es materia siguiendo sus propias leyes. ¿Podría abundar un poco más en la versión del materialismo que usted sostiene?

MLC.- Creo que mi posición es bastante ordinaria dentro del materialismo, y no hay mucho nuevo que decir sobre lo que ya se lleva diciendo desde hace unos 2500 años en occidente. Materialismo (o naturalismo) consiste en decir que lo que hay, lo que existe ontológicamente, lo que tiene existencia real, es la materia, o materia-energía si se prefiere. Lo que existe es la Naturaleza o el Cosmos con todas sus propiedades tal y como las estudian las ciencias físicas. Cierto que todavía se nos pueden escapar a los científicos algunas de esas propiedades y leyes. Cierto también que no hay que confundir lo que viene en los libros de física, con lo físico, la Naturaleza en sí. El conocimiento de la Naturaleza no es la Naturaleza. Sin embargo, es un principio que se muestra razonablemente coherente el creer que todo es de un mismo tipo de sustancia siguiendo las mismas leyes naturales, por contra de otras visiones que incluyen algún grado de mentalismo y que hablan de sustancias (¿mentes/almas?) que no son materiales.

LHA.- Su consideración al respecto del dualismo mente-cerebro se centra en una discusión con la extendida creencia en la existencia de una mente autónoma. La autonomía puede ser considerada por lo menos de dos formas: en cuanto la mente se rige independientemente del cuerpo o por leyes distintas y en cuanto la mente es algo distinto al cuerpo. ¿Podría bosquejar su postura ante la primera forma de esta creencia?

MLC.- Efectivamente, pensadores hay que apuestan por un dualismo en el cual la mente va por libre, en vez de ser una causa de lo que suceda en las neuronas en su cerebro. Descartes es quizá el más conocido representante de esta visión. El materialismo, sin embargo, establece que esa autonomía es aparente pero no real.

LHA.- La cuestión de la relación mente-cerebro la aborda en su artículo Algunas respuestas a las críticas al materialismo en el problema mente-cerebro en dos frentes: si existe el libre albedrío y si existe algo como la mente en absoluto. A ambas cuestiones responde negativamente, en la segunda arguyendo que la mente es una ilusión, ya que es causada por fenómenos físicos perfectamente explicables. Siendo el caso que lo único que tiene existencia es el mecanismo que posibilita la experiencia. ¿Cuál es su opinión sobre el famoso experimento mental de la científica Mary utilizado por Frank Jackson en Epiphenomenal Qualia y David Chalmers en The Puzzle of Conscious Experience?

MLC.- ¿Dije yo “perfectamente explicables”? No recuerdo haberlo dicho con esas palabras. En cualquier caso, reitero mi opinión de que la sensación de ser nosotros mismos un “ego” unitario y bien definido, una mente como algo en sí, es una ilusión. No se sabe mucho todavía de los mecanismos que causan esa ilusión de autoconciencia, pero sí se sabe que todo aquello que sentimos o pensamos es un efecto cuya causa se anticipa en los procesos neuronales del cerebro.

El ejemplo de una científica (Mary) que tiene toda una teoría física para explicar los colores pero que no puede percibir ella misma tales colores con sus ojos es utilizado como argumento para sacar a relucir el manoseado argumento de la “rojez del rojo” (los qualia) o similares… para al final concluir que no es lo mismo conocer que percibir. La verdad, me parece una pérdida de tiempo estar pensando semejantes trivialidades, disfrazando con un lenguaje moderno viejos sofismas que no dicen nada. Ya decía Spinoza que el concepto de perro no ladra. Obviamente. Y una simulación del Universo en un ordenador no es el Universo. Obviamente. Y una teoría sobre el funcionamiento de la percepción de los colores no es un cerebro vivo percibiendo tales. Obviamente. “¡Ah!, pero entonces reconoces que hay algo más que materia pues la percepción por una conciencia se sale de la materia misma”–dice el mentalista. Tonterías, lo que hay que reconocer es que la descripción completa del cerebro (cuando se tenga) no es un cerebro. Nada que contradiga el materialismo.

En general, creo se gasta mucha tinta hoy en día con el problema mente-cerebro con ejemplos por el estilo, y que las personas que leen estos textos de filósofos contemporáneos salen con ideas más confusas que aclaradas. A mi modo de ver, considero, como dice el diccionario de psicología de Stuart Sutherland, que “la consciencia es un fenómeno fascinante pero escurridizo (…) sobre ella no se ha escrito nada que merezca la pena leer”.

LHA.-Aún hoy en día es muy extendida en algunas escuelas filosóficas la creencia en ciertos principios racionales trascendentales (en el sentido kantiano[2]). El principio de no contradicción, de tercero excluso y de identidad[3] son probablemente los que han tenido el mayor impacto en la historia del saber desde que fueron mencionados por Aristóteles en su Metafísica. ¿Cree usted que dichos principios surgen solamente gracias a la forma particular en que la naturaleza configuró la razón humana?

MLC.- Los principios de la lógica aristotélica son llamados “principios” porque se cree que son evidentes e irrefutables aunque indemostrables. Si creyésemos que no son tan irrefutables, si creyésemos que se puede pensar “lógicamente” sin tales principios, entonces ya no serían principios (o serían de la categoría de esos que decía Groucho Marx “Estos son mis principios pero, si no le gusta, aquí tengo otros”). Y cierto que ha habido intentos de construir sistemas lógicos diferentes del aristotélico, pero no veo yo la racionalidad de tales sistemas y sí más bien un dejarse llevar por un cierto snobismo postmoderno que se empeña en decir majaderías propias de alguien con trastornos mentales agudos: “la silla está aquí y no está aquí”.

Claro, tenemos también la mecánica cuántica, esa chistera de mago a la que todo aprendiz de brujo moderno echa mano para auxiliarse como soporte de sus majaderías. Bien se puede decir con todos los dedos de frente que un electrón está en un lugar o no está o una tercera posibilidad indeterminada de poder estar con cierta probabilidad. En mi opinión, no son las reglas de la lógica aristotélica las que fallan, sino el manejo de enunciados sin sentido. Hablar de la posición de una partícula antes de ser observada no tiene sentido; es como hablar del color de una flor en un jardín sin flores. ¿Es la flor roja o no es roja o hay que inventar una tercera posibilidad? Nada de eso, simplemente no hay flor, como no hay posición en los electrones inobservados.

Sobre si creo que la lógica o las matemáticas o similares son un producto humano o están en algún lugar escritos de forma absoluta independientemente de que haya seres humanos para pensar, no tengo una opinión fija. No creo en un mundo de la verdades lógico-matemáticas (el tercer mundo de Popper) como algo en sí. Lo que existe es la naturaleza; ésta sigue un orden lógico-matemático hasta cierto punto, y nosotros podemos más o menos seguir/entender algo de ese orden. Puede que seamos nosotros mismos los que con nuestra mente cuadriculada matematizamos y le damos una lógica a los fenómenos de la naturaleza, puede ser. Mismo el acto de contar/”numerar con números naturales” puede ser algo poco “natural”. La Naturaleza no separa, es toda una; quizá es la mente humana la que separa las ovejas de un rebaño al contarlas mientras que la realidad es que el rebaño es toda una cosa interconectada. También pienso que la idea de individuo separable, tan extendida en nuestro occidente, por contra de la idea más holista típica de las filosofía orientales pueden ser artificios humanos de ordenar nuestro conocimiento (ver mi artículo: “La negación del principio de individuación en la naturaleza, y la separabilidad y el concepto de sujeto como artificios humanos”, Thémata, 41, pp. 482-497 ).

LHA.- En el artículo Implicaciones Materialistas de la Teoría de Darwin sugiere que muchas personas no tienen el estómago para digerir teorías mecanicistas y reduccionistas. Sino que “necesitan algún espíritu vital, algún principio teleológico o alguna otra visión animista”. ¿A qué cree usted que se deba esta necesidad?

MLC.- Creo que un psicólogo podrá explicarlo mejor que yo. Yo intuyo que tiene algo que ver con el temor a la muerte, el mismo temor que impulsa las religiones. Pero hay más elementos en juego seguramente. En general, un Universo mecanicista se nos pinta (incluyéndome a mí mismo) demasiado frío y carente de amparo para lo que desearíamos que fuese una protectora madre naturaleza. La inseguridad, la incertidumbre, y otros elementos propios del nihilismo seguro que producen cierto rechazo. Por el contrario, el animismo resulta más cercano a nuestro modo de relacionarnos con el mundo exterior, más instintivo.

No es difícil pensar por qué la idea de un Universo mecánico produce cierto rechazo. Quizá lo difícil sea pensar por qué hay a pesar de ello algunos individuos que opinan desde un materialismo o mecanicismo que priva de sentido su existencia como individuos. Para ello seguro que también se puede echar manos de algunas hipótesis psicológicas. Por ejemplo, Erich Fromm en “El miedo a la libertad” hablaba del temor que puede generar el sentirnos libres y dueños de nuestros actos. No obstante, creo que detrás de un pensador abrazando la idea de un frío Universo hay algo más que una persona fría o un cobarde que huye de responsabilidades; hay también una ardiente pasión de amor por la verdad. Iconofinaltexto copy

Bibliografía para el interesado en ahondar en la discusión:

López Corredoira M., 2010, Algunas respuestas a las críticas al materialismo en el problema mente-cerebro.

López Corredoira M., 2009, Las implicaciones materialistas de la teoría de Darwin.

Nagel T., 1973, What Is it Like to Be a Bat?

Chalmers D., 1995, The Puzzle of Conscious Experience.

Chalmers D., 1996, The Conscious Mind: In Search of a Fundamental Theory

Entrada sobre los qualia en la Enciclopedia de Filosofía de la Universidad de Stanford,http://plato.stanford.edu/entries/qualia/

Entrada sobre epifenomenalismo en la Enciclopedia de Filosofía de la Universidad de Stanford,

http://plato.stanford.edu/entries/epiphenomenalism/


[1] Nuevamente aclaro que me refiero a la supuesta experiencia en tanto vivencia subjetiva, no a aquello que posibilita dicha experiencia como puede serlo el morado sobre la pared o mi sistema nervioso.
[2] Llama Kant trascendentales a todas aquellas condiciones necesarias para que haya experiencia y que en cuanto condiciones necesarias, sin ellas no podría haber experiencia en absoluto.
[3] El principio de no contradicción dice que algo no puede ser y no ser al mismo tiempo y en el mismo sentido. Tal y como no puede ser cierto y falso al mismo tiempo que algo está a 50 ?. El principio de tercero excluso afirma que siempre es el caso que o bien P es verdadera o bien su negación es verdadera, pero no existe una tercera posibilidad. El principio de identidad afirma que toda cosa es siempre idéntica a sí misma, del mismo modo que tú eres exactamente igual a ti mismo y yo soy exactamente igual a mí mismo.
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José Luis Álvarez Vergara

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  • Mario Orospe

    Me da la impresión de que el entrevistado estaba enojado.
    Creo que utilizar expresiones como “esnobista postmoderno”, “majadero”, y cosas así no sienta bases para un diálogo.. y al final su negación del esencialismo trascendente se vuelve, paradójicamente, un nuevo fetiche. Curioso