Todas las colinas llevan a Ruanda

Los caminos de este pequeño país al este de África son impolutos. Después de un casi interminable viaje (escala en Amsterdam incluida) desde la Ciudad de México hasta Kigali, la actual capital de Ruanda, el descubrimiento de este poblado territorio fue gratamente particular. El país de las mil colinas es famoso entre otras cosas porque en sus montañas de bosque tropical habita la única especie de primates intolerantes al cautiverio: los gorilas de montaña, una especie en extremo peligro de extinción que sólo habita en esta región del planeta. Con el pretexto de conocer estos imponentes ejemplares pusimos rumbo este verano hacia el continente africano. Lo que sucede en este “país en desarrollo” es congruente y se respira en cada rincón dentro de sus fronteras. Para salir adelante hacen falta muchos esfuerzos y parece que ellos están por la labor. Para muestra: el índice de corrupción es uno de los más bajos del continente africano. Recuperado de una sanguinaria guerra civil en 1994, Ruanda es hoy un país unificado que puja por salir adelante.

El primer aviso nada más aterrizar en territorio africano fue el de deshacernos de todas las bolsas de plástico que tuviéramos. El uso de este material —altamente contaminante— está prohibido y, contrario a lo que pensaría cualquiera, tiene poco que ver con el desarrollo del país. Densidad, orden y limpieza con dificultad se pueden acomodar en una misma oración del todo positiva. Pero en las calles de la ciudad, así como en las del campo ruandés, son incontables los transeúntes que caminan por los filos de los caminos donde la basura brilla por su ausencia. De ahí que no sea extraño para ellos ver gente barriendo o recogiendo la basura de carreteras, calles y caminos incluso sin que colinden con su propiedad. La limpieza es un asunto de primera categoría en un país donde la densidad de población es altísima: 389,93 habitantes por km2.

Cruce a las afueras de KigaliAunque puede ser complicado robarles una sonrisa (sobre todo en la ciudad capital), los ruandeses son personas felices. Lynn, nuestra guía, nos explicaba que ellos no están hechos a la manera nuestra, la de sonreír para condescender o mostrar empatía. Su felicidad —presumo—radica en la unión de sus ciudadanos y en el compromiso con el progreso de su nación. Los ruandeses aplauden las medidas que su presidente Paul Kagame, quien ocupa el cargo desde 2000, propone. Para él piden otro periodo (de ocho años) después de los dos que lleva ya en el poder. A la voz de nuestra guía se suma la de John, el conductor, quien como casi cuatro millones de ruandeses apoya el referéndum.

En 1994, el país sufrió un corto pero sanguinario genocidio que acabó con casi un millón de ruandeses a manos de sus mismos conciudadanos. En cien días, los hutus (uno de los tres grupos étnicos de la región) asesinaron cruelmente a 800,000 tutsis y hutus moderados. En Kigali el Memorial del Genocidio es el testimonio de una sociedad dividida por sus colonizadores que renació de sus restos para formar una democracia incluyente, plural y abierta al desarrollo. El recinto funciona como museo y memorial pero también como cementerio. En él se cuenta la historia de la tragedia, se honran a las víctimas de la atroz ofensiva y se depositan los restos de las víctimas que siguen encontrando en fosas comunes alrededor del territorio.

La trágica historia del genocidio se cuenta y se hace presente en el pensamiento colectivo. La educación es un pilar importante para salir adelante y ellos lo saben. La construcción de nuevas escuelas es inminente y los niños y jóvenes de Ruanda están orgullosos de estudiar. El hecho de asistir a la escuela lo presumen a tutti plen. Incluso, como caridad, los de menor edad (que todavía no van a la escuela) piden plumas de color azul en vez de dólares, la moneda de cambio más valorada entre turistas y nacionales incluso por encima del franco ruandés.

En el trayecto de la ciudad al campo, encontramos casas, iglesias, escuelas, pequeños comercios y, valga la reiteración, nada de basura. El shock cultural comenzaba con la movilización de tantas y tantas personas incluso en las “carreteras” —en realidad existen pocas partes del territorio que estén “inhabitadas”, y las carreteras fungen como calles corrientes—. Las pronunciadas y repetidas pendientes del país de las mil Colinas no son impedimento para que casi la totalidad de la tierra esté sembrada. Café, camote, plátano, papa, vainas y frutas se hacen crecer en cada casa de Ruanda. Casas que aunque de sencilla construcción de adobe, poseen techos de lámina. Otra de las iniciativas de las autoridades para contrarrestar el deterioro por lluvia.

Kigali capital 2Las Montañas Virunga se alzan entre los territorios de Ruanda, Uganda y Congo. Esta cadena de volcanes inactivos es el hogar de los Gorilas de Montaña, una especie inscrita en la Lista Roja de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN). Para la preservación de esta especie, tanto los mandos como los naturalistas y la sociedad en general, conjugan esfuerzos con el turismo. Cada día, alrededor de cien visitantes ascienden a los volcanes para conocer estos individuos de espeso pelaje negro y apacible carácter. Existen diez familias habituadas a los humanos que se pueden visitar en grupos de 8 personas y acompañados siempre de un guía experto y unos de los rastreadores de estas familias. Los gorilas, aunque nómadas, escogen un lugar para pernoctar y la labor de los rastreadores, además de cuidarlos, es localizarlos cada día para ser visitados por los turistas.

Observar a los gorilas y convivir codo con codo con ellos fue excepcional. Fueron además un pretexto insuperable para descubrir esta esquina del mundo, sus paisajes y su gente alegre y andante; un país digno de imitación. Los habitantes del país “des mille collines” trabajan conjuntamente para salir adelante. No olvidan su historia, que están dispuestos a contar y evitar que se vuelva a repetir. Los ruandeses están satisfechos con el desarrollo de su nación y con las gestiones de su gobierno, un sentimiento palpable al escucharlos ensalzar su presente. Son un claro ejemplo de las cosas que se pueden lograr cuando la sociedad trabaja conjuntamente por salir adelante. Vale la pena cruzar el globo terráqueo y llegar a Ruanda para conocer un verdadero país en desarrollo. No hace falta más que seguir las colinas.Iconofinaltexto copy

@ebuenavida

*Fotos del autor

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Emilio Buenavida

Emilio Álvarez Abouchard es arquitecto por el ITESM Monterrey. Estudió en la Escuela Técnica Superior de Arquitectura de Madrid y en Casa Lamm. Colabora con diversos medios de comunicación con artículos relacionados, no sólo con la arquitectura, sino con la cultura en general. Síguelo en Twitter como @ebuenavida.
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