Sobre igualdades ficticias

heroínas

La polémica comenzó en el instante mismo en que se anunció que la nueva película de Ghostbusters tendría un elenco protagonista completamente femenino; a partir de entonces la polémica fue creciendo a medida que más cosas salían a la luz sobre el proyecto y, finalmente, explotó estrepitosamente con el primer tráiler de la cinta. En este punto, lo que menos importa de todo es el mentado reboot, lo interesante y en lo que vale la pena detenerse un momento es en la polémica en sí. Me parece que vale la pena analizarla un momento porque, para empezar, se trata de un problema muy mal enfocado.

Respecto a la nueva Ghostbusters el meollo del conflicto en internet puede resumirse así “¡pero qué hombres fanáticos tan llorones! No toleran que sus héroes masculinos de infancia ahora sean reemplazados por mujeres, son unos intolerantes y, lógicamente, todos los que critiquen esta nueva película es porque son unos misóginos”. De inmediato tengo un problema con este juicio: No, el primer tráiler no indignó a los fanáticos por tener un elenco femenino, sino porque lucía francamente soso, y eso resulta especialmente doloroso cuando hay de por medio una película tan amada. Aquí el verdadero problema es que lo políticamente correcto está explotando por todos lados y de las formas menos atinadas. Es, pues, muy similar a la nueva moda del entretenimiento que implica volver de raza negra a personajes que anteriormente no lo eran, eligiendo actores de piel oscura para interpretar a la Antorcha Humana en la más reciente -y aberrante- película de Los Cuatro Fantásticos, a El Pistolero en la próxima adaptación de La Torre Oscura y a L en la versión live action que prepara Netflix de la aclamada Death Note. Esto, seamos sinceros, tiene tanto sentido como lo habría tenido elegir a Orlando Bloom para interpretar a Black Panther en las películas de Marvel. Que hablando de Marvel, en los comics también andan apurándose a cumplir los requisitos de lo políticamente correcto: Quien ahora porta el martillo de Thor ya no es el hijo de Odín, sino una mujer, Iron Man ya no será Tony Stark sino una muchacha de raza negra (dos pájaros-políticamente-correctos de un tiro). El problema aquí, y es importante entenderlo, es que la muy loable e ineludible necesidad de conseguir igualdad se está abordando desde el ángulo incorrecto.

En la pasada entrega de los premios Oscar hubo polémica por la ausencia de nominaciones a actores negros, las únicas declaraciones coherentes al respecto, que resonaron en un par de medios, fueron que, por un lado, nominar a actores solamente por el hecho de ser negros es también un acto de racismo; por otro lado, no se premia, ni se nomina siquiera, a tantos actores de otras razas porque hay pocos papeles que pueden interpretar en el cine. La solución no es nominar a cualquier actor en un papel menor solamente para cumplir una cuota de igualdad, sino que hay que dar lugar a personajes dignos e importantes construidos desde el principio en otras razas y géneros específicos.

Esto se refiere, ampliando la perspectiva, no sólo a crear papeles para que interpreten actores y actrices, sino que significa -lo que es más importante- crear personajes que tengan fuerza y estén delante del público para dejar huella. Cambiar el género, el color o la orientación sexual a personajes exitosos preexistentes en vez de crear personajes nuevos dentro de esas categorías no sólo es profundamente perezoso, sino que implica que no existe una convicción real de que un personaje nuevo con cualquiera de esas características pueda tener éxito por sí mismo. En vez de intentar forzar cosas en personajes ya bien definidos y establecidos solamente por quedar bien, sería más recomendable, por ejemplo, ayudar a impulsar el nuevo comic de la editorial AfeterShock titulado Alters, protagonizado por el primer superhéroe transgénero.

Pero dejando de lado los temas de raza e identidad sexual, volvamos a la polémica inicial, porque partía precisamente de la primera y más longeva preocupación de igualdad en la ficción: el rol de los personajes femeninos. Me parece que a la nueva película de los… de las cazafantasmas se les está dando demasiado peso; de ningún modo debe confundirse una película intrascendente (no por tener un elenco femenino, sino simplemente por su guión y dirección) con alguna clase de estandarte feminista moderno, en todo caso basta mirar hacia atrás, muy recientemente, para comprobar que el cine taquillero contemporáneo nos ha dado protagonistas dignas de recordar (pienso en Imperator Furiosa, que es la auténtica y admirable heroína en Mad Max: Fury Road; en Rey, de The Force Awakens, que acaba de empezar su camino a convertirse en una Jedi especialmente poderosa; en Wonder Woman (Batman v Superman), que en una sola escena causó más emoción que muchos de los superhéroes masculinos; en Judy Hopps (Zootopia), que personifica valores humanos básicos y vitales… aunque esto, también, inevitablemente hace recordar las órdenes que se dieron desde el alto mando para que la imagen de Rey apareciera lo menos posible en la mercancía oficial de The Force Awekens, argumentando que los niños no iban a querer comprar nada que tuviera la cara de una mujer.

Ya hay heroínas entrañables (y sin ninguna duda las seguirá habiendo, cada vez más), y el público femenino, sobre todo el más joven, puede admirarlas, proyectarse en ellas y tomarlas como ejemplo para desarrollar sus propias fortalezas internas; sin embargo, también hace falta que ayudemos a que el público masculino de cualquier edad ya no le tenga miedo a admirar un personaje femenino no solamente por ser bonita, sino también por ser fuerte, por tener convicciones, por cruzar la travesía de un héroe, que no tenga miedo a ver una heroína en pantalla y sentir la genuina y profunda  emoción de decir “yo quisiera ser así algún día”. Iconofinaltexto-copy

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Diego Minero

Tlaxcala, 1990. Se dedica a la escritura y a la ilustración. Ha sido becario del Foecat en dos ocasiones en la disciplina de Letras, y ganador del Premio Estatal de Cuento (2010); publicó la novela ilustrada 'El pueblo en el bosque', la novela corta 'Un último vaso de Jerez' y el cuentario ilustrado 'Grand Guignol'. Ha publicado columnas y viñetas en diversos medios impresos. Ha tomado un par de talleres, pero el grueso de su formación ha sido autodidacta.