Merry Auschwitz

Traducción de Adrián Chávez 

No estoy a favor del Estado de Israel. No me gusta la derecha, ni la ultraderecha, menos la poética utópica de izquierda. Me opongo a la jungla liberal y la retórica globalista me da náuseas. No admiro a ningún presidente, menos a algún dictador, respeto más a quien ha perdido la vida por un ideal que por una bandera; de éstas lo único que admiro son las combinaciones de los colores. Soy un ser humano y, como todos, tengo miedo a lo largo de la vida. Pero no tanto a las personas, ni a Trump, ni a Peña, ni a Maduro ni al autoerotismo fascista que ellos ponen en práctica. Temo a las ideas. O mejor, a las ideas hechas pasar por verdades. Creía que la existencia de una Flat Earth Society, defensora de la planicidad de la Tierra, fuera laxante suficiente, incluso por medio de la risa. Pero no. Pendejo yo. Se me estaban olvidando los negacionistas del Holocausto, que yo creía muertos y sepultos bajo el lecho de la memoria de quienes lo sobrevivieron. Y todo por culpa de un post publicitario en Facebook sobre el documental Paraíso en Auschwitz, etiquetado en los comentarios como el enésimo filme sobre “la mentira del siglo”. Es, cuando menos, la idea de muchos tristemente jóvenes internautas afectados por el morbo incurable de cambiar las enciclopedias por YouTube.

Voy a extender un velo de piedad sobre sus motivaciones, sus documentos “ultrasecretos” y hasta sus eminentes libros de propaganda, gracias a la cual se nos acusa a los demás de “afirmacionistas” que aún deben abrir los ojos. Lo voy a extender porque ya va a ser Navidad, y hay que ser portarse bien.

Por ello, querido amigo negacionista, te deseo:

Que un calvito de raza superior te explique el significado de la posición horizontal. Vamos a ver si dices que no existe. Admítelo, te la estás pasando chido.

Que el mismo energúmeno calvito, esta vez acompañado por sus amigos, llegue en una camioneta negra, y en ella meta a cada miembro de tu familia, acusados todos y todas de no ser suficientemente alto y güero.

Que los lleve a disfrutar a la alberca, al teatro, al campo para practicar deportes diversos (¡eso explica las duchas!) y a toda clase de “actividades recreativas”, según tus propias palabras, en esos centros de bienestar, como el de Dachau. Lo sentimos, pero Auschwitz es sólo para clientes Gold.

Te deseo, luego, que no veas ya nunca más a tus seres queridos. Claro que no hay razón para preocuparte por ellos como hicieran millones de estúpidas familias durante la guerra; es obvio que se la están pasando bomba entre chapuzones y cervezas junto al Mengele en turno. Ya no digamos que, con esos hornos, ¡las pizzas y demás delicias que no se han de cenar! Afortunados.

Te deseo también que no te encuentres a algún sobreviviente del Holocausto en algún país de Europa, o a su descendencia, cuyos testimonios quizá no encontrarás siempre en los libros, porque llevan una vida tratando de olvidar la tortura que padecieron, ni en YouTube, porque a lo mejor ni saben qué carajos es. Ahora que, si te llega a suceder, mejor corre, escapa, porque si el citado calvito te pareció malvado, estos seguramente son peores.

En fin, espero que no seas capaz de olvidar nunca cada uno de los bellos momentos vividos, para que los escribas en un libro que me envíes la próxima Navidad, o para contármelos en persona, de modo que puedas mostrarme las marcas que la violencia atroz dejó en tu piel, y convencerme de hasta dónde pueden llegar la insania del poder, la lógica perversa de una economía como fin de sí misma, el racismo, el salvajismo, los hombres fuertes en el poder, la desinformación, la ultraderecha, la ultraizquierda, la demagogia, el populismo, el aislamiento social, la indiferencia de la gente de a pie, la negación de la libertad de expresión y de imprenta, la segregación, los muros, las dictaduras…

Pero, antes de eso, te doy un consejo, de cuates.

Guarda tus energías.

Para mí no existes.

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Fabio Ughetti

Fabio nació en Sicilia, creció en Calabria y estudió en Boloña. Ahora vive en México, está casado con una mexicana, y sabe de qué lado se dobla la tortilla.
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