Yoga para corazones prisioneros

El yoga no es sólo un ejercicio para gente “popis”; aunque así se le represente en las películas y se abuse de él hasta en el porno. Su práctica es una herramienta espiritual que pretende reconciliarnos por dentro y con nuestros entornos. Quizás no pueda salvar a nadie de la muerte, pero sí de una vida violenta y de dolor. Bajo este precepto funciona The Prision Yoga Project, organización que promueve la práctica del Hatha Yoga y la meditación consciente en los centros de reclusión y de reinserción social.

Las personas privadas de la libertad lo están como resultado de una serie de factores desfavorables como la negación de algún derecho, el abandono, el hambre, la homofobia, la violencia de género y los entornos comunitarios agresivos, entre muchos otros. En concreto: están en la cárcel como resultado de la violencia estructural. Se supone que también están ahí dentro para eventualmente ser reinsertados en la sociedad, a través de procesos educativos y psicológicos; cosa que, por supuesto, no se cumple en la mayor parte de los casos. Pero, el no reinsertarse felizmente en una sociedad que les ha tratado a patadas, ¿es su culpa o se debe a más violencia estructural?

The Prision Yoga Project apuesta por terminar con estos ciclos de violencia desde el interior de quienes la ejercen. Para el director de la organización, James Fox, las personas delinquen como resultado de lo que llama «dolor original». El cargar con traumas de todo tipo les lleva a actuar con dolor y con torpeza, causando traumas mayores y volviendo a actuar con más dolor y más torpeza. Hay que terminar con ese ciclo en algún punto. The Prision Yoga Project sostiene que la práctica del yoga puede ayudar a liberar los eventos traumáticos que afectan nuestro comportamiento.

Aunque para sostener su discurso se apoyen en la psicología, lo más importante es que se trata de un proyecto que busca acercar a las personas en prisión a una práctica espiritual. El yoga busca crear un puente indestructible entre la mente, el corazón y el cuerpo. Uno que no permita volver a ser inconscientes de nuestra dignidad y nos ayude a atravesar por el dolor. En un mundo en el que la espiritualidad ha sido coartada por los intereses económicos de unos cuantos, es vital devolver estas prácticas a las personas en situación de vulnerabilidad.

La organización, liderada por James Fox, trabaja desde el 2002 en prisiones de California y otras partes de los Estados Unidos. Además, provee entrenamiento para replicar estos procesos en ese país y alrededor del mundo. Han extendido la práctica de yoga también en grupos de jóvenes en conflicto con la ley y en otros grupos vulnerables. Sus siguientes entrenamientos serán este año en San Francisco y Amsterdam.

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Ojalá pronto tengamos un proyecto así en México, donde hace mucha falta. Dentro de los Centros de Reclusión del país la situación es grave; de 242 mil personas privadas de la libertad la mitad no tiene sentencia y no sabemos si son culpables de la comisión de un delito. Además de los contextos violentos que las personas puedan llevar a cuestas, les estamos añadiendo el paso por una cárcel (no ideada para la reinserción social) a un montón de personas que quizás sean inocentes.

El yoga es llegar de un punto a otro más alto, a uno más consciente y menos violento, sin importar la ubicación geográfica. La dignidad no te la quitan unas rejas. The Prision Yoga Project lo sabe y es ahí donde está el valor de su lucha.

@dave_lefer

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David Ledesma Feregrino

Escritor en formación. Editor en Homozapping. Formó parte de la XIV promoción de la Fundación Antonio Gala para Jóvenes Creadores. Escribe ajeno. La más señora de todas las putas.