Y a mí, este recuerdo ya nadie me lo puede quitar

ese recuerdo

Una tetera que hierve es el ligero homenaje de la obra Este recuerdo ya nadie me lo puede quitar a las Tres hermanas de Chéjov.

El samovar y una tetera son objetos paralelos, se parecen pero jamás podrán convivir aunque ambos procuren servir una buena taza de té. El samovar es un armatoste extranjero y antiguo, quizá para estos tiempos, al igual que Tres hermanas de Chéjov. En Este recuerdo ya nadie me lo puede quitar, ese otro armatoste rudimentario, la tetera, lo podemos encontrar en cualquier hogar mexicano. Así de opuestos son estos objetos; su contenido, empero, quiere tener la misma substancia y es ahí, en la médula, donde la obra intenta encontrarse con la atmósfera que propuso el dramaturgo ruso.

Cinco “amigos” se reúnen para ensayar las Tres hermanas; durante  el ensayo nos damos cuenta de que conviven bajo una rutina que los va sumergiendo en el hastío. Así, empiezan a relacionarse, a intentar algo parecido a la comunicación; sin embargo cada vez se torna más intolerante la atmósfera y los personajes se vuelven incapaces de concientizar la dinámica que los ata. Justo en esta reflexión podemos anclar la obra de Chejov, en la cual se plantea que tres hermanas desean ir a Moscú mas por inexplicables circunstancias se quedan ahí, atadas, con la frustración asfixiándolas. En Este recuerdo ya nadie me lo puede quitar se intenta reflejar esas fisuras en las relaciones, a la vez que se explica la angustia como aquello en lo que creemos o queremos pero que simplemente nos inmoviliza.

Los actores de la puesta: Diana Magallón, José Rafael Flores, Mari Carmen Ruiz, Gabriela Ambriz y Héctor Hugo de la Peña, dan una impactante verosimilitud a estos personajes-actores que se vuelcan a la vida en caída libre. El director Damián Cervantes selecciona a Chéjov para emplearlo como el marco para empezar un ensayo al que los espectadores nos inmiscuimos. Entonces los personajes, apoyados por la cuarta pared, empiezan a convivir en su esfera autónoma. Ellos, así, en solitario, intentan interpretar las palabras de Chejov; más allá de ellas es donde comienza a sacudirse la obra evocada. La cotidianeidad se expone desesperante; el tedio, la apatía juvenil nos hace recordar que esa sustancia de la que están llenos la tetera o el samovar somos nosotros, nos desborda y nos reflejamos en aquellas pláticas acerca de las manifestaciones y las marchas gay. Un ensayo que no pretende ser nada más que la oportunidad para pensar que se está haciendo algo,  mientras lo único que sucede es nuestra conversión en seres inútiles.

La obra podría categorizarse como hiperrealista por esa cotidianeidad construida tan mordazmente, donde las situaciones son abordadas sin ningún cuidado de la palabra. Aunque sea voluntario que los actores no tengan una línea dialogal definida, por momentos se estancan; es decir, comprendo la premisa del director, representar el parloteo, sin embargo entrar a una plática dispuesta por otro en la cual no se dice mucho y está sostenida por la improvisación, en momentos se vuelve aburrido. No obstante también surgen momentos gloriosos, como cuando a una de las actrices le da miedo bajarse de una silla; el acto se vuelve revelador por las actitudes que se asoman bajo la situación: la violencia, las verdades crudas que se enuncian. En la obra apreciamos que aun siendo amigos se dicen y comparten frustraciones, aunque quizá esto convenga más en la primera parte de la obra.

La historia de esta compañía Vaca 35 es reciente; a la fecha ésta es la  segunda obra que conozco del grupo y puedo decir que su poética del teatro fuera del foro, de ocupar objetos cotidianos, de explorar sus atmósferas, se vuelve cada vez más potente. Me parece que no sólo son una voz sólida dentro del joven teatro mexicano, si no que tienen una muy consolidada posición acerca de lo que se quiere sustraer de este arte escénico.

Chejov ha sido por muchos y muchas generaciones un ícono del teatro. Las adaptaciones y las representaciones directas de sus textos son comunes. En cambio resulta inusual tomar a Chejov únicamente como un marco; esto lo hace aún más poderoso: contundente desde su imposibilidad y universal en su fragmento. La labor de Vaca 35 es un gran homenaje a este autor.

Se presentará en el Foro Casualmente del Teatro El Milagro, todos los domingos de junio a las 21:30 hrs. Duración aproximada: 55 minutos.

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