Los palestinos luchan por sus vidas, los judíos por la ocupación

Sí, ésta es una guerra y el primer ministro Benjamin Netanyahu, con el mandato del pueblo, ha ordenado su intensificación. Él no escucha los mensajes del presidente palestino Mahmoud Abbas de conciliación en tiempos más tranquilos, ¿por qué los escucharía ahora?

Netanyahu está intensificando la guerra principalmente en el este de Jerusalén, con orgías de castigo colectivo. Prefiere mostrar el éxito de Israel en desconectar físicamente a Jerusalén de la mayor parte de la población palestina, lo que acentúa la ausencia de dirigentes palestinos en Jerusalén Este y la debilidad del gobierno en Ramallah, que está tratando de detener su hundimiento en el resto de Cisjordania.

La guerra no se inició el pasado jueves (1° de octubre), no comienza con las víctimas judías y no terminará cuando no haya judíos asesinados. Los palestinos están luchando por su vida, en el sentido pleno de la palabra. Nosotros, los judíos israelíes, estamos luchando por prevalecer como una nación de patrones, en la peor crueldad del término.

Que nos demos cuenta de que hay una guerra sólo cuando judíos son asesinados no anula el hecho de que los palestinos están siendo asesinados todo el tiempo, y que todo el tiempo estamos haciendo todo lo posible para hacer su vida insoportable. La mayoría de las veces se trata de una guerra unilateral, librada por nosotros, para conseguir que digan “sí” al amo, “muchas gracias por mantenernos vivos en nuestras reservas”. Cuando algo en la unilateralidad de la guerra se altera y judíos son asesinados, a continuación prestamos atención.

Los jóvenes palestinos no salen a matar judíos porque son judíos, sino porque somos sus colonizadores, sus torturadores, sus carceleros, los ladrones de su tierra y el agua, los que los mandan al exilio, los demoledores de sus hogares, los bloqueadores de su horizonte. Los jóvenes palestinos, desesperados y con deseos de venganza, están dispuestos a perder sus vidas y causar a sus familias un gran dolor porque el enemigo que enfrentan demuestra cada día que su maldad no tiene límites.

Incluso el lenguaje es malicioso. Los judíos son asesinados, a los palestinos se les mata y mueren. El problema no comienza con nuestra negación de permitir escribir que un oficial o un policía militar asesinaron a palestinos, a corta distancia, cuando su vida no estaba en peligro o por control remoto o desde un avión o con un dron. Pero es parte del problema. Nuestra comprensión está cautiva de un lenguaje retroactivamente censurado que distorsiona la realidad. En nuestro idioma, los judíos son asesinados porque son judíos y los palestinos hallan su angustia y su muerte, porque, supuestamente, eso es lo que están buscando.

Nuestra visión del mundo está determinada por el engaño constante de los medios de comunicación israelíes, que eluden su deber de informar sobre eventos o por su carencia técnica y capacidad emocional para contar todos los detalles de la guerra mundial que estamos llevando a cabo con el fin de preservar nuestra superioridad en la tierra, entre el río y el mar.

Ni siquiera este diario cuenta [Haaretz] con los recursos económicos para contratar a 10 periodistas y llenar 20 páginas con informes sobre todos los ataques en tiempos de escalada y todos los ataques de la ocupación en tiempos de calma, desde los tiroteos, pasando por la construcción de una carretera que destruye un pueblo, hasta la legalización de asentamientos y un millón de asaltos más. Todos los días. Los ejemplos al azar que nos las arreglamos para reportar no son sino una gota en el océano y no tienen ningún impacto en la comprensión de la situación de la gran mayoría de los israelíes.

El objetivo de esta guerra unilateral es forzar a los palestinos a renunciar a todas sus demandas nacionales en su tierra natal. Netanyahu quiere la escalada porque la experiencia ha demostrado que los períodos de calma después de los episodios sangrientos no nos regresa al estado inicial, sino más bien a un nuevo nivel mínimo en el sistema político palestino y añade privilegios para los judíos en el Gran Israel.

Los privilegios son el principal factor que distorsiona nuestra comprensión de nuestra realidad, nos ciega. Gracias a ellos, no somos capaces de comprender que incluso con un débil liderazgo “presente-ausente”, el pueblo palestino -disperso en sus reservas para indios- no se dará por vencido y seguirá encontrando la fuerza necesaria para resistir nuestra maliciosa ocupación.Iconofinaltexto copy

Artículo originalmente publicado en Haaretz.com

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Amira Hass

Amira Hass es corresponsal del diario Haaretz en los territorios ocupados Vivió durante tres años en Gaza, experiencia que sirvió de base para su aclamado libro "Drinking the Sea at Gaza"
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