Tale as old as time…

Quería que esta película fuera una obra maestra y que me impresionara, de verdad lo deseaba, el remake que hace Disney de su clásico animado de 1991 tenía suficientes elementos para convertirse en un nuevo clásico por su propia cuenta, para ser una película grandiosa y memorable, pero me parece que Disney no quiso atreverse a ninguna audacia artística y, por lo tanto, el resultado fue una película de hechura genérica… Pero quizá beauty is found within

Desde que vi la película el primer día que estuvo en cartelera hasta ahora no dejo de darle vueltas a la cinta y, muy lentamente, me parece que apenas consigo poner en orden cómo me siento al respecto. La segunda vez que la vi me gustó más, sospecho que porque durante la primera mis expectativas eran descomunales y todo el tiempo estuve esperando que la película me deslumbrara en su realización. La segunda vez, ya sabiendo que no debía esperar una cinta de autor proveniente de una empresa como Disney, pude disfrutar, sin esa constante expectativa frustrada, de las cosas que sí funcionan dentro de la película: un elenco excelente y bien afinado que evidentemente se siente feliz por estar ahí, un diseño de castillo que despierta intensas ganas de meterse a la pantalla y recorrerlo entero, buen humor con buen timing y, ya de manera personal, disfruté mucho de todas las escenas que involucraban a Bella, Bestia y libros, son las escenas más humildemente hermosas de la historia y, no creo equivocarme, el acierto de esas escenas específicas lo atribuyo a Stephen Chbosky, coguionista de la cinta y que ya había trabajado antes con Emma Watson en Las ventajas de ser invisible, que también cuenta la historia de unos inadaptados que consiguen un lazo estrecho entre sí.

Uno de los puntos más fuertes de la película es el diseño de producción en el dominio maldito de la bestia, especialmente el interior del castillo, que tiene todo el aspecto que deberían tener los lugares salidos de los cuentos de hadas; pero ese trabajo no luce en todo su potencial porque la dirección y la fotografía no lo alcanzan en calidad. Esto resume mi conflicto principal con la película: una larga lista de cosas que están bien hechas, pero que tenían el potencial para mucho, mucho más. El otro punto más fuerte de la cinta es el casting completo, me parece atinadísimo, no sólo son actores talentosos, sino que se deslizan con naturalidad en sus respectivos roles. Sin embargo, los actores están a merced de las indicaciones del director y, por momentos ‒porque no se mantiene igual a lo largo de toda la película‒ las actuaciones pasan del tinte realista del cine al exagerado del teatro y esto, junto con las escenografías del pequeño pueblo y el campo nos recuerdan constantemente que no estamos viendo más que un montaje artificial; esta sensación se apacigua en las secuencias que suceden dentro castillo, afortunadamente (con la excepción del flashback inicial en la corte, con una actuación desconcertantemente caricaturesca por parte del príncipe).

En cuanto a empacho de efectos especiales el problema está principalmente en la bestia, que ahora tiene una presencia mucho más suavizada; en la versión animada el diseño es completamente un animal, una bestia inhumana e intimidante, ahora es una criatura de aspecto demasiado humanizado y rostro demasiado bonito para una bestia. Es solamente la actuación y la voz de Dan Stevens lo que salva al personaje y lo vuelve entrañable; me parece que haber optado por una caracterización de maquillaje, prostéticos y animatrónicos ‒mezclado entonces sí con un pequeño toque de animación a computadora‒ hubiera funcionado mucho mejor para hacer creíble al personaje y su interacción con Bella, basta ver la efectividad de las criaturas en El laberinto del fauno o en Donde viven los monstruos… sin embargo, al crearlo completamente en computadora, la química entre Bella y bestia funciona en sus diálogos, pero en los momentos de cercanía se nota lo artificial de los efectos y esto, desgraciadamente, arruina la clásica escena del baile en el castillo, escena que, además, está filmada de forma básica e insípida, sin el encanto de la secuencia original.

La dirección en general es apenas correcta, en las secuencias musicales incluso se resguarda en su safe zone. La película arranca con una transcripción cuasi literal y bien lograda del montaje que acompaña la primera y emblemática canción de Bella en la cinta animada pero, después del fin de la canción sobre el cerro, la dirección abandona toda ambición y no encuentra una voz propia, se limita a solamente registrar lo que sucede (en una buena dirección, la cámara no se limita a mostrar, sino que sus encuadres y movimientos influyen en cómo se nos cuenta la historia).

La nueva versión falla cuando no encuentra la manera correcta de traducir un momento de la cinta animada al live action; por ejemplo, el clásico número musical de Be Our Guest fue impresionante en cuanto a su realización en la película del 91, su aspecto visual fue memorable por un trabajo de animación que en su momento fue impresionante y que ha envejecido bien; aquí, en cambio, es una saturación de efectos visuales que no tienen nada de innovador sino que son, a secas, los efectos estándar que se esperan de cajón en cualquier película actual. En general, las escenas que originalmente causaban miedo, alegría o angustia ahora se sienten débiles y planas, cualquier breve momento de fuerza emocional que tienen se debe únicamente a que se reconoce el eco de las emociones que despierta la cinta animada; esta película, sin el elemento de la nostalgia, no funciona y, muy probablemente, si esta película no hubiera tenido el antecedente de la cinta animada ni el estelar de Emma Watson, los resultados en taquilla habrían sido muy diferentes y probablemente el público no hubiera sido tan benévolo (who knows?).

También falla cuando pretende expandir la historia de manera superficial, porque finalmente no aporta nada a la historia principal y solamente hace que se sienta como una versión innecesariamente alargada y, a pesar de eso, muy diluida. La versión clásica del 91 funciona porque cuenta de forma efectiva una historia sencilla, de manera honesta y dando el peso necesario a cada uno de sus momentos. En este remake, los intentos por añadir un background a Bella y a la bestia son completamente innecesarios, no añaden nada a la trama ni a los personajes y, por momentos, incluso dañan el ritmo de muy mala manera. Si comparamos con la película franco-alemana que en 2014 estrenó Christophe Gans podemos ver un ejemplo de cómo una cinta, que dura media hora menos que el remake de Disney, tanto narra completo el mismo cuento clásico como, además, nos da montones de contexto y antecedentes de Bella y la bestia… antecedentes que, además, ahí sí se justifican y nos muestra una historia mucho más conmovedora en el pasado de la bestia y su maldición.

La historia misma de la bella y la bestia tiene raíces muy, muy antiguas, los primeros esbozos del cuento vienen desde Grecia, cuajó en sus versiones más definitivas en Francia y a través de los años se fueron puliendo y cambiando detalles. La versión que eligió contar Disney en su musical animado de 1991 es la versión clásica más sencilla con un par de añadidos ‒como el personaje de Gastón o la mítica rosa encantada‒ que le dieron identidad propia. La película no solamente fue revolucionaria en su técnica, sino que marcó historia al convertirse en la primera película animada en ser nominada a los premios de la academia no como mejor cinta animada, sino como mejor película. La manera impecable de contar un cuento sencillo, con canciones inolvidables, la convirtió en una de las películas más queridas y memorables del imperio Disney. Hasta el día de hoy, la cinta sigue funcionando exactamente igual de bien que hace veintiséis años.

Quizá lo más doloroso al pensar en los momentos de potencial desperdiciado en esta película sea recordar que, en 2012, Guillermo del Toro estaba trabajando en la preproducción de su propia versión live action de La Bella y la Bestia con Warner Bros, fue él quien originalmente ofreció el papel de Bella a Emma Watson y ella aceptó con gusto. Sin embargo, Disney comenzó a trabajar en la preproducción del remake de su propio clásico (la versión de Del Toro no era un remake) y la similitud de proyectos hizo que Del Toro tuviera que abandonar el suyo para, en vez de eso, enfocarse a la preparación de Crimson Peak. Algo similar a lo que ocurrió unos años antes, la vez que Del Toro ha estado más cerca de filmar su añorada En las montañas de la locura: Riddley Scott comenzó a trabajar en Prometeo por esas mismas fechas y, aparentemente, la similitud de premisa de ambas cintas hizo que los estudios optaran por financiar mejor el proyecto de Scott. El director mexicano dejó en el limbo su versión de La Bella y la Bestia, pero alentó a Disney para que ofreciera el papel de Bella a Emma Watson (Disney le había ofrecido antes el papel de Cenicienta en otro de sus remakes, pero ella lo rechazó).

En fin, todo indica que Disney no piensa dejar de hacer remakes de sus propias películas clásicas, ya están confirmadas las versiones live action de El rey león, Mulán, Aladino y Dumbo. Si de algo sirve este remake de La Bella y la Bestia es principalmente para dos cosas: maravillarse de cómo Emma Watson luce inhumanamente perfecta en todas y cada una de las tomas en que aparece y, después, tomarlo de pretexto para revisitar la cinta animada, que se mantiene impávida en el lugar de honor donde ha quedado consagrada y de donde ya nadie la va a quitar. La nueva versión de esta historia termina de funcionar cuando se le toma como un complemento a la película animada y quizá, después de todo, beauty is found within, porque por debajo de una dirección intrascendente y algunas cojeras de guión encontramos un corazón (en los actores, principalmente y por mucho) con una historia sencilla pero sincera, que le hace feliz contarnos y que vale la pena escuchar. Si uno ve esta película sin exigir un trabajo de autor, si uno ve esta película solamente con las ganas de olvidarse del mundo entero y escuchar un cuento reconfortante, como si se estuviera acomodado en la cama antes de dormir, entonces es una película altamente disfrutable, un enfoque más a una fábula ancestral.

 

Ilustración del autor.

The following two tabs change content below.

Diego Minero

Tlaxcala, 1990. Se dedica a la escritura y a la ilustración. Ha sido becario del Foecat en dos ocasiones en la disciplina de Letras, y ganador del Premio Estatal de Cuento (2010); publicó la novela ilustrada 'El pueblo en el bosque', la novela corta 'Un último vaso de Jerez' y el cuentario ilustrado 'Grand Guignol'. Ha publicado columnas y viñetas en diversos medios impresos. Ha tomado un par de talleres, pero el grueso de su formación ha sido autodidacta.