Una más de reporteros, pianos y descuartizamientos

Este texto, sin embargo, podría titularse “Una más de editores”, pues la culpa de la fuente de lodo que yace como centro de mesa en la opinión pública y especializada no es del texto de Alejandro Sánchez sobre el jovencito que descuartizó a su novia, sino de quien lo dejó llegar a las pantallas.

He leído con atención, una y otra vez, el reportaje narrativo de Sánchez, y no me parece que sea deliberadamente misógino ni clasista. Me parece primero ―y lo digo sin la parcialidad de quienes sí conocen trabajos previos del autor―, un texto torpe en lo literario, supurante de lugares comunes y desastroso en la elección de palabras; y segundo, ingenuo en sus miras. Lo que Alejandro quiso ―nos repiten además todos los amigos que han salido a defenderlo― fue contar una historia desde una perspectiva puntual, en este caso la del homicida. Nuevo periodismo, que le llaman.

Ahora bien, Alejandro y cualquier persona con pulsiones comunicativas más o menos profesionalizadas tienen derecho a escribir lo que les venga en gana, incluso ninguneando eso que algunos llaman “la moral de la época” y que yo prefiero definir como conciencia de circunstancias, e incluso aún con pretensiones de publicación. En buena medida, de eso se ha tratado el siglo XXI; internet es la nueva ágora, el diván al aire libre, el foro de expresión sin restricciones.

Pero en este planeta sin filtros que es la red se erige uno que es equilibrio y último bastión ―idealmente, al menos― del sentido común: el editor.

Al editor de Emeequis le llega una crónica presuntamente literaria sobre la perspectiva de un asesino, un muchacho trilingüe y talentoso que acaba de tirar a la basura un futuro prometedor. Le parece una gran idea, quizá hasta innovadora. Si acaso manda corregir detalles de redacción y ortografía y se encarga de que la formación en pantalla sea impecable. Incluso le da la portada y hasta lo manda ilustrar. Pero al editor de Emeequis se le olvida un pilar de la edición: la pertinencia.

Si el escritor (nótese que no estoy diciendo periodista) tiene derecho a hacer oídos sordos a las polémicas en boga, el editor no. El editor debe conocer el mundo en el que su publicación está inserta. Emeequis debió saber que el texto del pianista asesino iba a tocar una herida abierta, por pendiente, de la sociedad actual, y no para sanarla sino para revolcarse en sus jirones epidérmicos. Debió saber que el punto de vista del asesino, tal como quiere presentarse en el texto, puede ser semilla de un cuento ―esa cosa llamada literatura que sirve para decir verdades con mentiras― y no para un texto que quiere, aunque le pese, ser informativo, un texto de no ficción que lleva la etiqueta a pie de página.

¿Por qué A Emeequis le parece pertinente un texto periodístico como el de Alejandro? ¿Por qué era necesario? ¿Por qué nos parece pertinente ese periodismo lúdico dedicado a asuntos que no lo son tanto? Sería feo pecar de determinista y decir que no la hay, pero hasta ahora no hemos dado una propuesta a la altura de los tiempos y las circunstancias.

El texto de Alejandro Sánchez no sólo es un texto pobre desde el punto de vista literario (vamos, hasta el título es un chiste de pastelazo). Es un texto impertinente.

En su disculpa pública ―por llamarle de una forma―, Emeequis atribuyó el río revuelto a una lectura equivocada de los lectores. Lo cierto es que se trata en realidad de una lectura que el editor debió prever, y que o no se le ocurrió o prefirió obviar. Por donde se le vea, una pésima decisión editorial que se lamenta en principio y que, tras la negación pública, ofende. Quizá el medio lo sabe y sea esa la razón por la que se ha dedicado en las últimas semanas a bloquear en Twitter a todos los que le han hecho llegar alguna crítica. Otra mala decisión. Quizá es hora de que Emeequis dé la cara de verdad y asuma sus malas decisiones. Según entiendo, tiene las credenciales para que le creamos y dejemos de importunar a sus colaboradores.

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Adrián Chávez

Escritor y traductor, autor de 'Señales de vida' (Fá Editorial). Ha sido becario del Fondo Nacional para la Cultura y las Artes (FONCA) en el área de novela y es editor de La Hoja de Arena. Alterna la literatura y la traducción con la docencia. Twitter: @nochaveznada