Vaca 35 en la cuerda floja: Los equilibristas

Un relato colectivo en boca de catorce personajes narra la conmoción de un pueblo en tiempos de la Revolución Mexicana, justo cuando se encuentran dos batallones, uno de Emiliano Zapata y otro del ejército de Porfirio Díaz. La confrontación da lugar a que los personajes asuman el papel con el que han nacido, pero la renuencia a hacerlo ocasiona un juego de malentendidos que afecta a todos.

Tener la frescura para hablar de la Revolución hoy en día me parece un asunto difícil. No comentaremos esta puesta desde tal obstáculo, pues nos llevaría o a felicitar la temeridad, o a condenar la inocencia, si bien siempre es bueno que se presenten obras que intenten abordar temas patrios tratándolos de desmitificar. Después de la primera camada de novelistas de la Revolución, todo escritor que trataba el tema debía hacerlo como Martín Luis Guzmán, el mismo Azuela, Nelly Campobello, Fuentes, Ibargüengoitia, etc. Sólo cabría añadir que desde Rulfo, el tema no da para un argumento, apenas un motivo que exige saber con claridad la intención con que se lo usa.

El texto del joven dramaturgo David Gaitán explora el tema con las diferentes voces de sus catorce personajes, cuya subjetividad obstruye cualquier “testimonio” con que se intente construir un documental. La dramaturgia tiene muchas virtudes, como el ritmo, el lenguaje, el humor y la estructura de mosaico. Sin embargo en momentos la narrativa se desequilibra; los personajes entran intempestivamente, con una relación distante con el tiempo de la trama, difícil de seguir para el espectador. Estas situaciones que pasarán mucho tiempo después de la obra muestran una aversión por el narrar paulatinamente, tanto que pareciera que las historias individuales se enciman unas a otras.

Dicha complejidad estructural se justifica como vía para conocer la personalidad y el pasado y futuro de quienes están en escena, pero no afecta a la interpretación de la trama —como nos había acostumbrado Faulkner—: no hay multiplicidad de perspectivas ni lecturas, como si la gravedad de cada individuo no afectara el discurrir del argumento.

Es un gran elenco, pues cada uno de los actores asume su papel: Mari Carmen Ruiz, Jyasu Torruco, José Concepción Macías, Marco Vidal, Daniela Baltazar, Carlos Komukai, Sol Sánchez, Gabriela Ambriz, Francia Castañeda, Diana Magallón, José Rafael Flóres, Elizabeth Pedroza, Enrique Cervantes y Verónica Bravo. Sin embargo creo que todavía falta encontrarle más carnita a la escena, aunque confío en que poco a poco eso se irá acomodando.

La dirección de Damián Cervantes me parece la mejor para este texto. Empezar con todos sentados es muy buena decisión, así como acertadas las imágenes que se componen y las pequeñas acciones de cada uno. Éstas realzan a los personajes junto con la gestualidad, puesto que toda la tensión reside en los ojos de los actores, al grado que podemos decir que desde ahí se origina la historia.Creo que no es necesario más. El vestuario blanco y la iluminación evocan el color sepia de las fotografías de principios del siglo XX, tono de nostálgicos recuerdos.

Sin embargo extrañé el trabajo que conozco de Vaca 35. Extrañé su dramaturgia venida de la escena y el uso de espacios no convencionales, me sorprendió verlos en una cámara negra; también faltó la espontaneidad del trabajo actoral con el que juega esta compañía. En fin, lo extrañé y esperaba algo que se acercara más al trabajo de sus dos obras anteriores, con las cuales habían dejado claro qué compañía era ésta. Teatro como Los equilibristas me parece muy agradable verlo, pero asistir al que nos tenía acostumbrados Vaca 35 era una verdadera experiencia: una sorpresa contaminada del placer de lo no convencional. Sólo espero que sigan jugando con las formas, con los retos y experimentaciones teatrales como en sus dos obras anteriores, pues habían conquistado un obstáculo propio del medio: practicar la experimentación escénica con agrado. Me parece que la tendencia actual es hacer obras como la presente, mientras que el trabajo de Vaca 35 era enteramente peculiar. Ojalá que quienes no vieron sus primeras obras tengan la oportunidad de conocer a ese “grupo que dialoga, que busca, que se pone en riesgo, con la única intención de defender una voz propia creativa y de re valorar lo que el teatro representa” (Vaca 35).

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