Los “sin nombre” de Baja California Sur

vagabundo

Sin nombre, así avanzan por las calles de La Paz. Son fantasmas, espectros grises para una sociedad que los desechó y los llevó a un plano alterno, regido por el mezcal, el chemo, el cristal y la violencia. Su vida no es importante para la mayoría. Deambulan abrazados a su pasado entre los rincones progresistas de la capital. Son los seres de la nada, los engendros del progreso, los nativos de lo inhabitable.

Cuando le di la mano a Adolfo y chocamos nuestras miradas en señal de respeto mutuo, alcancé a ver la monumental desdicha de su vida. En unos cuantos segundos pude hurgar en lo profundo de su alma. Fue como husmear  en el humano oculto debajo de toda esa vestidura desgarrada y puerca. Era mi igual: dos hombres saludándose, reconociéndose. Divisé, pese a su borrachera, el agradecimiento de no ignorarlo. Nunca creí que un michoacano como él, orgulloso de su oficio (jornalero), terminaría viviendo a la intemperie, en la carencia.

El domingo 06 de enero, voluntarios de la organización Medio Ambiente y Sociedad (MAS) iniciaron un viaje a las entrañas no reconocidas por autoridades estatales y municipales. Un recorrido por el mundo de un puñado de personas sin hogar. Unos los llaman indigentes, para otros simplemente no existen. Ese día, una equipo preocupado por la realidad olvidada de los paceños decidió enfrentarla. Iban armados con buena voluntad y cargados con tamales, champurrado, ropa, cobertores y despensas para hacer pasar un día de reyes más confortable. Un Granito de Arena, es el nombre del nuevo programa social de MAS y va orientado a apoyar a personas en situación de calle.

Adolfo pertenece al primer grupo que localizamos en el estacionamiento de Ley Las Garzas, integrado por Emiliano, oriundo de Chihuahua,  quien dijo lo atrajeron con engaños a Baja California Sur para laborar en los campos de los ranchos agrícolas de la región. Marcial es el otro sujeto que completa el clan. Luce despeinado, tiene la boca inflamada con una gran costra roja, la camisa cubierta de sangre, expedía un balbuceo combinado con chillidos equiparable al del lloriqueo de un niño: un llanto amargo con sabor a pobreza. Sus compañeros aseguraron que “se rompió la geta luego de ponerse una pedota”. El alcohol le provoca una especie de epilepsia, dando como resultado que de pronto azote como un costal de carne vieja.

Los engendros del progreso tienen una característica singular: la mayoría no pertenece al estado. Son jornaleros o auxiliares de albañil, provenientes del Estado de México, Veracruz, Chihuahua o Michoacán, de aspecto sucio. Algunos portan gorras o camisetas con insignias de algún partido político, PRI, PAN, PRD, da lo mismo. Sólo en época de elecciones elevan su rango, obtienen valor, tienen identidad para los políticos que los buscan: se convierten en un voto seguro. Su piel está curtida por el sol, durante las largas jornadas de trabajo – cuando llegan a tener – en las rancherías.

¿Son cristianos? O ¿por qué nos ayudan? –preguntaba Adolfo con rostro de incredulidad. Luego empezó a cantar: Dios está aquí, qué hermoso es

No, espera –interrumpió uno de quienes le daban comida–  somos una organización civil y queremos ayudarte –  le respondió con una sonrisa la integrante de Medio Ambiente y Sociedad (MAS).

En caravana, los jóvenes partieron en busca del segundo punto, a unos metros del lugar. El calor avivaba el ánimo junto a la primera acción en la tienda de conveniencia. Nadie se imaginaría que 30 personas iban a recibir un pedacito de ayuda de esos idealistas. Nos dirigimos al bordo del arroyo El Cajoncito, paralelo al Daniel Roldán Zimbrón, una zona habitacional improvisada, de alto riesgo. Al descender el empinado bordo, por una pequeña vereda, se alcanzó a ver al fondo una humareda junto a tres sujetos.

¿Y tú qué opinas?
The following two tabs change content below.
Avatar

Carlos Ibarra

Avatar

Artículos recientes por Carlos Ibarra (see all)