Tepito es grande, pero nos faltan doce

Leticia Ponce es madre de Jerzy, el menor de los desaparecidos en el Bar Heaven.

Desaparecieron dejando entre los rastros decenas de evidencias, tanto del secuestro como de la ineficiencia del sistema; pruebas flagrantes de violaciones a los Derechos Humanos por acción y omisión. Las autoridades no sólo se negaron en un principio a investigar su ausencia, permitieron también que se perpetrara el delito y algunas hasta participaron en su comisión. Hace doce meses la población del barrio de Tepito, en el Distrito Federal, denunció públicamente la desaparición de doce de sus vecinos e hijos. Todos habían sido sustraídos de un after conocido como Heaven, el 26 de mayo del 2013. Mediante un bloqueo al Eje 1 Norte, la gente de Tepito exigió al Gobierno del D.F. la búsqueda de sus familiares y la reivindicación de su derecho a la justicia. A un año del secuestro y tras una investigación de metodología dudosa, los cuerpos sin vida de los jóvenes raptados han sido encontrados y reconocidos. La justicia, sin embargo, está lejos de ser reconocida por las autoridades capitalinas como un derecho del que somos sujetos todas las personas.

Hace un año fui testigo de la lucha de las madres de los desaparecidos. Exigían al gobierno que hiciera una investigación clara y procesara penalmente a los responsables. Nada del otro mundo, nada que no esté reconocido por la Constitución y en los tratados internacionales. Coincidimos en el Foro VIRAL 2013, en diciembre pasado, en una mesa en la que las madres expusieron sus demandas y preocupaciones. Ante decenas de líderes juveniles de todo el país, las mujeres de Tepito recordaron que casos como éste son de interés público, aunque la sociedad haga oídos sordos.

Leticia Ponce es madre del menor de las víctimas. Jerzy Ortiz tenía dieciséis años al momento del secuestro. Aunque el chavo era menor de edad, las autoridades del Distrito Federal no activaron la Alerta AMBER ante su desaparición. Ésta debería funcionar, de manera obligatoria e inmediata, para localizar y recuperar niñas, niños y adolescentes menores de edad en peligro inminente ante una situación de sustracción en el D.F. Durante este Foro, tuve la oportunidad de entrevistar a Leticia, quien, a pesar de la adversidad, se mantenía firme en su búsqueda por la verdad.

Leticia luce fuerte y lo demuestra con esa capacidad (tan clara y expresiva) de sentirse encabronada. Parece no cansarse de contarnos a todos, uno por uno, la historia de la desaparición de su hijo. Puede más su rechazo ante la impunidad. Platicamos en el patio de una escuela abandonada que, por ese día, funge como salón de conferencias. Cae la noche en Tepito y de fondo escuchamos un documental sobre la vida de Daniel Manrique, pintor del barrio.

La Hoja de Arena: Quisiera empezar por preguntarte qué es lo que te han dicho las autoridades que sucedió con respecto a tu hijo esa mañana.

Leticia Ponce: Definitivamente, la Procuraduría jamás nos creyó. Tú sabes cómo se maneja aquí en el D.F. Te levantan una denuncia hasta las setenta y dos horas. Das tiempo a muchas cosas. Eso es, de principio, algo que está súper mal. Desde que tú declaras una desaparición te tienen que hacer caso inmediatamente. Nosotras vamos a CAPEA (Centro de Apoyo a Personas Extraviadas y Ausentes), varias de las mamás. Ellas empezaron a buscar en delegaciones y en todo. Yo hasta el lunes voy y checo. Investigo porque mi hijo nunca faltaba pero hubo varios detalles que me hicieron decir —bueno, pues a lo mejor—. Lo das así por hecho; por el partido, que somos americanistas y cosas así. Pasa eso, vamos con las autoridades y no nos pelan. Esa es la palabra. Te levantan y te dicen “¡Ah! Sí señora, pero espérese. Le vamos a poner sus papelitos”. Yo en el momento en que fui tenían que haber lanzado la Alerta AMBER porque mi hijo es de dieciséis años. Entonces tenían que haber hecho eso. No lo hicieron jamás.

Leticia se protege del frío envolviéndose en su abrigo. Una niña pequeña, de unos cinco años, se aproxima y le anuncia: “Abuelita, ya me voy”. Leticia la besa y le pide que se apure. “¡Es que estoy en una entrevista!”. Con todo, no se despega de su papel de jefa y protectora de familia. La niña se marcha tras recibir su suéter de manos de la abuela.

LP: Te digo, entonces pasa esto. Pasa esto y no hay nada. Pedimos apoyo al barrio…

LHA: ¿Te dicen porqué no activan la Alerta AMBER?

LP: No. Jamás me lo dicen. De hecho te voy a decir algo, hasta que no pasan las cosas tú no sabes. De hecho de la alerta AMBER yo ni tenía conocimiento. Pero ellos sí. Ellos sí. Ellos la tenían que haber lanzado pero jamás lo hicieron. Yo no sabía. Conforme pasa todo me dicen “¿diste la Alerta AMBER?”. ¿Y esto qué es? “No pues que por ser menor”. Entonces nunca lo hicieron. La verdad nunca lo hicieron. Les valió gorro, hasta que nosotros pedimos apoyo al barrio. Cerramos el Eje. El Eje 1 Norte y Jesús Carranza. Entonces es cuando digo “ya les cerraste una vía de comunicaciones muy grande entonces ahora sí, ¿no?”. ¿Qué pasa? Les digo que hay tres desaparecidos. Que se los llevaron de un lugar, de un antro en Zona Rosa y todo eso. Luego luego nos llevan a la Procuraduría. Dicen los procuradores “vamos a empezar, vamos a hacer y todo” y nos sentamos. Para que corroboraran que efectivamente se los habían llevado de ahí y que estaban las doce personas se tardaron un mes. O sea, nunca nos creyeron que estaban ahí y que se los habían llevado de ahí.

LHA: ¿Y les pidieron que ustedes proporcionaran pruebas?

LP: ¡Claro, claro! Tú sabes lo que sabes. Tú busca. Tú dices y todo. Bueno, digo, obviamente es mi hijo, a mí me interesa. Lo primero que hice fue investigar. Porque yo no sabía ni que existía ese lugar ni dónde estaba, ni nada. Desde antes que yo llegara a CAPEA me fui con mi amiga Che, porque iban este Said y mi hijo. Ellos son muy amigos. Le digo “amiga, vamos a ver el lugar. Porque no sé ni dónde es ni lo que es ni nada”. Pasamos. Vimos. O.K. A CAPEA. Desde ese momento tú te vas enterando. Es mi hijo, entonces me empiezo a informar. Empiezo a investigar con las personas que iban a otro antro, porque ellos estaban en otro antro. Y te empiezas a inmiscuir en investigaciones y todo. El trabajo que tendría que hacer la policía. Por ejemplo, a una niña… Bueno, no es niña. Me refiero así porque tiene dieciocho años o diecinueve años. A su mamá así se la llevaron. Es Gabriela Téllez. ¡No inventes! El del Ministerio Público (MP) le empieza a decir a la niña “¿Y tu mamá qué hacía ahí? ¿Tu mamá por qué estaba ahí? ¿Le gusta salir con niñitos?”. ¡A él le vale madres! ¡Estábamos hablando de una desaparición forzada! Le vale madre qué estaba haciendo la señora ahí. A mí el MP me dice “tiene que traerme fotos”. ¡Ése es trabajo de usted, no mío! Yo le estoy levantando una denuncia por desaparición, ¡vaya y busque! Mi hermana hizo la labor de campo. Mi hermana le dijo al Procurador cuántas cámaras había. Se buscaron todos, pero nada. Absolutamente nada.

LHA: Además de criminalizarlos desde un principio, se les pide que actúen como investigadoras…

LP: Claro. Te digo ahora empieza esto: “Son gente de Tepito”. Le hacen ver a la opinión pública como “son gente de Tepito, se lo merecían”.

LHA: O les hacen creer que les puede pasar y no merecen justicia.

LP: Claro. Como es gente de Tepito, se la llevan pues que chingue a su madre, ¿no? Y ya. Y la verdad no se vale. Somos seres humanos. Si hasta a un perrito, mala comparación, lo buscas, imagínate un hijo, ¿no?

LHA: Comentabas durante el panel que en los medios hay todo un proceso de confusión, de criminalización. Pero, ¿tú cómo percibes en general a la sociedad, fuera de Tepito? Porque los medios pueden ser una cosa pero de pronto la gente reacciona de otras formas.

LP: Sí, pero mucha gente se va por lo que lee, por lo que oye, por lo que escucha. ¿Qué dices? Ay, pues es de Tepito.

LHA: Se compran el discurso.

LP: Sí, claro. Siento que la sociedad está insensible al dolor ajeno. “Como a mí no me pasó pues me vale madres lo que le pase al vecino, al de enfrente, al de junto”. Y si son de Tepito, ¡se lo merecían! Peor la cosa.

LHA: ¿Qué le dirías a esta gente? ¿Qué le dirías a la sociedad que permanece insensible?

LP: ¿Qué le diría a nuestra sociedad? Que se pongan alerta. Que hay focos rojos en toda la ciudad, en todo el país. Tenemos un país hermoso. Porque la verdad somos afortunados en estar en la República Mexicana. Tenemos de todo, fauna, tenemos todo. Hay  que cuidarlo y hay que gozarlo y disfrutarlo. Hace muchos años, yo tengo cuarenta y ocho años, era bonito. Yo cuando tenía la edad de Jerzy iba a una fiesta y podías llegar tres o cuatro de la mañana y a todo dar. No te pasaba nada. Ahorita a las nueve o diez de la noche dices “¡En la torre! Ya no salgo”. Porque no sabes qué pueda pasar. Las autoridades dicen que no pasa nada. Pues sí, porque ellos traen guarros. Pero los hijos de vecino que somos no contamos con lo mismo.

LHA: ¿Cuáles son tus exigencias para las autoridades?

LP: Mi primera exigencia es que queremos las mesas con el Procurador. Queremos que se hagan responsables, que nos hagan caso y que nos escuchen. Que nos den explicación a nosotros. En todos lados que nos hemos manifestado les hemos pedido la explicación, lo que hayan encontrado, a quien hayan agarrado y todo eso. Nos tienen que avisar a nosotros porque somos las víctimas, pero les vale madre. Simple y sencillamente no lo hacen.

LHA: Agradezco mucho tu tiempo. Nuestra solidaridad hacia ustedes es total.

Leticia se despide en calma y yo me quedo conociendo otras caras del barrio. Han pasado seis meses desde ese encuentro. En el transcurso Leticia y las madres de Tepito recibieron los vestigios óseos de sus hijos. Hubo que esperar a que se realizaran tres peritajes para reconocerles, los primeros dos a cargo de la Procuraduría General de Justicia del Distrito Federal (PGJDF) y la Procuraduría General de la República (PGR). Por supuesto que, después del trato recibido, las mujeres no iban a confiar en los resultados. El último lo realizó un equipo de antropólogas liderado por Sofía Egaña, quien ha participado en casos como la identificación de las víctimas de la dictadura en Argentina (1976-1983) y de mujeres asesinadas en Ciudad Juárez. El equipo rectificó el dictamen y las madres terminaron por reconocerlo también. Los representantes de la autoridad casi dan el caso por cerrado y, como un cínico acto simbólico, quitaron los sellos de clausura del Bar Heaven el 15 de mayo de este año. Aunque hace unos días se presentó a un presunto autor intelectual del ilícito, las madres siguen siendo tratadas como merecedoras de castigo en vez de cómo víctimas. No hay justicia, no hay prevención de otros casos similares. ¿Cuál es el mensaje?: Matar está bien siempre que las víctimas ocupen una de las posiciones más estigmatizadas en el imaginario colectivo.

El caso ha sido justificado bajo la opinión pública mediante la criminalización del barrio. Se hace creer a la gente que, por tratarse de un lugar etiquetado por su peligrosidad, su población no es sujeto de derechos. Que quizás las víctimas habían cometido delitos contra la salud y por eso merecían castigo. Pero, si fueran delincuentes, ¿cuál sería la diferencia? En dado caso debían haber sido procesados y reinsertados a la sociedad, jamás secuestrados, torturados y asesinados. Este panorama es posible gracias a una cultura en la que la justicia está confundida con la venganza. La gente exige más sangre para combatir la ya derramada. Por eso funcionaba re bien Felipe Calderón. El pueblo no exige la reivindicación de los derechos de todas las personas, no exige que se eduque, que se resarzan los daños, que se haga una investigación basada en el método científico, que se prevenga. Lo que al pueblo le interesa son las venganzas telenoveleras. La población está dividida, en el imaginario, en los buenos y los malos. No se entiende a los seres humanos como personas con diversas características (con sus respectivas y variables connotaciones valorales) confuyentes y cambiantes. El universo entero permanece, en nuestras cabezas, dividido en dos. Así como de recién empezada la Conquista. En este contexto, será difícil hacer escuchar nuestras demandas de justicia. Tendríamos que empezar por entenderla y no ocupar su nombre para disfrazar las ganas de vendetta.  Iconofinaltexto copy

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David Ledesma Feregrino

Escritor en formación. Editor en Homozapping. Formó parte de la XIV promoción de la Fundación Antonio Gala para Jóvenes Creadores. Escribe ajeno. La más señora de todas las putas.