Vago en Nueva York II

When+Night+Falls+-+Submission+For+Google+Photography+PrizeMe encuentro al final de un ciclo, y es extraño regresar a la ciudad que hace un par de años fue el inicio del mismo. Recién concluido el viaje de la Caravana por la Paz que recorrió el sur de México, con la esperanza de poder rescatar y atrapar para siempre una vieja amistad, aterricé en la ciudad de Nueva York en el otoño del 2011, a unos meses de comenzar un diplomado en la Escuela Mexicana de Escritores (EME) que cambiaría mi vida para siempre.

   Hoy, mientras escribo estas líneas hay una humedad que lo envuelve todo, y un sol que ha pintado de verde el follaje de la ciudad. Aunque prefiero el frío y las hojas doradas y marchitas, debo admitir que el brillo me viene bien. La transición del invierno y la primavera pasaron completamente desapercibidas para mí, de pronto me encuentro de vuelta aquí, a unos días de cumplir los veinticinco años; y al contrario de muchos que andan rondando la misma edad, yo me siento contento.

   Camino por las calles y me parece que la ciudad se ha transformado en demasía, pero no se debe tanto el desarrollo urbano, sino que ya no veo las sombras que crecían a lo largo de las fachadas, ni los destellos de luces extrañas en callejones que hasta el momento no me he vuelto a encontrar —quizá nunca existieron —. En aquellos tiempos yo venía cayendo estrepitosamente, con la certeza de que la muerte andaba muy cerca —intuición que resultó ser certera al cabo de medio año con la desgracia que nos obligo a exiliarnos un verano en Arizona, pero eso ya fue otra historia —. Pesimista por tantas cosas que había visto, sin muchas ganas de vivir pero viviendo los días con desapego y las noches dejándome arrastrar por cualquier antojo, cualquier vicio. Sólo existía una persona quien creía yo que podía salvarme, quien resultó ser la detonante de una serie de experiencias que me llevarían a donde estoy parado esta tarde. La busqué en esta misma ciudad, desesperadamente, llenándome de delirios y amnesias. Fracasé, regresé solo a casa. Por eso sentí tanta afinidad por novelas como La Obediencia Nocturna, El Que Tiene Sed y La Lechuza Ciega, obras entre tantas otras que descubrí gracias a la EME. En todas estas historias hay una búsqueda por una mujer, llámese Beatriz, La Sirenita o Ella; búsquedas que resultan ser un ansia no tanto de amor, sino de algo que llene ese vacío espiritual con que nacemos todos y que se va acentuando conforme crecemos y la soledad nos va rodeando y devorando.

   Ahora veo quietos los contornos de los edificio y las calles. A mí regreso a México volveré a encontrarme con grandes amigos que quiero y que me quieren, trabajaré mi novela en el taller y la acabaré. Ya sólo veo con un ojo la desolación que nos aqueja.

   Me sirve mucho compartir estas cosas, y sé que cada quien tiene su propia historia parecida; su viaje del héroe. Yo sólo puedo agradecer el espacio que me dan para desahogarme. Gracias.

Yo andaré aquí hasta julio. Veré que cosas encuentro y se las iré comentando. Este mes el blog será como una especie de diario. Espero captar bien esta ciudad, que no es para nada a la que se muestra en las guías de turistas y en las películas.

Traspatio:

Al publicarse esta entrada serán las cinco de la tarde; aún están a tiempo para llegar a Bellas Artes y asistir a la plática que dará Mario González Suárez a las siete. No se lo pueden perder.

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Antonio Vasquez

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