Tres tristes tópicos

Rodaje

“Llamarás bella a la película que te dé una idea elevada del cinematógrafo”

(Bresson no sale de casa)

El cinematógrafo es el máximo creador de las ilusiones modernas. Jean Renoir lo encumbró como esa gran ilusión que permite rechazar cualquier expectativa de censura. Ilusiones que pueden tornarse en desilusiones penosas o en disoluciones vagas, sin que eso demerite su profundidad y misterio. Ilusiones que adquieren una materialidad que atraviesa los cuerpos para vernos afectados. Por ello, el cinematógrafo es la más verdadera de las mentiras humanas o la más mentirosa de las verdades divinas. El cinematógrafo: verdad revelada y mentira ocultada por las imágenes que estamos siendo cada día. Por eso, aunque tú y yo somos la imagen que proyectamos en las sombras del pasado y en las angustias del futuro, lo nuestro es el rodaje del destino ¿Esto significa que somos una construcción estética? No importa si el rodaje no termine pasada la media noche.

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Plano-secuencia

“Monta tu película a medida que la filmas. En ella se forman núcleos a los que se aferra todo el resto”

(Bresson no come por la tarde)

La vida sin reflexión es un plano secuencia sin intervención. Si un plano secuencia está caracterizado por la continuidad ininterrumpida de una toma sin cortes, la cotidianidad requiere momentos de interrupción reflexiva para continuar con el montaje de nuestras vidas. Detenerse, contemplar, proseguir. Las secuencias de la vida son, en cierta medida, ediciones que nuestra memoria perezosa almacena para seguir grabando nuestras instantáneas con el fin de construir una historia coherente. La vida personal no contiene comentarios de director, pero si permite subtitular los acontecimientos significativos de la existencia. La vida cotidiana no es un plano secuencia porque, tarde o temprano, existen rupturas que el travelling de la crueldad y el placer devela intempestivamente. Abjuro: miserables los que, incapaces de detenerse a editar su vida, prefieren ser espectadores de los montajes televisivos de su vida.

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Close-up

“Tu película debe parecerse a la que ves cuando cierras los ojos”

(Bresson no va a la playa)

La técnica del primer plano es una obsesión freudiana: la huella originaria de una sustitución emotiva. El encuadre central sobre una persona es síntoma de la imposibilidad de asumirse fuera del egoísmo narcisista. Quien sólo encuadra su vida en una persona no es capaz de filmar a los otros porque le son ajenos, extraños, hostiles. El primer plano de nuestra existencia irrumpe en la forma en que nos relacionamos con los próximos y semejantes: una permanente y conflictiva sociabilidad. Sin embargo, la caricia del objeto amado es una alternativa para hacer del plano cerrado una aproximación que desliza lentamente las imágenes de la espera agónica; una toma que detalla cada uno de tus imperfectos de placer. No me pidas que transgreda tu cuerpo en close-up porque quiero que seas la misma toma cuando cierro los ojos.

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Ángel Álvarez

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