No se aceptan guiones malos, Derbez

noo

Mi hermano tenía que ver, para una tarea, No se aceptan devoluciones, la película de Eugenio Derbez anunciada hasta la náusea. Lo acompañé y, como él pagó las entradas, puedo escribir este texto sin rencor.

De dicha película palomera e intrascendente he leído desde reseñas cursis (como ésta) hasta críticas flamígeras (como ésta). Miel y veneno se han derramado en torno a la ópera prima del Lonje Moco.

Ahora: que para Derbez el humor es un chicle que se puede reciclar, eso ya lo sabemos; que cualquier bodrio que produzca Televisa Cine tiene su dosis –letal– de melodrama, eso también lo sabemos ya. Por eso me propongo concentrarme en un terreno particular de la cinta, del que casi no se ha hablado: el guion. Y ya se verá por qué.

(Spoiler alert: el guion de esta película es tan malo que incluye sus propios spoilers.)

Derbez encarna a Valentín, un gigoló acapulqueño con miedo al compromiso que un mal día tiene que hacerse cargo de una hija fruto de sus aventuras, a quien la madre ha abandonado. Para devolver a la niña viaja a Los Ángeles pero, oh vuelta de tuerca, termina encariñándose con ella y consigue un trabajo de doble cinematográfico para mantenerla. Siete años después, la madre vuelve e intenta quitársela. A lo largo de la historia se menciona además el secreto de una enfermedad que se nos oculta tramposamente.

Esta historia fue diseñada y ensamblada por tres personas. Tres. No es poca cosa. Tres cabezas, tres sueldos: Guillermo Ríos, Leticia López Margalli y el propio Derbez que, como diría un amigo poeta, se quiere comer la caca a puños.

Ninguno de ellos tres creyó necesario, para empezar, que No se aceptan devoluciones tuviera un conflicto dramático, médula y sazón de toda película –salvo excepciones de cuyas pretensiones ésta se encuentra lejos–. Bueno, en honor a la verdad sí tiene uno chiquito, pero ya hacia el final, cuando la madre vuelve por la hija y crea –por fin– una tensión de fuerzas opuestas. El problema es que para llegar ahí nos recetamos más de una hora de una introducción eterna cuyo único sostén es una relación padre-hija que no hace sino redundar cada escena y que termina por precipitar un final atropellado.

Lo anterior basta para darle a leer el guion a la trituradora, pero además, a ninguno de los tres se le ocurrió (spoiler alert, éste sí de a de veras) que si Valentín fuera el enfermo terminal que nos ocultan, perdería la custodia de la niña de inmediato y se acabaría la peli; ergo, la única posibilidad restante es que sea la niña quien está enferma. O sea, con apenas una fosforescencia neuronal por parte del público a media película, se les pudre la sorpresa.

A los tres, eso sí, les pareció de buen gusto una escena final en la que el omnipresente Derbez camina por la playa, vestido de blanco, como en cualquier video del Buki.

Los tres, también, consideraron una idea prometeica torcer y alargar la historia con escenas inútiles, sólo para que Jesús Ochoa y Lola la Trailera pudieran inflar el orgullo nacional con sus respectivos cameos.

Yo esperaba ver una mala película bien escrita, como suelen ser los éxitos de taquilla dominguera. Pero lo único que estos tres tristes guionistas lograron fue un alebrije feo entre los alebrijes. Basta compararla con Nosotros los nobles, otra cinta mexicana facilona y de evasión (cine del nuevo sexenio) que sin embargo está impecablemente escrita.

Mi punto es: Derbez tiene derecho a hacer guiones malos, siempre que se filmen con dinero de su bolsa. No se aceptan devoluciones se realizó con apoyo de, entre otros, el Fondo de Inversión y Estímulos al Cine (Fidecine) y el Estímulo Fiscal para la producción de largometrajes (Eficine 226).

¿Qué no hay en todo el país mejores guiones que el IMCINE pueda apoyar? ¿Quién demonios los revisa? Oso mil.

O quizá, al leer el título del guion, pensaron que era amenaza.

@Ad_Chz

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Adrián Chávez

Escritor y traductor, autor de 'Señales de vida' (Fá Editorial). Ha sido becario del Fondo Nacional para la Cultura y las Artes (FONCA) en el área de novela y es editor de La Hoja de Arena. Alterna la literatura y la traducción con la docencia. Twitter: @nochaveznada