Regalar libros

Book

El héroe arquetípico suele recibir o proporcionar el elixir de la vida, esa es una de sus numerosas (e ineludibles) características según las explica Joseph Campbell. Partiendo de ese punto podemos asegurar que todo aquel que regala un libro se convierte automáticamente en un héroe.

Los libros son la variedad más exquisita del elixir de la vida porque no proporcionan solamente un alargamiento de la propia existencia, sino que otorgan una vida entera completa, además de la propia. Cuando se regala un libro se está entregando una vida extra; por medio de un libro uno puede regalar infinidad de amores, muertes, dichas, penas, aventuras y reflexiones que son vidas metafísicas. Los libros son lo más cercano que tiene el ser humano a la inmortalidad casi vampírica porque, como además permiten manipular el tiempo −en el transcurso de una semana común puede vivirse en unas cuantas páginas un período de cinco décadas, por ejemplo−, se acumulan muchas vidas que contribuirán a una existencia mil veces más longeva que la ordinaria.

Así pues, cuando se regala un libro la escena es, en realidad, y esto es pocas veces percibido, una imagen prácticamente mitológica: dos semidioses, uno de ellos entregando un pequeño cofre en el que está contenida una vida que puede vivir el otro, incluyendo todas las vidas entrecruzadas que conocerá en esa travesía; basta un sólo libro para crear un laberinto invisible pero harto complejo, muy profundo y con muchas bifurcaciones, uno que perfectamente podría brotar de la mente de Borges, un laberinto que se recorre con los ligeros pies de la mente, pies que no dejan marcas físicas a su paso pero, curiosamente, el mundo que pisan sí deja inversamente marcas muy profundas en aquel que se aventura en su recorrido.

 Además, como cada libro es una vida,  implica que cada libro es también un mundo o incluso un universo aparte; de modo que, cuando se regala un libro que uno mismo ya ha leído, se está regalando la nacionalización de un mundo del que uno ya es habitante; se invita a un ser apreciado a vivir en ese mundo, aparte de la multitud de realidades en las que ya cada quien habita. Desde luego es usual que dos personas coincidan en ser vecinos de muchos mundos distintos y continúen invitándose a conocer más y más realidades. Pueden dos personas volverse vecinos aún más cercanos, más íntimos, cuando el libro que regalan, por algún motivo en él escrito, implica que estarán viviendo, no juntos en el mismo mundo, sino que estarán viviendo juntos dentro de la misma persona, compartirán un cuerpo específico que habita otro mundo: una suerte de dioses parasitarios que pueden darse el lujo de vivir dentro de otro individuo, dentro de otro mundo, dentro de otro universo dentro de otra realidad, y saltar a otro y a otro y así, perfectamente, vivir por siempre.

Pero hay dos maneras de regalar libros, ambas igualmente mágicas y relevantes, una ya la hemos tratado, la otra es menos común: dedicar un libro, no escribiendo algo a mano en la primera página, sino escribiendo un libro completo y luego dedicarlo, regalarlo a alguien más, es una apoteosis divina, porque hacer eso no es otra cosa que lo que hizo Dios en el principio de los tiempos: crear un mundo entero, dedicarse por completo a una creación que luego obsequiará a alguien más, en Su caso a la humanidad, en el otro caso, a personas específicas que reciben una vida y un universo como regalo, disimulados en medio de dos hojas, dos cartones o cualquier cubierta que puede pasar desapercibido a todos excepto a los iniciados, a los amantes de esa alquimia todopoderosa de los libros y que saben que regalar un libro es un regalo esotérico que implica regalar otra piel, otra vida y otras circunstancias, un medio para vivir todas las vidas posibles, tener todas las experiencias imaginables y aún seguir buscando otras para extender cada vez más la inmortalidad que se ha elegido. Iconofinaltexto-copy

Ilustración del autor.

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Diego Minero

Tlaxcala, 1990. Se dedica a la escritura y a la ilustración. Ha sido becario del Foecat en dos ocasiones en la disciplina de Letras, y ganador del Premio Estatal de Cuento (2010); publicó la novela ilustrada 'El pueblo en el bosque', la novela corta 'Un último vaso de Jerez' y el cuentario ilustrado 'Grand Guignol'. Ha publicado columnas y viñetas en diversos medios impresos. Ha tomado un par de talleres, pero el grueso de su formación ha sido autodidacta.