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Los privilegios de Cuarón

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Alfonso Cuarón le hace diez preguntas al presidente. El presidente le responde. Son, con exactitud, las mismas interrogantes que diversos medios, muchos expertos y cientos de miles de ciudadanos han hecho circular por todos lados desde que se anunció la reforma energética. Pero el presidente le respondió a Alfonso Cuarón. Lo prometió por Twitter.

¿De qué privilegios goza, en esta democracia, el director de La princesita? ¿Por qué a él sí contesta y a todos los demás nos ignora? ¿Es porque es famoso? ¿Por su premio Óscar? ¿Es porque es hombre? ¿O porque a Peña siempre sí le interesa el mundo de la cultura? ¿Porque le gustó Gravity? ¿Por qué, señor presidente?

Me pregunto qué habría pasado si, en lugar de Alfonso Cuarón, hubiera sido Amat Escalante ―mexicano ganador en Cannes por Heli, esa película que algunos llamaron “traición a la patria”― quien lanzara las diez preguntas. ¿También le habría respondido? No me juzgue por dudarlo. Estoy seguro de que a Cuarón no es al único al que le alcanza para publicar un desplegado en medios nacionales. Pero usted eligió responderle a él. Por qué.

Es simple: a usted no le interesa contestar las preguntas, sino que todos vean que está dispuesto a contestarlas. Usted lo que quiere es usar el documento de Cuarón como su alfombra roja particular. Él está en la cima de la popularidad, usted está justo del lado opuesto. Él acaba de ser nombrado persona importante por una de esas revistas importantes y es orgullo forzado de la nación ―qué orgullo nacional no lo es― por una película sonsa aunque visualmente perfecta. Está bajo el reflector, camina investido de esa aura de éxito que al gobierno de usted tanto le gusta capitalizar ―aun cuando ese éxito lo haya logrado saliendo de un país sin suficientes oportunidades, el país al que usted supuestamente sirve―. A usted no le importa la opinión de Cuarón sino su imagen positiva. Esas respuestas que todos esperamos son para usted apenas el equivalente a una foto en la que estreche la mano del cineasta, al jingle de sus comerciales de campaña. Y sí, considerado lo anterior, también le contestó a Cuarón porque él tiene el dinero para pagar espacio en los periódicos. Usted siempre le ha hecho caso solamente a quienes tienen dinero para comprar su atención; es lo más cercano que tiene a una ideología.

No me malinterprete, señor presidente. A mí, aunque no me gustó Gravity, me parece muy valiente y muy valioso lo que hizo el famoso ciudadano Alfonso Cuarón, y suscribo cada una de sus preguntas, y me parece muy bonito que usted se digne “entablar un diálogo”, para usar los eufemismos que tanto le gustan. Pero, dado que usted ha decidido responderle a él y despreciarnos a todos los demás, no me juzgue si enfatizo la vacuidad estratégica de algunas de sus respuestas (el ya famoso “crecimiento al mediano plazo”) o la redundancia evasiva de otras (repetir que Pemex debe competir, pero evitar hablar de la corrupción interna que difícilmente se lo permitirá), porque usted quiere responder, no informar. No soy de esos de las teorías conspiracionistas, pero comprenderá lo sospechoso de que hasta ahora a usted no le había parecido una prioridad que tuviéramos las cosas claras, no hasta ahora que al Mejor Director de Hollywood se le ocurrió preguntar.

Acéptelo, señor presidente, usted sólo quiere ser famoso.

@Ad_Chz

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Adrián Chávez

Escritor y traductor, autor de 'Señales de vida' (Fá Editorial). Ha sido becario del Fondo Nacional para la Cultura y las Artes (FONCA) en el área de novela y es editor de La Hoja de Arena. Alterna la literatura y la traducción con la docencia. Twitter: @nochaveznada