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“No Tocar”: Sobre el abuso sexual infantil

El teatro dirigido a niños aborda cierto tipo de temas que, por formar parte de su realidad, resulta necesario y urgente desarrollar. Uno de ellos es el abuso sexual.

No tocar lo hace a partir de la historia de María: una niña de ocho años, quien, después de quedarse al cuidado de su prima cuando su madre no está en casa, se enfrenta a un tipo caricias que le son desagradables y dolorosas. Situación que María únicamente puede expresar a su mejor amiga Liz y termina por distanciarlas, en el momento en que Liz propone hablarlo con alguien más.

¿Qué es una caricia? ¿Habrá que decirle a alguien más o habrá que callarlo para conservar a su amiga? ¿Realmente lo mejor para María es no decir nada? Éstas son el tipo de preguntas con las que la amiga de María dialoga en toda la obra. Un mapa de afectos entre ambas niñas, una radiografía familiar y una forma de enfrentar la situación, es lo que se nos presenta con este “relato escénico sugerido para varias voces”.

Escrita y dirigida por Enrique Olmos de Ita, el montaje encuentra su mayor acierto en la dirección escénica. Con pocos elementos: una casa de juguete, muñecos, una cámara de video y proyecciones en tiempo real; Olmos es capaz de crear un diálogo entre los personajes y los elementos que habitan el espacio y de esta forma, llegar de una manera atractiva e inteligente al público al que está dirigido.

Cierta parte del universo de los niños se encuentra bien materializado en estos elementos y adquieren múltiples posibilidades escénicas, de las que afortunadamente no hay abuso ni regodeo. Momentos complejos, como la escena en que María está a solas con su prima, encuentran soluciones sugerentes y logran hacer referencia ―de manera muy sutil―, a las terapias psicológicas para niños. Por otro lado, el uso del video logra evitar la ilustración y funciona, entre otras cosas, para crear atmósferas coloridas o aludir los espacios de la ficción, como son el cuarto de María, el parque o la escuela. El hecho de que la madre y el abuelo sean representados a través muñecos, no sólo simplifica el esfuerzo de las actrices como sugiere el texto; también abre la posibilidad de generar una relación más entrañable entre los personajes y muestra la forma en que los niños traducen el mundo.

La dirección es, pues, un mosaico de la infancia y un contraste luminoso con respecto a la situación que atraviesa María. Sin embargo, hay elementos que sobran: por un lado, pequeños papeles en los que se muestran datos duros con respecto al abuso infantil. Aun cuando No tocar se anuncia como “una obra de prevención sobre el abuso sexual”, habría que confiar en que los espectadores adultos son capaces de comprender la actualidad del tema y lo grave de la situación; sin necesidad de las estadísticas, pues la misma obra misma es un reflejo de eso. Por otro, la musicalización estorba en tanto que los temas no suman nada a las escenas y parece, hasta cierto punto, un capricho del director que no encuentra una justificación del todo contundente.

Son más las virtudes en dirección escénica que los desatinos, pero es necesario hacer hincapié en cuanto a lo actoral. Tanto los personajes de Liz (Goreti Monterrosa) como María (Alejandra Luna), no alcanzan a tocar el universo infantil. Éste se aborda de manera superficial al tratar de representar lo que comúnmente suele pensarse de los niños. Basta mirar al público que asiste a la obra para comprender que, aun los pequeños menores a ocho años, no todo el tiempo recurren a grandes gestos ni a exageraciones en la voz. El texto mismo propone otro tipo de actoralidad que no puede enfrentarse desde el cliché y requiere una lectura inteligente, para poder transmitir todo lo que hay alrededor del abuso de un niño.

No tocar se presenta todos los sábados y domingos a las 13:00 hrs en el Teatro Sergio Magaña (Sor Juana Inés de la Cruz 114, Col. Santa María la Ribera). Localidades: Entrada general $127. Descuento del 50% a estudiantes, maestros, militares, trabajadores de gobierno e INAPAM con credencial vigente.

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Laura García

Estudió literatura dramática y teatro en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM. Como actriz ha participado en Flor de lluvia de la compañía Las Primadonnas en distintos festivales en la Ciudad de México de 2012 a 2013. Actualmente cuenta con un apoyo de CONARTE para estrenar su obra Inmarcesible en Monterrey. Es becaria de la Fundación para las Letras Mexicanas.
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