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Migraciones, puertos y paisajes: la música mexicana contemporánea de Verónica Valerio

 Verónica Valerio Viajes

Las armonías acuáticas que brotan del arpa salpican y refrescan el lienzo. El timbre de la voz evoca los colores del Sol y una confesión hace de ésta una Serpentina de papel como hilos al viento. En la imagen y en las sensaciones hay paisajes dóricos templados al Trópico, con el agua y sus vapores, con el ánimo y sus estados, con el tiempo y sus cambios. Soy agua / desde que estuve en el vientre de mi madre / Soy la brisa de la tarde / que regresa envuelta en nube. Las manos, sin dejarse ver, revelan el pulso femenino y amoroso de una bordadora de canciones que selecciona con cuidado los tonos de sus cuerdas y traza hacia el firmamento un arcoíris con alas. Artesana sonora, viajera por los senderos de la música y sus diversidades, habitante frecuente de los puertos y sus regalos en la memoria, Verónica Valerio es al mismo tiempo cantora y tañedora de sus propias historias.

Verónica nació en Veracruz y a los dos años fue llevada por su madre a vivir a Campeche. Sus recuerdos más entrañables sobre las primeras impresiones del entorno son los de las frescas casitas de palma y lodo, el satín de los vestidos de las mujeres y, traída hasta sureste mexicano por el gusto del pueblo local, la Colombia cumbiana… vaya, la cumbia colombiana. De Puerto Morelos sabe que su infancia estuvo rodeada por el mar y por la convicción sobre sus significados, decidida convicción, como aquella que la acompañaba muy de mañana cuando antes de que sus padres despertaran ella ya estaba lista para entrar en el piélago. También sabe –porque eso le contaron- que a los 3 años se fue caminando sola y desnuda hacia el mercado.

A los 13 años regresó a Veracruz. Había crecido con músicas diversas: Pavarotti, Rockdrigo González, música tradicional… Sin embargo, fue en esta etapa que puso más atención a los contextos fuera de su hogar, como en aquello que ella llama los soundtracks de los camiones, donde iba como pasajera imaginando las historias cotidianas de los choferes que cerraban la jornada escuchando salsa romántica.

A los 19 incursionó en Juventud Sonera y a los 23, con el propósito de ampliar su aprendizaje sobre la música y enriquecer su contexto, decidió emprender un nuevo viaje que sería decisivo para su carrera. Al respecto, ella cuenta:

“La opción fue Nueva Orleáns porque era propicio. Entonces cantaba son y pensé que ahondar en las raíces del blues y el góspel enriquecerían mi forma de decir las cosas. Pensaba que sólo cantaría, llevaba un arpa porque fue mi regalo y porque no quería olvidarme del son; además, calculaba que me daría tiempo para estudiar y sacar algunos sones.  Cuando llegó el huracán Katrina, un año después, desaparecieron mis cosas personales, mi violín y mi arpa, y me fui a Nueva York. Allá, cantando son cubano y bolero, me fue necesario explorar en los géneros de mi cultura para exponer mi trabajo,  y así comencé a acompañarme unas rancheras al arpa. Después me dieron ganas de componer mis canciones.”

Su formación se dotó aún más en su paso por las experiencias en Nueva Orleáns y por el Conservatorio Boys and Girls Harbor de Nueva York.

 La propuesta de Valerio está definida por ese tránsito que nos narra, y Viajes de ida y vuelta es el resultado sonoro-vivencial más reciente de lo que ella define como aquello que “salió de un puerto, fue a otro y regresó ampliado, re-contextualizado.” En el disco encontramos una fusión entre la música tradicional mexicana y latina con el soul, el jazz y con la manera que ella ha adoptado para darle forma a sus composiciones: la canción.

 En el álbum participan Santiago Ojeda, Ricardo Martín y HernanHecht como productores, así como Aarón Cruz, Celio González, Ulises Martínez y Leopoldo Novoa como músicos invitados. Será presentado de manera oficial el próximo 14 de diciembre en el Centro Cultural del México Contemporáneo.

La también violinista, que en los últimos años ha colaborado con agrupaciones como Los Folkloristas y Tembembe Ensamble Continuo,es a la par arpista y vocalista actual del trío Playa Magenta, cuyo material discográfico está recién terminado y listo para darse a conocer.

Al preguntarle sobre su experiencia en la fusión y en su búsqueda por un gusto estético personal, la cantante responde:

“Creo que no me gusta lo convencional y me queda claro que somos bombardeados por músicas y por estándares de cosas que no somos nosotros. Creo profundamente en y amo la diversidad. Busco acercarme a otras personas compartiéndoles mi historia de búsqueda en ese sentido. Hay migración hacia todos lados y aquel o aquello que migra, aunque regrese, ya no regresa igual. Hay que hablar de eso, enfrentar eso aun si no sabes qué es ni dónde ponerlo. No creo en las fórmulas de fusión. En lo que creo mucho es en compartir tus encuentros con otras cosas.”

Las letras en su trabajo también son el resultado de esa búsqueda de un puente entre lo tradicional y el resto de sus exploraciones, y recurre tanto a la mezcla de formas y versos propios de la lírica del son, como a textos de su autoría. Tal es el caso de Cielito lindo, tema mexicano muy conocido, principalmente interpretado por conjuntos de mariachi -género de la región del Occidente de México-, del cual hace una versión incorporando a la letra original una décima del son jarocho Aguadiosa y elementos de su inspiración.

 

La sangre es como los ríos

que van tejiendo memoria

y así se tejió la historia

de la sangre de los míos

Del cerro hacia los bajíos

se juntaron las corrientes

Entre lluvias y crecientes

entre montañas y llanos

se reunieron mis hermanos

mis padres y mis parientes

Ya van caminando

los mineros a su tren

Llevan presurosos

los zapatos rotos

de tanto correr

 

Que no quiere oro,

que no quiere plata

¿Qué es lo que quiere?

Quiere romper la piñata

 

Mestiza, dentro de géneros hermanados en la raíz caribeña encuentra el ritmo cálido y cadencioso para relatar con cumbia y arpa los vuelos más bien melancólicos de una Guacamaya que partió de algún lugar del Golfo de México. Migrante, se fue a los Estados Unidos a explorar nuevas formas para su voz a través de la herencia musical afroamericana, y hallóse desde su condición de latina cantando también boleros y rancheras. Viajera permanente y urbana, volvió a México en 2010 y se asentó en el Distrito Federal para tomar talleres de música experimental y artes escénicas, pero principalmente para componer de manera íntima y rigurosa, haciendo en el espacio citadino un surco que abre caminos y la oportunidad para hacer un relato sonoro con la ventura de cada lugar.

En la poesía, que le resulta liberadora, lleva el pulso para ir contando historias. Con puertos y ventanas detrás de sus ojos, va bordando y dejando en los lugares unas imágenes por otras.En la falda lleva el azul porteño y tejido en satín de sus recuerdos. En el arpa, dice, transporta reminiscencias del mar, un piano compañero –acompañante- y la forma de los barcos. En la voz lleva la fuerza y la claridad de un sonido propio. En Viajes de ida vuelta regresa a los escenarios trayendo con ella la certeza de que no hay recorrido que no enseñe a evocar el pasado para afirmarse en el momento presente.

 

Desorden de las estrellas

hoy que salí a mirar

buscándome estoy en ellas…

No me he podido encontrar

 

Y son cinco minutos el instante eterno

Razones poderosas bajo el mismo cielo

Miradas que pretenden resarcir el tiempo

En cada despedida, un instante nuevo

@LauraMurciaMx

Página web: http://www.veronicavalerio.com

Facebook: https://www.facebook.com/veronicavalerioarpayvoz

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