Mai-Sho-Gaku: La transformación de lo eterno

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Entrar al Foro Sor Juana Inés de la Cruz es como caminar entre la niebla. El hielo seco invade todo el suelo y da la impresión de haber entrado a un sueño ajeno, a un estado de consciencia tan vago que sólo se puede distinguir la entrada a un templo japonés.

El Dios del Rayo aparece de pronto y comienza a tocar un tambor japonés. Cuando termina, se une al Dios del Viento, quien da una breve demostración de su maestría con instrumentos como la flauta y las cuerdas. Ninguno de los personajes habla, sólo expresan con su cuerpo y sus instrumentos lo que ocurre en escena.

Al ritmo de la música, un joven monje hace caligrafía y mueve suavemente todo su cuerpo al hacerlo. Escribir, no me cabe duda, es hacer que el alma baile. Dibuja un poema japonés que, luego me entero, habla de que nadie es eterno.

Sale otro personaje que no logro reconocer sino hasta después y, a los pocos minutos, es acompañado por otro con melena larga. Bailan, disfrutan su cuerpo al ritmo de los instrumentos que, desde lo alto, tocan los dioses. Me vuelvo cómplice de todo lo que ocurre, de los trazos de pintura, los personajes y la música, hasta transformarme junto con ellos.

No siento pasar el tiempo sino hasta que todo queda en negro y me doy cuenta de que en toda la obra nadie dijo nada. Sin embargo, se comunicaron con cada uno de los espectadores y transmitieron una historia rica en símbolos culturales.

 Mai-Sho-Gaku, dirigida por Irene Akiko, no es una obra de teatro habitual. Es un espectáculo multidisciplinario que mezcla e innova en materia de movimiento. Vale la pena ir a verla para sumergirse en la abstracción y el movimiento. Eso sí, sin niños, para poder disfrutar todo a plenitud.

La obra se presentará del 8 al 25 de agosto de 2013 en el Foro Sor Juana Inés de la Cruz en el Centro Cultural Universitario de la Ciudad de México.

@a_deyden

Texto en colaboración con DistritoTeatral.mx

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