Pensamientos | Pascal

Los Pensamientos, del filósofo y matemático francés Blaise Pascal (1623-62) es uno de los libros más desoladores que conozco. Más que una obra terminada, son una colección privada de notas sobre dios y el comportamiento humano que fueron escritos, probablemente, como preparación para un libro sobre religión que Pascal nunca llegó a publicar. Los siguientes son fragmentos que me gustan especialmente y que traduje (de manera muy libre, debo decir) durante la primera mañana que esta ciudad se siente como en otoño.

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229. Mientras observo al universo silencioso y a la humanidad oscura y abandonada, perdida en este rincón del universo sin saber quién nos puso aquí, cuál es nuestro propósito, qué nos pasará al morir, incapaces de todo conocimiento, me aterrorizo como si me hubieran llevado en sueños a una horripilante isla desierta y hubiera despertado ahí sin una idea de dónde estoy o de cómo escapar. Me impresiona que no hayamos perdido completamente la esperanza dado nuestro estado tan miserable. Veo a otros alrededor mío, parecidos a mí, y les pregunto si están mejor informados que yo. Dicen que no. Éstas también son personas miserables, perdidas, pero han sido capaces de encontrar alguna cosa lo suficientemente amable como para sentirse ligadas a ella. Yo en cambio no he logrado establecer ningún vínculo de ese tipo.

233. El silencio eterno de estos espacios infinitos me aterra.

461. Lustravit lampade terras. [Encendió el mundo con su lámpara (Odisea, xviii. 136, citado en latín por Montaigne en sus Ensayos, ii.12).] El clima y mi humor tienen poco en común: dentro de mí habitan nieblas y días soleados. No importa demasiado si mis asuntos avanzan bien o no. A veces incluso lucho contra la buena fortuna: el logro de dominarla me llena de júbilo, mientras que a veces me disgusta que me vaya bien.

486. Belleza poética. Así como hablamos de la belleza poética, deberíamos hablar también de la belleza matemática y de la belleza medicinal. Pero no lo hacemos. ¿El motivo? Conocemos bien el objeto de las matemáticas – las pruebas – y el objeto de la medicina – la cura –. Pero no sabemos qué constituye la atracción, que es el objeto de la poesía.

520. Nuestra naturaleza es el movimiento. La quietud perpetua es la muerte.

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Isabel Zapata

Nació en la Ciudad de México en 1984. Estudió la licenciatura en Ciencia Política en el Instituto Tecnológico Autónomo de México (ITAM) y la maestría en Filosofía en la New School for Social Research. Es poeta, traductora, editora y antílope.
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