Wasapéame ésta

tuit wasap

 

Yo wasapeo, tú wasapeas, él wasapea, nosotros wasapeamos, vosotros wasapeáis… Hace unos días, la Fundación del Español Urgente (Fundéu) se puso a recomendar lo siguiente:

Wasap, para quien haya vivido los últimos años en una cápsula criogénica y no tenga idea de qué hablo, es “un mensaje gratuito enviado por la aplicación de mensajería instantánea WhatsApp”, y wasapear el verbo derivado. Según la Fundéu, la w sirve para representar el sonido /gu/ en vocablos extranjeros como web y waterpolo, aunque concede que también puede escribirse guasap y guasapear, en caso de que alguien se sienta particularmente ofendido por la posibilidad de una maquiavélica colonización lingüística.

La Real Academia Española ya ha hecho lo propio al anunciar que incorporará tableta y tuit al diccionario.

Lo cierto es que, con o sin su venia, pocos se abstendrían de seguir usando cualquiera de los términos citados. Pero, aunque no estábamos esperando su permiso, se agradece que esas instituciones anden correteando al idioma con devoción. Otras lenguas no tienen quien se dedique a describir su realidad y a preservar sus memorias.

Por otro lado, es probable que WhatsApp, Twitter y demás prodigios de la era atómica desaparezcan tan rápido como surgieron. No por eso habría que hacerle el fuchi a las palabras que han dado a luz. Ya citaba un ejemplo Álex Grijelmo en su libro El genio del idioma, sobre cómo el idioma español tiene sus mecanismos de limpieza: hubo un tiempo en que todo el mundo escuchaba música en LPs (o elepés); nadie concebía que el elepé se extinguiría para dar paso una nueva especie: el CD (o cedé). Cuando el cedé se generalizó y ya no hubo necesidad de distinguirlo, la gente comenzó a utilizar el hiperónimo: disco, que prevalece hasta la fecha. De igual forma vivimos el alumbramiento del celular, que se distinguía del teléfono de nuestras casas; conforme el primero va ganando terreno, se le empieza a llamar simplemente teléfono.

No por eso LP y CD fueron desterrados del diccionario; se ven muy bonitos ahí, como recuerdos de un escalón en la vida del idioma –ustedes guardan fotos de cuando eran bebés y hasta las presumen sus mamás–. Igual pasará con tuit y wasap si un día desaparecen las plataformas que les dieron razón de existir. Así pues, bienvenidas sean los neologismos, efímeros o pegajosos.

A tuitear y a wasapear, que el mundo se va a acabar.

@Ad_Chz

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Adrián Chávez

Escritor y traductor, autor de 'Señales de vida' (Fá Editorial). Ha sido becario del Fondo Nacional para la Cultura y las Artes (FONCA) en el área de novela y es editor de La Hoja de Arena. Alterna la literatura y la traducción con la docencia. Twitter: @nochaveznada