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Me quiero fumar La Hoja de Arena

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Cuentan los chismes de la Historia que cierto lingüista soviético, cuyo nombre olvidé después del examen, fue exiliado por Stalin a Siberia, donde le dio mucho frío y no tuvo más opción que fumarse la tesis en que estaba trabajando y de la cual el mundo no conoció más que los vaporosos restos fúnebres.

Afortunadamente, vivimos una época en la que al papel se le acabó el monopolio de la lectura. Desde hace tiempo coexisten las publicaciones culturales impresas y las digitales; pero por los resquicios del pasado inmediato empiezan a asomarse –con esa cara de intrepidez que esconde los miedos laxantes del pionero– nuevos espacios, cuyos esfuerzos se han volcado exclusivamente al mundo virtual.

Antes (léase: hace nomás unos añitos), las revistas culturales veían la luz en la red porque el presupuesto para impresión rebasaba los lacrimosos bolsillos de sus directores; generalmente morían con la misma velocidad con que nacían, en algo que ni siquiera puede calificarse de olvido, como una camada de conejos bebés soltados en cualquier rincón de la tundra siberiana. Ahora, sin embargo, la nueva generación de publicaciones se reconoce en su hábitat y no necesita aclimatarse; sabe que las cadenas de papel se rompen con un jaloncito y que en la plataforma virtual las palabras y las imágenes caminan, corren, bailan con la libertad que a la tinta todavía le asusta. Sabe, además, que la Internet no es plato de segunda mesa ni un aperitivo para la (a veces sobrevalorada) edición impresa; todo lo contrario: es el plato fuerte.

Me complace decir que La Hoja de Arena pertenece a esta generación incipiente. Me alegra ser parte del equipo que la hace posible y, desde aquí, felicito a sus creadores, colaboradores y lectores, por su segundo aniversario. Agradezco a quienes nos acompañaron ayer a la celebración y los invito a todos a darse una vuelta por el nuevo sitio y el primer número de la nueva época (www.lahojadearena.com). Dan ganas, no sólo de leer La Hoja de Arena, sino de fumársela. Y lo mejor: no se consume.

@Ad_Chz

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Adrián Chávez

Escritor y traductor, autor de 'Señales de vida' (Fá Editorial). Ha sido becario del Fondo Nacional para la Cultura y las Artes (FONCA) en el área de novela y es editor de La Hoja de Arena. Alterna la literatura y la traducción con la docencia. Twitter: @nochaveznada