Para toda ingestión hay una reacción

con su paletita

Es muy común encontrar en distintas historias alimentos prohibidos o peligrosos. Desde luego el primer ejemplo de la humanidad se encuentra en Génesis, cuando Adán y Eva desobedecieron a Dios, con devastadoras consecuencias, al comer el fruto prohibido.

Eventualmente, los alimentos prohibidos en diversos relatos han servido como pruebas a distintos personajes, y la desobediencia deviene en amenazas que, con un poco más de autocontrol, habrían podido evitarse.

Ulises y su tripulación tenían hambre, claro, pero tomar comida de la reserva de Polifemo provoca que el cíclope, enfurecido, devore a dos de los hombres de Ulises. El hambre es poderosa, podemos excusar a esos incautos marineros, pero no siempre hay razones válidas para violar la prohibición de algún alimento: en El Laberinto del Fauno Ofelia tiene que escabullirse a unos tenebrosos aposentos para buscar cierto artilugio; las instrucciones del fauno son sencillas, que cuando esté ahí no debe comer ni beber absolutamente nada de lo que ahí encuentre. Aquí no hay justificación alguna, Ofelia simplemente cedió a la tentación que suponía una enorme mesa repleta de manjares, y come, tan sólo, una diminuta fruta… pero si una sola manzana bastó para condenar a toda la humanidad por el resto de los tiempos, ¿qué no puede provocar aquella pequeña fruta carmesí y jugosa? Pues tenemos que el ya célebre Hombre Pálido despierta, devora a las hadas que Ofelia llevaba consigo y a continuación se abalanza por su propio plato principal: la niña.

No siempre el héroe sucumbe a la tentación de ciertos alimentos prohibidos, algunos astutos lo evaden y esta resulta la primera evidencia de su astucia; en cambio contemplan cómo otros, menos sagaces, se condenan a sí mismos. Recordemos a Chihiro, quien intuye de inmediato que la opulenta comida servida en mesas desérticas no debe ser tocada; intenta advertir a sus padres, pero ellos la ignoran y engullen cual animales… su castigo es, precisamente, mutar en cerdos que incluso olvidan que alguna vez fueron humanos. También en El Viaje de Chihiro encontramos otra situación de interés culinario: Chihiro necesita comer algo de ese otro mundo para sobrevivir en él y no desaparecer.

Todos sabemos que cualquier persona que se aventura a probar un platillo típico de un sitio donde nunca en su vida ha estado verá consecuencias en su cuerpo (como la dichosa “maldición de Moctezuma”), así que es de suponer que las consecuencias serán mayores en un lugar fantástico. Sobre la comida de las hadas encontramos dos versiones distintas pero igualmente severas: la primera dice que si un humano prueba alguna vez comida de hadas no podrá volver a comer ningún alimento humano por el resto de su vida. La segunda dice que si un humano llega a visitar el País de las Hadas no debe probar nada de beber ni de comer, si lo hace no podrá abandonar ese lugar nunca más.

Recordemos que la comida figura en uno de los pecados capitales: la gula. C. S. Lewis dijo sobre sus famosas Crónicas de Narnia, que en cada libro hacía hincapié en algún pecado capital específico para crear el conflicto de la trama. En El león, la bruja y el armario, la gula es lo que, según Lewis, detona todo: Edward sucumbe a la tentación de comer los dulces ofrecidos por la Bruja Blanca, y es esa glotonería la que termina poniendo en riesgo a sus primos y, por tanto, a toda Narnia.

No olvidemos que, además, la decadencia de la alimentación simboliza la decadencia de una civilización, empezando por los romanos que, en su máxima ebullición desenfrenada, organizaban descomunales comilonas donde engullían cuanto podían, luego salían al patio para autoinducirse el vómito, quedando vacíos nuevamente, y regresaban a seguir comiendo, todo por el mero gusto de entregarse de lleno a los excesos per se.

No es casualidad, pues, que los alimentos se usen como reguladores simbólicos, por eso distintas religiones prohíben determinados alimentos. Y queda claro que, bajo cualquier tipo de argumentos, una de las comidas más alarmantes, o poderosas, o pecaminosas, dependiendo el enfoque, sea la carne humana, dieta que está detrás de muchos relatos de terror y de muchas leyendas, pues al humano le aterra especialmente la idea de ya no ser el comensal y convertirse en la comida; dentro de esto hay dos variantes: aparece un depredador por encima del hombre (cualquier tipo de monstruo) o el derrumbe de los códigos éticos de la civilización, es decir humanos comiendo otros humanos.

Después de todo, al final de nuestros días, todos nos convertiremos en comida para gusanos.

Es fácil llegar a la conclusión de que la comida no es algo para tomarse a la ligera, porque tanto comer y beber el Cuerpo y la Sangre de Cristo representan la Salvación, como también es cierto que comer demasiado de cualquier alimento puede resultar en un desagradable empacho.

Comer es algo vital, es lógico que con los años haya tenido, invariablemente, un gran peso tanto práctico como simbólico. Iconofinaltexto-copy

Ilustración del autor.

¿Y tú qué opinas?
The following two tabs change content below.
Avatar

Diego Minero

Tlaxcala, 1990. Se dedica a la escritura y a la ilustración. Ha sido becario del Foecat en dos ocasiones en la disciplina de Letras, y ganador del Premio Estatal de Cuento (2010); publicó la novela ilustrada 'El pueblo en el bosque', la novela corta 'Un último vaso de Jerez' y el cuentario ilustrado 'Grand Guignol'. Ha publicado columnas y viñetas en diversos medios impresos. Ha tomado un par de talleres, pero el grueso de su formación ha sido autodidacta.