Zootopia

Zootopia

“No quieren que la primera cara que vea la gente

al entrar aquí sea… una como la mía…”

 

Yo le tenía esperanza y buena fe a Zootopia, pero verla fue, aun así, una placentera sorpresa que superó mis expectativas. Es grandioso que una película animada priorice desarrollar una historia interesante en vez de enfocarse, exclusivamente, a encimar chistes de humor fácil que hagan carcajear a los niños más pequeños sin mayor esfuerzo.

Me pregunto cuánto éxito tendrá Zootopia entre el público infantil y espero, sinceramente, que el soso slapstick de películas como Minions, Madagascar, Era de hielo (2, 3 y 4), etc. no hayan arruinado ya la capacidad de las generaciones más nuevas para digerir joyitas como Zootopia que, junto con Ralph el demoledor, son lo mejor que Disney ha producido (sin Pixar) en años recientes.

Básicamente, así como el refrán de lobos en piel de cordero, Zootopia trata temas agresivos bajo su fachada de animales simpáticos; disecciona el tema de la discriminación (bajo cualquiera de sus formas: género, especie, raza, etc.), el daño que hacen los estereotipos cuánto lastiman los prejuicios y lo profundas que pueden ser las peligrosas raíces de este tipo de mentalidad. También se da tiempo para asomarse a las drogas de una forma francamente perturbadora y, en algún momento, señala otro asunto que no mencionaré aquí para evitar un spoiler.

En fin, una reflexión, una metáfora completa y sumamente efectiva porque, al representar el principal problema del que se ocupa la película por medio de animales, los motivos de la discriminación se vuelven suficientemente distintos de los humanos como para ser universalmente entendibles, y la aparente sencillez de algunas escenas que ejemplifican esta situación son alegorías efectivísimas, que pueden comprenderse ―y sentirse, dolorosamente― desde cualquier perspectiva, lugar y edad. Además, el modo en que la cinta maneja el tema no es panfletario, porque miembros de cualquier especie la ejercen y la sufren, en general se retrata de una forma muy realista.

Por estos motivos es altamente deseable que Zootopia encuentre un sólido recipiente, especialmente en el público infantil ―además de que a todos nunca nos viene de más un recordatorio. La discriminación, los prejuicios, el odio por cualquier motivo superficial son temas importantes, urgentes y ―desafortunadamente― siempre actuales.

No nos quedemos, sin embargo, solamente con el tema del público infantil, porque nos encontramos ante una película que, como toda buena historia infantil, revela más y más capas nuevas de trasfondo para que el espectador las descubra cuando la vaya revisitando en diferentes edades. En realidad ―y a modo personal― por momentos me pregunto si se trata, incluso, de una película que no sólo transmite su mensaje de forma clara y profunda, sino que, además, la disfrutará plenamente un público más “maduro” (además de la ahora emocionadísima comunidad furry que ya ha puesto, naturalmente, un nicho de adoración a Zootopia), por su humor a veces autoreferencial (“¡Esta no es una película donde haya una canción bonita y al final cumplas tus sueños!”) hasta referencias (evidentes) a El padrino y (if you blink you miss it) a Breaking Bad. Además, hay momentos que un niño pequeño podría identificar, sin ningún problema, como tristes o como feos, pero un espectador de mayor edad sin duda sentirá algún escalofrío por las implicaciones emocionales de algunos momentos de la cinta.

Lo más importante aquí es que Zootopia es una muy buena película que funciona a la perfección con su elenco 100% animal, pero con una historia que, de hecho, básicamente podría haber funcionado también como una película “normal”, live action, con humanos, se trata de un buen ejemplo de eso a lo que muchas veces parecen tenerle miedo los Grandes Estudios en la actualidad: producir una película compleja bajo su aparente simplicidad, con una historia completa, autoconclusiva, redonda y satisfactoria a partir de una idea original, una historia contada de forma inteligente, ágil, con varias capas de interpretación y con personajes todos entrañables ―amén de un dúo protagónico de inmenso carisma y notable química. Todo esto dentro de un mundo con una identidad propia, y aquí es importante hacer hincapié en el maravilloso mundo, funcional y hermoso, que fue diseñado para que habiten de forma creíble estos animales sapientes.

Con sus 108 minutos, es la película más larga de Disney después de Fantasía, y ciertamente es una notable evolución en una de las casas productoras más importantes y poderosas del mundo. Zootopia es una película que deseamos visitar una y otra vez, con personajes de los que es imposible no enamorarse, una historia que nos emociona como niños, nos sorprende como adultos y nos conmueve como humanos. Iconofinaltexto-copy

Ilustración del autor

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Diego Minero

Tlaxcala, 1990. Se dedica a la escritura y a la ilustración. Ha sido becario del Foecat en dos ocasiones en la disciplina de Letras, y ganador del Premio Estatal de Cuento (2010); publicó la novela ilustrada 'El pueblo en el bosque', la novela corta 'Un último vaso de Jerez' y el cuentario ilustrado 'Grand Guignol'. Ha publicado columnas y viñetas en diversos medios impresos. Ha tomado un par de talleres, pero el grueso de su formación ha sido autodidacta.