Un dolor silencioso

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Justo iba a escribir, hace un mes exactamente, sobre cómo muta el color de las hojas, lo que dejamos atrás, las sonrisas que se van a quedar encajadas en el costado superior izquierdo pero algo sucedió. Un dolor de algo que no se entiende surgió de entre la tierra. Ayotzinapa es un nombre marcado con sangre en el calendario de nuestra historia: más de cuarenta muertes que cimbraron nuestras “buenas conciencias”.

Hace unos días volví a la tierra donde fui feliz, y a la hora exacta sonó el himno nacional. Me dieron muchas ganas de llorar pero aguanté mientras las llantas seguían tragando asfalto. Me da pena incluso decirles lo que siento en este momento porque sé que no va a servir de nada, pues yo no estuve ahí ni conocí a los que fallecieron; la ignominia del silencio. La pena que han dejado aquellos que fueron asesinados es callada como la sangre del cactus, más no los hechos y su circunstancia.

Un amigo mío decía que la palabra humanismo cada día transgrede su significado; la reacción de algunos que se hacen llamar “humanistas”―los mismos que suben fotos de mutilados, cadáveres, perros torturados, los niños de Gaza, entre otros alimentos del morbo en las redes sociales― han sido quienes más me han decepcionado en cuanto a su percepción de lo sucedido.

He visto cómo poetas (sic) de mi generación han escrito, a modo de empatía testimonial ―autofelación― poemas sobre esta gran tragedia que aqueja a mi país. Incluso prefiero que opinen sobre si Murakami merece o no el Nobel, o cualquiera de esas cosas que les hace sentir tan grandiosos.

He visto, también, como todos los medios ―incluso extranjeros― tienen una opinión al respecto, como si sólo expresar una conclusión fuera realmente un cierre al caso.

Me aterra. Me apena lo que pasa, y no lo entiendo. Va a pasar tiempo para que pueda asimilar lo que sucedió. Tengo miedo de que no haya algo que pueda hacer, por eso es que no sé si lo correcto sea unirme a una marcha, crear fondos de apoyo o qué cosa hacer. Algo de lo que estoy segura que no haré es asaltar una Bodega Aurrerá o subir un poema sobre Ayotzinapa a mi blog. Puede que esta reacción sea, también, por miedo a todo.Iconofinaltexto copy

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Magnolia Orli

Estudiante de Licenciatura en Letras Españolas en la Facultad de Filosofía y Letras, Universidad Autónoma de Chihuahua. Ha colaborado con revistas como Pirocromo, Cataficcia, Posdata, Solar, Síncope en Línea, Ombligo. Ha sido ponente en diversos congresos de estudiantes de literatura nacionales. Fue coordinadora del Taller de Creación Literaria “Franz Kafka” en la ciudad de Chihuahua.
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