A propósito de Stranger Things

eleven color

Hace poco vi una reflexión en el periódico que aseguraba (con respaldo de los lectores), que si E.T., la ultra clásica película de Spielberg, se estrenara por primera vez este año, sería un fracaso en taquilla, y esto nos lo confirma la recepción más bien apática que tuvo en E.U. la más reciente película de Spielberg: The Big Friendly Giant… sin embargo, yo aventuro la hipótesis de que, si E.T. se estrenara por primera vez este año pero en formato serial, tendría mucho éxito. Creo que es en estos formatos donde mejor se conservarán las futuras historias de género (ciencia ficción, horror, conspirativo, etc.) siempre y cuando se trate de historias sinceras y conscientes de sus raíces (Stranger Things es muy superior a la pretenciosa American Horror Story, por ejemplo, porque tiene mejor definidas sus prioridades y, no importa lo cheesy que suene, tiene corazón).

Stranger Things, la nueva serie original de Netflix, ha fascinado al público y, contrario a lo que muchos afirman, no se debe exclusivamente a la nostalgia (aunque esta sea uno de los ingredientes). Stranger Things homenajea y se alimenta directamente de lo mejor de Stephen King, Steven Spielberg (especialmente E.T. y The Goonies), John Carpenter, Silent Hill, Elfen Lied, Señales e incluso la muy ochentera (¿verídica?) historia de Uri Geller, Under the Skin y hasta un par de atisbos de Alien. Sin embargo, tan cargado de referencias como está, consigue crearse una identidad distinta y es, por justicia propia, una historia que seguramente quedará consagrada entre los clásicos en los que se inspira. Los hermanos Duffer nos cuentan una historia que por su humanidad nos resulta profundamente conmovedora, una intriga oscuramente fantasiosa (ecos de Poltergeist, pero también de El laberinto del fauno y, me parece, de Dark Skies, el proyecto de Spielberg que nunca llegó a filmarse). La serie entiende a la perfección los elementos que hicieron que todas esas historias del choque de lo banal con lo extraordinario marcaran una diferencia en los 80’s e influyeran a tanta gente. Encuentra la manera de entrelazar distintas historias dentro de una sola, haciendo que cada una toque tropos ya bien conocidos del cine de género de los 80’s, y une todas las subtramas de manera eficiente, pues el formato serial permite no sólo contar cosas con delicioso sabor a deja vu, sino que permite quizá no profundizar mucho más de lo que las películas de antaño ya habían hecho en sus conflictos, pero sí aumentar el rango de puntos de vista; podríamos verlo como una especie de Watchmen del cine de género de los 80’s, porque une varios elementos y tramas clásicas ―y bien conocidas― para entrelazarlas y enfrentarlas entre sí.

Pero no estrechemos perspectivas: Stranger Things no es solamente una bien armada historia ochentera tres-en-uno; es, además, y esto es muy importante, la evolución del género, porque utiliza los elementos clásicos y siempre confiables pero también elementos narrativos que son más actuales, unión de lo bueno con lo nuevo bueno. El final nostálgico y misteriosamente abierto es el resultado final de esta fusión, y promete una segunda temporada que potenciará lo que hemos visto hasta ahora.

Precisamente los 80’s se han vuelto una mitología que consigue despertar nostalgia incluso en quienes nunca vivimos esa década, y estoy seguro de que a partir de ahora seguirán escribiéndose historia nuevas situadas en los 80’s exactamente igual a como se siguen escribiendo en la actualidad historias ubicadas en el medioevo o en los años 20’s; se volverá un periodo recurrente para las historias de época que se escriban en el futuro, tal vez porque, con todo y fricciones estadounidenses/rusas, fue la última vez en que las mayores y más serias amenazas las encontrábamos como imaginaciones en la ficción y no en todos lados, en las noticias y en nuestra propia realidad. Al mismo tiempo, no deja de resultar irónico el contraste entre el éxito y la calidad de esta serie estilo ochentera con el fracaso ―y pésima calidad― de, por ejemplo, el remake de Carrie que protagonizó Chloë Grace Moretz en 2013, donde se traslada la historia de forma tosca e ineficiente a la actualidad y se da todo el peso al lucimiento de los efectos especiales antes que en ocuparse de narrar correctamente una historia inquietante y, de hecho, la calidad de Stranger Things deja muy en alto la vara para el venidero remake en dos películas de It (Stephen King).

Hay que hacer un par de menciones especiales: las actuaciones de los niños, que muchas veces arruinan por completo historias o series enteras, en este caso son realmente notables; la actuación de Winona Ryder es emocionalmente desgarradora y, finalmente, la banda sonora es una amalgama perfecta entre lo clásicamente ochentero y lo contemporáneamente inquietante.

Stranger Things es una de las historias recientes más originales, armada completamente de cosas ya bien conocidas. Iconofinaltexto-copy

Ilustración del autor.

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Diego Minero

Tlaxcala, 1990. Se dedica a la escritura y a la ilustración. Ha sido becario del Foecat en dos ocasiones en la disciplina de Letras, y ganador del Premio Estatal de Cuento (2010); publicó la novela ilustrada 'El pueblo en el bosque', la novela corta 'Un último vaso de Jerez' y el cuentario ilustrado 'Grand Guignol'. Ha publicado columnas y viñetas en diversos medios impresos. Ha tomado un par de talleres, pero el grueso de su formación ha sido autodidacta.