Nuevas directrices para los tiempos de paz

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Nuevas directrices para los tiempos de paz

De Bosco Brasil

Foro A poco no: República de Cuba n°43, colonia Centro

Viernes 20:30 hrs., sábado 20:00 hrs y domingo 18:30 hrs., del 5 de julio al 11 de agosto.

 

Basta rodear el Palacio de Bellas Artes y caminar hasta el número 43 de la calle República de Cuba, en el Centro Histórico de la Ciudad de México, para llegar al Foro A poco no y, más específicamente, adentrarse en  una sombría oficina de inmigración brasileña, apenas unos días después de terminada la Segunda Guerra Mundial.

A esta oficina llega Clausewitz, un sobreviviente polaco, que camina inseguro a apenas unos pasos de mi butaca. Segismundo, el jefe del despacho de inmigración, encargado de evitar la entrada de nazis al Brasil, lo mira desde su escritorio.

La tensión se siente desde las primeras palabras que intercambian. Clausewitz necesita un salvoconducto para entrar al país y dice ser agricultor, pero Segismundo sospecha de sus manos tersas y de su buen portugués. Además, una mujer aseguró haberlo visto arrancarle la lengua a alguien.

Los segundos corren y se atropellan. El barco anuncia su próxima salida de regreso a Europa. Segismundo se niega a firmar el salvoconducto y los espectadores dudamos entre empatizar con la tragedia del inmigrante o dudar de su identidad. Clausewitz revela que en realidad es un actor, y trata de convencer a Segismundo de los horrores que ha vivido en la guerra. Pero éste, antiguamente torturador empleado por el gobierno, no muestra signos de conmoción.

―Eso pasó en Europa. ¿Por qué habría de afectarme a mí?

―Por que usted también es una persona. 

Entonces, Segismundo se instala en la silla frente al actor, le muestra el salvoconducto y le propone un trato:

Tiene usted diez minutos para hacerme llorar.

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A partir de entonces, el pequeño foro que hoy es la puerta al Brasil, a un mundo alejado de los fantasmas de la guerra y la muerte, se llena de implacables recuerdos, pero también de las palabras de otro Segismundo, el de La vida es sueño, de Calderón de La Barca.

Y teniendo yo más vida, ¿tengo menos libertad?, escucha desde su escritorio el hombre que sólo sigue órdenes, Y teniendo yo más alma, ¿tengo menos libertad?, ve el espectador desde su butaca, en los ojos de Clausewitz, ojos que vieron la guerra.

¿De qué sirve el teatro después de que la humanidad se ha fallado a sí misma? ¿Bastan emplear las palabras y los recuerdos para romper a un hombre? Ciertamente, basta para romper al espectador. Cuando las luces del escenario se extinguen, emergemos de nuevo a la noche de la Ciudad de México, en silencio. Los coches avanzan despacio por República de Cuba y la música se desborda de la Cantina Río de la Plata. La gente camina sobre las banquetas, a un lado de ellas. Los observo mientras conduzco. Antes de perderme en el flujo vial, veo emerger la Alameda y el Palacio de Bellas Artes, que tantas historias han visto pasar frente a ellos. Y teniendo yo más vida…

@Ad_Chz

(Fotos: Paola Gabart.                                                                                                       Agradecemos especialmente a Distrito Teatral.)

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Adrián Chávez

Escritor y traductor, autor de 'Señales de vida' (Fá Editorial). Ha sido becario del Fondo Nacional para la Cultura y las Artes (FONCA) en el área de novela y es editor de La Hoja de Arena. Alterna la literatura y la traducción con la docencia. Twitter: @nochaveznada