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Los transgénicos son el nuevo coco

GM-Protest

Es extraño que en este época llena de aparatos y tecnologías producto de los abundantes y extraordinarios descubrimientos científicos que sucedieron durante el siglo pasado también exista una corriente de voces (llamarla corriente de pensamiento sería otorgarle una cualidad que no tiene) contra los últimos desarrollos tecnológicos y avances de la ciencia. Principalmente estas voces envuelven dos temas en particular: el de la genética aplicada (transgénicos, células madre inducidas, etc) y el de la medicina (tratamientos contra el VIH, terapia del cáncer, etc).

Quienes abogan por detener la producción de organismos genéticamente modificados (OGM’s) parecen asustarse por la capacidad del hombre de controlar la naturaleza, poder crear seres vivos con las características deseadas para realizar cierta función. Se les olvida que el hombre ha realizado, por métodos mucho menos eficientes, la modificación genética de animales y plantas para ajustarlos a nuestros gustos y deseos: sólo giren la mirada hacia el perrito french poodle que descansa a sus pies o a las frutas que compramos en el mercado local. De hecho, muchos productos farmacéuticos o alimentos son producidos por organismos genéticamente modificados para producirlos: antibióticos, anticuerpos, sueros o hasta quesos y cervezas son elaborados por microorganismos que han recibido una manita de gato en el laboratorio. Sin embargo los gritos contra los transgénicos son muy populares hoy en día aunque muchos de sus argumentos contra esta tecnología tiene fundamentos económicos, políticos y sociales… cuestiones totalmente ajenas a la genética: “Monsanto es malo, por lo tanto las tecnologías que Monsanto usa son malas”.

También han surgido muchos artículos, videos y libros de personas que rechazan los tratamientos aceptados por la comunidad médica/científica contra enfermedades como el cáncer y prefieren abrazar alternativas no probadas ni eficaces. Mucho de esta actitud se debe a una desconfianza en la honestidad de las grandes corporaciones farmacéuticas, quienes controlan una industria que anualmente genera trillones de dólares de ganancias. Si bien dicha desconfianza es hasta un punto justificada (todos sabemos lo malvados que pueden ser esos capitalistas con sus sombreros y monóculos diabólicos), los promotores de las terapias alternativas no reconocidas paradójicamente también obtienen ganancias por otorgar sus tratamientos.

A mi parecer, las posturas aquí resumidas se basan principalmente en la falta de información y en el desconocimiento del funcionamiento del proceso científico. Es curioso que quienes abogan por la prohibición de los transgénicos muchas veces no conozcan qué es un gen, cómo funciona la regulación genética o entienda algo sobre la tecnología para crear OGM’s, o quienes sugieren un tratamiento contra el cáncer a base de bicarbonato de sodio, jugo de limón o una dieta vegetariana no tengan el mínimo conocimiento de fisiología humana.

El motivo de estas líneas no es condenar ninguna postura sobre estos temas, todos somos libres de defender la idea que más nos acomode. Es más, la ciencia para funcionar correctamente requiere de un minucioso escrutinio y crítica de sus resultados. Está bien desconfiar de los transgénicos. Es sano que exista interés por nuevas terapias médicas. Sin embargo estas posturas deben estar respaldadas con información. Internet nos ofrece el poder de convertirnos en expertos en cualquier tema. Usémoslo.

Posdata

Francis Crick (uno de los descubridores de la estructura del DNA) cuenta que un día estaba atorado con un problema en el laboratorio y uno de sus compañeros le propuso una solución un tanto extraña. Sin embargo Crick inmediatamente hizo caso de la sugerencia de su amigo ya que él nunca hablaba de lo que no conocía y sólo se atrevía a elevar su voz si tenía información con la cuál respaldar su opinión.

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Fernando Galicia

Estudié ciencia, pero ahora me dedico a leer y escribir cuentos. Director de La Hoja de Arena.
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