VII

the force awakenes color

No soy un fan acérrimo de Star Wars en cuanto a que no he seguido toda la inmensa ampliación que su universo ha tenido en novelas, comics, videojuegos, juegos de rol, etc. Sin embargo, la trilogía original es parte vital de mi infancia. Cuando niño tuve dos obsesiones duraderas: dinosaurios y las películas de Star Wars. Pero conocí la saga como algo que ya estaba ahí, fue la generación de mis padres la que vio llegar al cine cada entrega cada tantos años, y sin embargo siempre sentí esas películas mucho más mías que las precuelas que sí fui viendo llegar en tiempo real a cartelera. De esas precuelas el episodio I me gustó en su momento porque yo era muy joven y me emocionó inmensamente el estreno de una nueva película de Star Wars aparecida durante mi tiempo, me emocionó encontrar nuevos personajes, una nueva historia. Sin embargo, el episodio II me resultó un poco más dudoso (ya no tenía yo la permisividad de la infancia exaltada), y para el episodio III encontré un par de momentos memorables, pero que no compensaban una trilogía floja.

Ahora, sin embargo, años después, se ha estrenado una nueva película de Star Wars, una que inicia una nueva trilogía. La noticia volvió a emocionarme, y era difícil calcular qué tan bien librado saldría el director, J J Abrams, de semejante trabajo. Así pues, con emoción vagamente temerosa, acudí al cine a ver el esperadísimo episodio VII.

Se podría sintetizar The Force Awakens con la frase atribuida a Mark Twain: La historia no se repite, pero rima. La película tiene ecos, muchos y rotundos, de A New Hope (principalmente, pero también de la trilogía original completa); me parece que esas repeticiones son, en principio, la consecuencia de que J J Abrams es, antes que nada, un fan pero, afortunadamente, uno con la suficiente seriedad como para entregarnos una historia satisfactoria y no solamente un burdo fanfic. J J homenajea a la saga original haciendo guiños con algunas escenas o reproduciendo situaciones bajo contextos distintos. Se trata de homenajes por parte del director (auto-homenajes por parte de la saga) que aunque evidentes no cansan (no cansan a los espectadores nuevos de la saga porque no lo han visto antes, y no cansa a los fans porque es un agradable abrazo de las raíces de las primeras cintas); en realidad, estos constantes deja vus funcionan para conectar los tres episodios anteriores con los que vienen. Después de todo, sí hay momentos deliberadamente nostálgicos, pero la mayoría tiene una razón de ser dentro de esta nueva historia.

Nueva en todo sentido, además, porque todo apunta (y resulta la opción más recomendable cuando hay una trilogía clásica de por medio) a que esta nueva trilogía no será, primordialmente, una continuación directa de la historia contada en los episodios IV, V y VI (historia que cerró satisfactoriamente), estrictamente hablando, sino una historia aparte, suficientemente independiente aunque también, por supuesto, inevitablemente germinada de los tres episodios anteriores. Una nueva historia dentro de un universo ya conocido (y en expansión), con sus elementos y mitologías ya predeterminados pero saludablemente maleables.

The Force Awakens utiliza elementos ya bien conocidos, pero al mismo tiempo comienza a mostrarnos sus propios misterios, a plantear sus propios conflictos. Además, si bien nos emocionan ―mucho― las caras ya familiares, también comienzan a importarnos las que no habíamos visto nunca antes. El trío de personajes principales tiene lo necesario para desarrollar arcos interesantes a lo largo de las cintas en que los estaremos viendo.

Abrams entiende qué es lo que funciona de la trilogía original (y, me parece, aprendió de las cosas que sobraron en las precuelas; baste como brevísimo ejemplo entre muchos el empacho enorme que resultó en las precuelas inundar todo de incontables espadas láser, arma que ahora, en manos de Abrams, vuelve a convertirse en lo que debe ser: un objeto icónico, solitario y mítico), cambia un par de piezas oxidadas, limpia otras que deja en su sitio original, añade alguna nueva y después pinta y barniza todo el conjunto, se desenvuelve como restaurador y como creador. El resultado de esto es que The Force Awakens se sigue sintiendo, en el alma, como Star Wars (quizá incluso más que las precuelas), a pesar de que las diferencias son evidentes: la forma de mostrar las cosas es distinta, hay un cambio no sólo inevitable sino necesario, porque en 2015 había que modificar un poco la forma para poder mantener la esencia.

La película entera es un equilibrado vaivén de emociones que no se limita a la nostalgia (que hay mucha), porque el director nos entrega muy efectivas secuencias de acción, momentos genuinamente conmovedores (no todas las lágrimas derramadas en cada función de cine son solamente por nostalgia) y, sobre todo, nos emociona como si fuéramos niños otra vez. La cinta resultó ser uno de los viajes más vibrantes y recomendables del año.

Además, Abrams nos muestra de manera sutil pero constante una realidad completa, palpable, gracias a elementos cotidianos diseminados por todos lados (en un segundo plano, o brevemente enfocados), donde los personajes y elementos al fondo nos hace sentirlo como un mundo y no como una mera escenografía. También nos vuelve a hacer conscientes de la escala de las cosas a las que ya nos habíamos acostumbrado (naves, batallas, planetas, distancias) por la perspectiva (literal y figurativa) en que nos muestra todo. Quizá suene a una tontería, pero detalles tan simples como mostrar una batalla entre naves desde el nivel del suelo o mostrar una enorme y vieja nave imperial varada en el desierto desde hace décadas son suficiente para que otra vez las cosas nos parezcan algo real y no solamente un efecto de computadora.

La siguiente me parece una pregunta curiosa (aunque inútil e imposible de responder): Si esta película se hubiera estrenado hace años en vez de A New Hope ¿Habría tenido el mismo impacto? ¿Habría resultado el mismo parteaguas en el cine y en la cultura popular? No es una pregunta del todo ociosa, considerando las muchas similitudes entre ambas películas. Lo que sí puede responderse sin dudar ni un momento es que es imposible que se repita un fenómeno mundial como el que significó la trilogía original, no de la misma forma, por lo menos, debido a que los tiempos y las circunstancias han cambiado demasiado. A pesar de esto, las expectativas y la emoción por este nuevo episodio han sido grandes, y es un alivio que The Force Awakens no haya resultado una decepción.

El episodio VII tiene algunos factores que, subjetivamente, hay quien podría considerar fallidos (en parte, precisamente, por el cambio de circunstancias y de público), pero tiene muchos menos elementos que podrían seguirse considerando fallidos ya desde una perspectiva más objetiva. En general, como película, como experiencia y como nueva adición a  una de las historias más importantes del cine, funciona muy bien, cumple su objetivo, emociona y conmueve, e inicia de manera satisfactoria esta nueva trilogía que terminaremos de ver hasta 2019.

Hay más cosas que podrían decirse, detalles que resulta placentero desmenuzar dentro de la película, pero quiero mantener este texto libre de spoilers y, después de todo, no hay ninguna prisa, porque a partir de ahora estaremos hablando de la nueva trilogía de Star Wars durante mucho tiempo y con infantil emoción. Iconofinaltexto-copy

Ilustración del autor.

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Diego Minero

Tlaxcala, 1990. Se dedica a la escritura y a la ilustración. Ha sido becario del Foecat en dos ocasiones en la disciplina de Letras, y ganador del Premio Estatal de Cuento (2010); publicó la novela ilustrada 'El pueblo en el bosque', la novela corta 'Un último vaso de Jerez' y el cuentario ilustrado 'Grand Guignol'. Ha publicado columnas y viñetas en diversos medios impresos. Ha tomado un par de talleres, pero el grueso de su formación ha sido autodidacta.