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¿Pos te saltas el torniquete? #PosTeReprimo

mancerdo

No conoce al cien por ciento sus derechos pero sabe distinguir entre la arbitrariedad y la justicia. César, como muchos otros mexicanos, expresó este fin de semana su desacuerdo ante el incremento de la tarifa del metro con un «¡No, ni madres!» en forma de salto a un torniquete. La diferencia es que él lo hizo sin el respaldo de una masa. En un entorno en el que poco importa la verdad y lo que cuenta es el apoyo de la mayoría, ese es un error que se paga con cárcel (o con la noche en el cívico, según sea el caso).

César fue detenido en el acto, aunque entrar al metro sin pagar la cuota correspondiente no esté tipificado como delito ni falta administrativa. La detención parece responder más a la ideología de un gobierno autoritario que a las leyes en las que éste dice basarse. Desde sus inicios (o con cuatro días de antelación) la administración de Miguel Ángel Mancera anunció que sería represiva y que sofocaría (a golpe de macana) cualquier intento de oposición. Así lo ha hecho con todos los intentos de protesta y así ha advertido (Joel Ortega mediante) que lo hará con quien se niegue a aceptar el tarifazo.

Afortunadamente, aunque las prácticas priístas estén de vuelta en la Ciudad, hoy tenemos herramientas para (por lo menos/ya de perdida) documentar las violaciones a los Derechos Humanos. Así es que César guarda registro de su detención en su iPod y después lo convierte en un video viral. Queda en él, para la posteridad, constancia de la carencia de argumentos con la que proceden los cuerpos encargados de la administración y la impartición de justicia. Al chavo no saben ni decirle por qué lo detienen («mal uso de las instalaciones» dice un poli) y le sugieren que mejor coopere.

Hablar con ellos es como discutir con un fanático religioso. No tienes argumento para defenderte porque el ataque no está fundado en la razón. ¿Cómo establecer una diálogo con alguien que basa su discurso en una lógica distinta? En una en que las pruebas y las leyes no son necesarias, en la que se confía en el gobierno como en un axioma. ¿Cómo es posible que sean esas personas, incapaces de generar sus propios juicios, las que representan la autoridad?

La falta no parece ser tan grave (ni para los mismos polis, con todo y el corto alcance de su visión) para actuar como les gustaría y rápidamente se inventan otro motivo para dar paso a la violencia. El chavo es golpeado por uno de los policías, que porque lo estaba hostigando. Para rematar el cinismo, alguien a quien los polis parecen obedecer le confía a César que tienen órdenes de permitir la protesta siempre y cuando sea masiva. O sea: Tú, individuo, con tu ciudadanía de segunda y la tacañería que te impide invertir en transporte una sexta parte de tu salario, nos importas un carajo.

Ésta es otra más de las muchas dosis de O-te-callas-o-te-parto-tu-madre con la que Mancera ha llegado a gobernar. Y no es que quiera echarle la culpa al Jefé de Gobierno del comportamiento de los policías, es que ES su culpa. César fue remitido al Juzgado Cívico y liberado unas horas después. ¿Y la reparación del daño? ¿Y el derecho a la seguridad personal? ¿Ese cuándo nos lo devuelven? No hay que olvidar que en esta Ciudad los derechos se los ha ganado la sociedad, que ningún gobierno nos los ha venido a regalar ni nos los vendrá a quitar. ¿Hasta cuando tendremos que soportar que la policía no esté sensibilizada en Derechos Humanos y que no conozca ni el bendito Código Civil? Hasta que decidamos que no más.

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David Ledesma Feregrino

Escritor en formación. Editor en Homozapping. Formó parte de la XIV promoción de la Fundación Antonio Gala para Jóvenes Creadores. Escribe ajeno. La más señora de todas las putas.