Letras de mezcal

Suele ser motivo de desconfianza que un escritor hable de su propia obra, sobre todo porque de esa manera suele dejar al lector a merced de interpretaciones que quizás nunca habría sido capaz de encontrar por sí mismo. Muchos prefieren que el lector se encamine mediante sus propios senderos a través de una novela, sin rebuscadas o quizás ininteligibles teorías hermenéuticas. En El volcán, el mezcal, los comisarios, volumen publicado por la Universidad Veracruzana y traducido por Sergio Pitol, es una compilación de dos cartas escritas por Malcolm Lowry que muestran un nivel tanto hermenéutico como autobiográfico, las cuales nos permiten ver su obra mayor desde una óptica a veces inesperada.

La carta del 2 de enero de 1946 que Malcolm Lowry enviara a Jonathan Cape, editor en inglés de Bajo el volcán –novela pensada para formar parte de un grupo de seis o siete que ya no escribió, y que hoy es su obra principal–, para defender la novela tal como había sido escrita contra la opinión de un lector anónimo que se quejaba de ciertos excesos formales y que proponía algunos cortes en varios capítulos, es al mismo tiempo una glosa que bien podría fungir como apostilla para un volumen de colección, ya que la multitud de temas que explora a la hora de defender, y por tanto interpretar, su propia creación han seguido vigentes entre sus más fieles seguidores, que se han visto incapaces de agregar algún otro tópico más allá de lo que el propio Lowry menciona: los doce capítulos como una representación tanto circular como cabalística, el descenso a los infiernos totalmente emparentado (y bajo la forma de una parodia un tanto agria) con el dantesco, el absurdo que se trasmina en ciertas escenas, así como el humor equívoco que subyace en otras tantas, la falta de un dibujo más preciso de los personajes, el flujo de conciencia muy al estilo modernista, la parodia y diálogo con el Ulysses de Joyce, entre otros temas.

Con esa carta queda claro además que Lowry sabía perfectamente la clase de obra que había hecho, y que confiaba en que el lector sería capaz de escuchar el ritmo y humor requeridos para disfrutar de Bajo el volcán sin la impaciencia que demuestra el lector anónimo de Cape ante ciertos capítulos.

En la segunda carta que integra El volcán, el mezcal, los comisarios, enviada al abogado Ronal Paulton, veremos las pesadillescas peripecias que tendrán que padecer Malcolm Lowry y su segunda esposa, Margerie Bonner, desde el 10 de marzo de 1946 hasta principios de mayo del mismo año, cuando Malcolm hace su segundo viaje a México después de haber escrito Bajo el volcán con el efecto de la profunda impresión que significara su estadía de 1936 a 1938. Un equívoco con relación a las fechas de permanencia del escritor será suficiente para que se vean arrastrados al remolino de la kafkiana burocracia mexicana, que inexplicablemente parece complacerse en sustraerles el mayor número de dólares y hacerlos dar innumerables vueltas entre Cuernavaca y la ciudad de México, hasta que finalmente consiguen salir, casi por piedad de un funcionario de migración, por Nuevo Laredo, justo cuando serían deportados humillantemente. Nunca regresarán a México pese a su gran amor por el país, pero las cartas quedarán como documentos invaluables para entender mejor a uno de los escritores más singulares (quizás nadie como Lowry para mostrar cómo la literatura puede estar tan entreverada con la vida) que produjo el siglo XX.

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@elReyMono

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Víctor Sampayo

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