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Los seis meses de ingobernabilidad en Michoacán

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De carácter urgente Michoacán merece un nuevo gobierno. El jefe priista del ejecutivo estatal, Fausto Vallejo Figueroa, no ha demostrado una fuerza propia para sacar adelante a un estado que se hunde en llamas. Apenas comenzaba su mandato, el gobernador mandó una solicitud de licencia al Congreso del Estado de Michoacán para dejar el cargo durante unos días por motivos de salud. De abril a octubre de este año, el estado no tuvo a su gobernador elegido. Después de una álgida elección, en la cual los ojos estaban puestos en el priista y en la hermana del entonces presidente de México, ganaron los rojos y con ellos la ingobernabilidad imperdonable de un estado tan productivo como violento.

Justo cuando el gobierno federal intenta sanar la herida que dejaron los huracanes Ingrid y Manuel, la ciudadanía empieza a voltear a ver al pueblo michoacano y no es para menos. Por un lado, están Los Caballeros Templarios que buscan una expansión de terrenos y una defensa de lo ya conquistado; por otro, están Los Zetas y La Familia Michoacana, grupos criminales y causantes de terror en la sociedad debido a su guerra integral en busca de plazas libres y listas para el flujo de drogas y dinero; también están las “guardias comunitarias”, integrantes de grupos detractores y defensivos de un poder confuso, causantes de protestas y enfrentamientos con los grupos narcotraficantes antes mencionados que al final terminan en muerte y polvo; no nos olvidemos de una deuda interna tan grande como la que dejó el ex gobernador de Coahuila y que cada ciudadano está inerme a su pago; por supuesto está la acción inexistente de parte del gobierno de la República, que sólo ha visitado en contadas ocasiones el estado de Michoacán y la ciudadanía está en desesperación y dejadas al milagro.

Escribe Fausto Vallejo en su cuenta de twitter: “La paz no solo se restablece con policías, si no mejorando la economía.” ¿De qué restablecimiento habla el gobernador si ni siquiera ha dado un intento por establecer su mandato? Establecer un mandato no es estar fuera casi seis meses y mandar a las llamas al estado que te dio su voto; no es dejar y ser negligente que los grupos de choque y de poder sean los que al final tomen las decisiones sociales y de tránsito de estructuras estatales; no es no exigir al gobierno federal al menos un mensaje de suerte y milagros escondidos o un apoyo político y real: gobernar no es destruir sino construir. Es claro, en nuestro país la regla es inversa.

Michoacán es tan sólo un destello político de lo que sucede en muchos municipios del país y en el sistema estructural y político entero. Un juego de piezas que más que dinero, cuesta sangre y cuerpos. Aunque al gobernador le ha costado un esfuerzo mínimo por no ser sacrificado. ¿Y el sacrificio de los gobernables? La urgencia ya no es la gobernabilidad sino el peligro de no saber por quién estamos siendo transparentemente gobernados.

Twitter: @yosoyatzin

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Carlos Atzin

(Toluca, 1991) Estudió Comunicación Social en la Universidad de la Comunicación. Escribe crónica y entrevista, y fue becario de la Fundación para las Letras Mexicanas en el área de poesía (2014-2015).
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