Wonder Woman

Se trata de en qué elijes creer. Y yo creo en el amor.

La llegada de Wonder Woman a la pantalla grande protagonizando su propia película live action demoró los setenta y cinco que recién cumple este 2017 el personaje, llega además en un momento crítico dentro del proyecto de DC comics de crear su DCEU (DC Extended Universe, la respuesta al MCU, Marvel Cinematic Universe) porque, hasta el momento, las tres películas anteriores (Man of Steel, Batman v Superman y Suicide Squad) fueron recibidas por el público de forma polarizadora y, en general, fueron vapuleadas por la crítica. Así que la primera película de Wonder Woman, de paso la primera película de superhéroes en la historia protagonizada por un personaje femenino, se estrenó con montones de expectativas, todas muy importantes, en sus espaldas. Contra toda probabilidad estadística, cumple perfectamente todas esas expectativas.

La manera en que Patty Jenkins (por cierto, la primera mujer en la historia en dirigir una película de superhéroes; hace un par de años rechazó dirigir Thor: A Dark World y, desde poco después de dirigir su premiada Monster, ya ambicionaba filmar una cinta sobre Wonder Woman) y Gal Gadot construyen al personaje de Wonder Woman/Diana Prince para la pantalla grande es magnífica. La película no da por sentado que el personaje es una perfecta figura heroica y poderosa a la que tenemos que admirar automáticamente por el mero hecho de ser Wonder Woman (a estas alturas, ella, Batman, Superman, los superhéroes consagrados, ya son míticos, parte de la cultura popular y traen consigo un peso innegable y, pues sí, automático), en vez de eso la película construye a un personaje más complejo, que se va desarrollando de manera personal conforme avanza la historia, nos muestra un personaje que, en sus acciones, sus reacciones, sus palabras y sus sentimientos nos da motivos reales y numerables para admirarla. La superheroína se nos presenta como un humano al que el espectador podrá admirar y, al mismo tiempo, con el que podrá llegar a sentirse identificado por la cercanía. Esto gracias a que la película no es simplemente una historia de origen, porque esa fórmula, a estas alturas del maremoto de cintas de superhéroes, ya no funciona si no tiene algo novedoso que aportar. Wonder Woman no es una historia de origen porque no se trata de una persona que de pronto obtiene superpoderes y aprende a usarlos para convertirse en un héroe; Diana ha recibido entrenamiento en el transcurso de su vida (por parte de las amazonas, que son un grupo absolutamente formidable) y desde siempre ha sido poderosa, por lo tanto su película es más bien una especie de bildungsroman, una novela de formación, su travesía no es la de aprender a manejar nuevos poderes, sino que consiste en enfrentar sus creencias y principios con el mundo real y, en el proceso, aprender cosas sobre ella misma y su papel en el mundo.

Gal Gadot resulta perfecta en el papel, tiene una presencia genuinamente imponente, transmite un poder y una fuerza contundentes pero también una calidez y compasión conmovedoras, es Wonder Woman cuando se encuentra en medio de una aparatosa pelea cuasi apocalíptica y también es Wonder Woman cuando sonríe feliz en medio de personas agradecidas; esto era algo muy importante para el personaje, Jenkins y Gadot lo entendieron y mostraron, incluso mejor que un par de personas dentro del medio del comic en algunos momentos del pasado (y no tan pasado). Patty Jenkins rinde homenaje a setenta y cinco años de comics con un cariño evidente y sabe utilizar ese antecedente para armar su propia historia de Diana para el cine. William Moulton Marston creó al personaje con la intención de poner frente al mundo entero a una mujer que enalteciera todo lo poderoso de lo femenino, Wonder Woman fue concebida como el epítome de la compasión, el amor, la justicia, la inteligencia, la belleza, la fuerza y la esperanza; la dupla Gadot/Jenkins lleva todo eso de manera exitosa a la pantalla grande.

Además, el personaje siempre ha estado enfrentado al concepto de la guerra, uno de sus mayores némesis en los comics es Ares, el dios de la guerra, y la mención de Ares en medio de la primera guerra mundial es precisamente una constante a lo largo de la cinta. Por esto es que la película, Wonder Woman y todo lo que representa llegan en el momento más necesario, porque si bien una película de superhéroes siempre va a implicar, por norma, enfrentamientos espectaculares y fantasiosos, en esta película Diana pasa mucho tiempo enfrentándose a villanos reales, a villanos dentro de la guerra (hay una escena realmente poderosa de ella en medio de un campo de batalla), y le afectan profundamente las consecuencias de la guerra (consecuencias reales, de esa época y que podemos seguir viendo a nuestro alrededor, en muchos lugares del mundo). En estos tiempos de crisis mundial, con presidentes malévolos unos y dementes otros, con el fantasma del terrorismo carcomiendo Europa, con los despiadados conflictos en Medio Oriente creciendo cada vez más, con crímenes atroces de todo tipo en el mundo entero (ya no digamos en el día a día de nuestro país), es necesario, vital, que llegue a las masas un ejemplo de esperanza, de sentido de lo correcto, la noción de que Ares no debe ganar y, lo más difícil de todo, mantener la fe en la humanidad. Wonder Woman siempre ha sido una mensajera de la paz, descrita muchas veces como el corazón de la Liga de la Justicia, la esencia del personaje la hacían, efectivamente, una figura ideal para unirse a las embajadoras de la ONU, como había sido nombrada, es realmente lamentable que la furiosa petición de un grupo radical hiciera que la ONU terminara retirándole el título.

De modo que Wonder Woman tiene más profundidad que muchas películas de superhéroes en el actual boom, se preocupa por cimentar con fuerza al personaje principal, la hace creíble, sabe que es tan importante el traje como el alma del personaje, procura volver significativa la relación de Diana con Steve Trevor (personaje constante e importante en los comics de WW pero nunca realmente interesante por sí solo), convirtiéndola en una relación de mutua admiración y aprendizaje, Steve se vuelve entrañable a través de Diana y se vuelve relevante en la historia por mérito propio. El equilibrio entre emotividad, emoción y humor en la cinta está bien logrado. Visualmente la cinta es grandiosa, con mención especial para las imágenes emulando pinturas en movimiento para el cuento que narra Hipólita, en las peleas el ya clásico slow motion vuelva a sentirse novedoso y recupera fuerza, las secuencias de acción son espectaculares porque son limpias y claras, no perdidas en un lío de encuadres y cortes múltiples, abundan las imágenes que parecen completamente salidas de las páginas de un comic y, por supuesto, la música es excelente.

Las películas anteriores en el DCEU fallaron en mayor o menor medida por las manos metiches de empresarios que trataron a las películas como meros productos. Marvel ha demostrado en su MCU que los mejores resultados se consiguen al contratar a directores talentosos y dejarlos hacer su trabajo con libertad, dejándolos hacer películas suyas, personales (Avengers, The Winter Soldier, Guardians of the Galaxy). DC por fin decidió hacer lo mismo y dejó a Patty Jenkins hacer la película que a ella le parecía correcta, la dejaron contar una historia importante para ella; el resultado fue una de las mejores películas de superhéroes que se han hecho, que seguramente con los años probará ser tan relevante y decisiva en el cine de superhéroes como lo fueron  la clásica Superman con Christopher Reeve, el Batman de Tim Burton, el Spiderman de Sam Raimi, The Dark Knight de Christohper Nolan y la primera cinta de Ironman.

Ha pasado poco más de un año desde que se estrenó Batman v Superman, poco más de un año desde que el público enloqueció de emoción y vitoreó en las abarrotadas salas de cine durante la escena en que Wonder Woman interviene en la pelea climática (la entrada más épica de un superhéroe en cine), y ahora podemos estar seguros de que el debut de Diana Prince en la pantalla grande es una de las mejores cosas que han resultado de la inmensa vorágine del género de superhéroes en el cine. Personalmente me siento muy emocionado, amo al personaje de Wonder Woman, amo los ideales del personaje y todo lo que representa (porque no es solamente la justicia y el triunfo del bien sobre el mal, sino la esperanza y la fe en el amor como única manera de salvar al mundo), amo la forma en que Gal Gadot la interpreta, amo la manera en que Patty Jenkins nos la mostró y amé profundamente esta película. En fin, todo se trata de en qué elijes creer, y yo creo en el amor, por eso Wonder Woman tiene un lugar especial en mi corazón. 

 

Ilustración del autor.

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Diego Minero

Tlaxcala, 1990. Se dedica a la escritura y a la ilustración. Ha sido becario del Foecat en dos ocasiones en la disciplina de Letras, y ganador del Premio Estatal de Cuento (2010); publicó la novela ilustrada 'El pueblo en el bosque', la novela corta 'Un último vaso de Jerez' y el cuentario ilustrado 'Grand Guignol'. Ha publicado columnas y viñetas en diversos medios impresos. Ha tomado un par de talleres, pero el grueso de su formación ha sido autodidacta.