Pura vida: crónica por Costa Rica

IMG_4235Abordamos un coche rojo (el engomado de los taxis de la ciudad) en el Parque Morazán donde quedaba nuestro hotel, en pleno centro de San José. El conductor hacía sonar su claxon a punta pala. Le conté de mi teoría de que la forma en que se usa el claxon es proporcional a la educación de un país. Con el mismo garbo con que nos hablaba de la seguridad, me contestó que no era lo mismo tocarlo en un solo empujón que hacerlo una y otra vez presionando suavemente: con ritmo. San José es el centro neurálgico del turismo que visita el país centroamericano en busca de maravillas naturales, especies tropicales, paisajes verdes y aventuras extremas. La mayoría de los visitantes (provenientes de toda América y Europa) ingresan por la capital. Haciendo base ahí y con un tour bien organizado es posible visitar muchas de las atracciones de la pequeña nación que además presume de ser una de las más seguras para turistas que viajan solos. En un viaje de fin de semana, un grupo de amigos y yo visitamos Costa Rica y descubrimos en solo cuatro días eso que los ticos llaman “pura vida”.

Nada más llegar abordamos una van para subir hacia el área del volcán Arenal. La noche había caído mucho antes de acercarnos al poblado de La Fortuna: el lugar donde pernocta la gente que visita el Arenal, un imponente volcán activo cuya última explosión fue hace escasos 6 años en 2010. En Costa Rica, el sol sale a las cinco de la mañana y se pone a la misma hora post meridiano. Un banco de neblina retrasó nuestro arribo a la capital costarricense y apenas dos horas antes habíamos llegado a país de los maes por el Aeropuerto Internacional Juan Santamaría. La puerta de entrada al país, que tuvo una afluencia  de 3 millones de pasajeros el año pasado, tiene poco que ver con la deplorable terminal 1 del Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México por donde pasó la friolera de 34 millones de viajeros en 2014.

Las Aguas Termales de Tabacón fueron nuestra primera parada después del largo viaje. La sorpresa nos la llevamos al descubrir más de diez albercas con temperaturas, dimensiones y profundidades distintas todas rodeadas de una exuberante vegetación (hay más de 500 especies de plantas y flores esparcidas por los jardines). El lugar –muy recomendable- tiene todo de spa y nada de balneario. La noche, pasada por cascadas de agua hirviendo –y mojitos helados–, fue la mejor forma de olvidar la demora y comenzar la travesía por tierras ticas.

Instalados al pie del Volcán Arenal, una tromba nos despertó a las 4:30hrs del día siguiente. Con el sol a cuestas y el cielo casi despejado salimos a las 5:30hrs con rumbo a nuestra siguiente actividad programada. Después de tres horas de camino y desayuno previo (gallo pinto y café incluidos), y mientras los nervios se podían oler al interior de la van que nos transportaba cuesta arriba por un estrecho empedrado, el guía dictaba las indicaciones para hacer White Water Rafting en el Río Pacuare. Los rápidos del Pacuare son categorías III y IV –de seis que existen– y la diversión está garantizada a partir del primer contacto con el agua del río. En balsas inflables de seis pasajeros y al grito de “pura vida” y “remos arriba” superamos el primer rápido, el siguiente, y así sucesivamente  hasta completar poco más de 30 de los 108 kilómetros que tiene el río. La ubicación (de fácil acceso), la vegetación,  las cascadas y el clima son algunas de las razones por que este río está clasificado como uno de los mejores para practicar este deporte según Carlos, nuestro guía experto. La belleza de los paisajes es tal que los locales rumoran que algunas escenas de la última película de Jurassic Park fueron rodadas en el impresionante cañón del río.

Para finalizar el tour abordamos nuestro transporte, una vez más de buena mañana, rumbo a un volcán con fumarolas activas. El Volcán Póas posee una laguna ácida en su cráter principal que aún está activo. La hora y la altitud del cráter hacían que una vez más la neblina intentara frustrar nuestras vacaciones, pero al cabo de quince minutos el aire sopló a nuestro favor y el intenso color entre verde y azul del cráter se fue revelando poco a poco entre las fumarolas que expulsa. La alta concentración de azufre y otros ácidos dan color al agua y provocan que la visita dure máximo veinte minutos (los gases que expulsa el cráter son tóxicos). El contraste del suelo rocoso y el pastel del apacible líquido del cráter hacen que la visita a este lugar valga la pena.

Con playas tanto en el Mar Caribe como en el Océano Pacifico, la oferta turística se extiende hasta las aguas que bañan su territorio. Las actividades en las selvas, montañas y ríos del país se pueden combinar también con  quehaceres en las costas como paddle boarding, kayaking, snorkeling y surfing.  Todo en inglés, pues además de ese tono gringo que tienen los ticos para hablar en español, el dólar estadounidense es –aparte del colón– moneda de uso corriente entre locales y visitantes. Costa Rica está bien habituada al turismo y su gente se desborda en amabilidad hacia los visitantes. El llamado ecoturismo es la bandera que más alto y con mucha razón la ondean los ticos. Un tema tan recurrente que hasta encender un cigarrillo es cosa prácticamente prohibida, incluso a lo alto del cielo costarricense.Iconofinaltexto copy

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Emilio Buenavida

Emilio Álvarez Abouchard es arquitecto por el ITESM Monterrey. Estudió en la Escuela Técnica Superior de Arquitectura de Madrid y en Casa Lamm. Colabora con diversos medios de comunicación con artículos relacionados, no sólo con la arquitectura, sino con la cultura en general. Síguelo en Twitter como @ebuenavida.
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