Lectura, arte y chamanismo

sirena

El sábado 12 de noviembre me invitaron a participar en un evento que se hizo en Tlaxcala por el día nacional del libro; aquí abajo reproduzco el texto que leí ese día.

Después de las recientes elecciones en Estados Unidos tengo miedo, genuinamente. Me hizo pensar seriamente respecto a mi futuro y a mi vida presente. No es exageración, el país del norte quedará en manos de una bomba de tiempo. Pero eso no es todo; Estados Unidos, el hogar de lo políticamente correcto, acaba de quitarse la máscara y revelar lo que realmente es, lo que en realidad nunca se fue a ningún lado. Estados Unidos resultó ser mucho más racista, misógino y repleto de odio de lo que podríamos haber imaginado, triunfó la gente furiosa, la gente que odia.

Todo eso está sucediendo mientras nosotros nos reunimos aquí, en Tlaxcala, una ciudad diminuta que parece la versión mexicana del Springfield de los Simpsons, nos reunimos aquí con motivo del día nacional del libro. Uno tiene que preguntarse: ¿tiene sentido, cuando la situación mundial está hirviendo? Pues sí, ahora más que nunca.

Pensando en lo que iba a venir a decir hoy decidí que había dos maneras de abordar el tema. La primera sería ponerme todo fantoche y pseudo intelectual, pretender “hacer un análisis de la situación” desde los puntos de vista más estirados posibles y sentirme el gran analista región cuatro. O la otra opción, que es abordar el tema desde un ángulo muy personal y sincero. Opté por lo segundo, así que comenzaré diciéndoles que soy un fan absoluto de los libros de Harry Potter.

Mencionar en estos momentos la saga escrita por Rowling no es frívolo en absoluto. La saga gira en torno a un gran tema: la muerte, que sin embargo no es de ningún modo “el enemigo” de la historia. Los enemigos dentro de la historia son el odio, el racismo, la discriminación, los prejuicios, cosas que estuvimos escuchando en las noticias durante los últimos meses, cosas que vimos ser vitoreadas y aplaudidas por la mitad de uno de los países más poderosos del mundo. ¿Puede alguien detener aquella avalancha que ya es oficial? Nadie puede, como no sea en un acto estilo JFK… pero si ahora ampliamos un poco el panorama parecería que, entonces, tampoco nadie puede detener el odio y el racismo omnipresente en todo el mundo, los bombardeos en Siria, la crisis de los migrantes en Europa ni la trata de personas en México, etc, etc. Estamos viviendo, bien hasta el cuello, en una realidad asquerosa, tanto en una escala de amenaza global como a una escala cercana y cotidiana. ¿Cuál es el sentido entonces de que vengamos aquí a sentarnos todos a hablar de que nos gusta leer mientras, aquí mismo en el estado, el índice criminal ha crecido alarmantemente las últimas semanas?

Pues bien, hace algún tiempo estaba leyendo un reportaje sobre los libros de Harry Potter. Se realizó un estudio en Europa con el que se averiguó, básicamente, que los niños y jóvenes que habían leído estos libros y habían desarrollado un vínculo emocional con la historia y los personajes mostraban una visión mucho más positiva hacia los inmigrantes y la comunidad LGBT.

Desde luego leer un libro no define todo, hay otros factores de por medio, pero de cualquier manera los libros SON un elemento crucial y con peso real al momento de formar la visión que tenemos del mundo.

Una corriente de pensamiento espiritual que abarca a griegos y a algunos santos católicos dice que el hombre nace sin alma, y que es su deber cultivarse una durante su vida. Los libros son una tela de la que tomamos trozos para ayudar a confeccionar nuestra alma. Cuando se lee un libro con sinceridad (es decir, leer el libro que a uno le da la condenada gana, porque le da la regalada gana, cuando se le da la gana y decidiendo permitirle llegar realmente a nuestro interior), nos afecta espiritualmente de igual manera a como nuestra alimentación afecta el cuerpo a nivel químico y celular.

Si tomamos al Arte como algo vivo entonces podemos dividirlo en dos partes: su cuerpo y su alma. Su cuerpo serían el dibujo y la pintura, su alma sería la literatura. No estoy diciendo que nada que no sea plástica o letras no sea arte, sólo digo que estos dos aspectos son los componente primigenios sobre los que se construye todo el arte, igual a como el carbono es la base de todas las formas de vida en la Tierra. Siendo así las cosas, podemos disfrutar del arte como un animal de cuerpo y alma conjuntos en el buen cine, en los buenos comics o en las mejores series televisivas, donde la literatura es la historia que le da peso y que la une a nosotros con vínculos muy profundos, la literatura es esa alma que habita un cuerpo hecho de imágenes, ya sean dibujadas o filmadas, un cuerpo de imágenes que nos da las sensaciones más inmediatas y evidentes, incentivos externos a los sentidos de nuestro propio cuerpo.

Podemos disfrutar entonces del cuerpo del Arte por sí solo bajo sus distintas manifestaciones: pintura, dibujo, escultura, arquitectura… cosas con un fuerte valor estético, cimentadas visualmente en el mundo físico, cosas que podemos ver y señalar frente a todos.

Luego está la literatura. Una cosa intangible que comienza a formarse en la mente de una persona y termina de formarse en la de alguien más. Stephen King escribió que la literatura es en realidad telepatía, porque transporta una imagen específica de una mente a otra. Me parece que esto es cierto, pero creo que es algo mucho más profundo, porque un buen libro no se queda sólo en la mente. Escribir es el arte más solitario de todos y leer es una de las cosas más íntimas y privadas que pueden hacerse, incluso estando en un lugar repleto de gente. La literatura es comunicación directa entre almas.

Por cierto, me parece que la música es literatura sin palabras, o al menos con palabras de un idioma ajeno a nuestro genuino entendimiento; las letras musicales son un añadido muchas veces glorioso pero de ningún modo imprescindible, hablando en términos generales. Así pues, creo firmemente que la verdadera literatura no es exclusiva de los libros, podemos encontrarla en un comic (Neil Gaiman es una referencia obligada en este punto), en la música (como acabo de mencionar), en aquellas series de televisión que nos hacen reír, temer y llorar por personajes que para nosotros son de carne y hueso, y desde luego que hay infinitamente más literatura en la película Birdman, de Iñárritu, que en los libros de E L James, por ejemplo.

Ahora, si ya estoy repartiendo atributos literarios a diestra y siniestra no es por despilfarrar, es porque, en realidad, todo este asunto nace de un punto básico, El Punto, con mayúscula. Lo más importante de todo es aquello que se encuentra detrás del arte, aquello que no es otra cosa más que literatura sin nombre formal; lo más importante aquí son las historias, la ficción, quizá el único atributo positivo que nos diferencia de los animales.

Las historias son la forma primigenia de transmitir conocimiento, de heredar tradiciones, de guardar información, de explicar cosas importantes. Todos nosotros necesitamos historias, todos necesitamos ficción, fantasía, horror, ciencia ficción, misterio, costumbrismo, poesía… necesitamos ficción porque muchas veces olvidamos cómo es la realidad. Esta es una verdad enorme y poderosa: la ficción es una herramienta vital para comprender mejor la realidad. Aunque, desde luego, su calidad y la dosis de arte con que esta ficción sea confeccionada determinarán qué tan profundo calará en las personas. Libros como los de Harry Potter, Ana Karenina, Grandes esperanzas o La trama nupcial son auténticos regalos divinos que nos ayudan a comprender mejor cómo funciona la vida, cómo funcionan las personas y lo que hay en el alma no sólo de la gente sino del propio lector.

Así que volvemos al inicio; por supuesto que los libros son un tema crucial, ahora y siempre, en medio de tanta oscuridad. En este punto debo citar a Alan Moore:

“Yo pienso que la magia es arte, y que el arte, sea música, escritura, escultura o cualquier otra de sus formas, es literalmente magia. Arte es, como la magia, la ciencia de manipular símbolos, palabras o imágenes, para conseguir cambios en la consciencia… precisamente lanzar un hechizo es simplemente deletrear, manipular palabras, para cambiar la consciencia de la gente, y por esto es que pienso que un artista, un escritor, es lo más cercano que hay en el mundo contemporáneo a un chamán.”

Ahí está, esa es la clave de todo. Los buenos libros son indispensables como parte del mundo de todas las personas, aunque entre más jóvenes mejor. Los libros, la literatura, pueden significar un cambio que de ningún modo será explosivo y de un día para otro, pero definitivamente sirven como un poderoso hechizo que poco a poco, mente a mente, alma a alma, vaya modificando la realidad. De modo que no se extinguirán los problemas, las graves crisis mundiales, es imposible exterminar el mal en el mundo porque se trata de una batalla eterna; pero los libros y la literatura ayudarán a formar personas suficientemente sensibles para reconocer las injusticias y distinguir lo que es correcto, personas suficientemente inteligentes para encontrar soluciones en su entorno cotidiano, suficientemente valientes para hacer cosas. Significa un cambio que al principio parece diminuto pero que, poco a poco y si se va extendiendo, puede llegar a tener un largo alcance, es ir transformando átomo por átomo hasta conseguir modificar el organismo entero del animal despotricado que es el mundo. Ayuda a formar una resistencia que se enfrente a lo más grave de la realidad.

Aclaro, eso sí, que leer no es automáticamente un remedio milagroso, la panacea que transforme a la gente con la facilidad con que se activa un interruptor. Leer tampoco te vuelve automáticamente una buena persona, así como unirse a cualquier religión tampoco te convierte automáticamente en alguien santo sólo porque sí, pero sí es una herramienta valiosísima que cada persona puede decidir utilizar; cada uno decide dejar que el arte, en cualquiera de sus formas, influya en uno mismo. Como todas las cosas, uno tiene el libre albedrío de decidir cómo utilizarlo, cómo canalizarlo, cómo volverlo parte de uno mismo. Las verdades que no podemos negar son las siguientes: quien lee con sinceridad y auténtico placer aprende que el mundo existe más allá de sí mismo y que todos a su alrededor no son mera escenografía, sino personas tan complejas como él, aprende incluso mucho más sobre sí mismo. Quien lee apasionadamente se da cuenta de que otros mundos son posibles, tanto los buenos como los malos, y ambas posibilidades dan mucho en que pensar. También es posible que quien se enamora de leer se dé cuenta de que puede provocar el mismo efecto, él mismo convertirse en un chamán capaz de transformar su realidad.

Leer ha vuelto mi vida mucho, muchísimo más interesante y compleja de lo que jamás habría sido sin libros. Leer ha completado mi vida. Sé que soy alguien afortunado no sólo por haber nacido en una casa llena de libros, sino que sé, además, que soy una persona muy afortunada porque vivo en un lugar donde puedo tomarme el tiempo de leer sin preocuparme por buscar restos de comida en los basureros, sin preocuparme porque un avión pueda arrojar una bomba sobre mi casa en cualquier momento. Todos nosotros, aquí, ahora, somos así de afortunados, y considero que eso nos confiere la obligación de aprovechar nuestras circunstancias para procurar nutrir y mejorar nuestras almas. Disfrutar del arte, leer, son placeres inmensos y muy personales, pero además, en conjunto, son un deber ineludible para que una civilización avance…. ¡incluso más! Para que una civilización pueda autoproclamarse como tal.

No vine hoy con intención de convertir a nadie en lector, eso sería como pretender convertirlos en adictos al chocolate o fanáticos del fútbol en quince minutos: este tipo de placeres enviciantes no pueden imponerse, tan sólo promoverse y, si se hacen bien las cosas, contagiarse por medio de constancia y paciencia. Así que hoy solamente vine con intención de decir algunas ideas que sostengo sobre la lectura y el arte en general, un par de reflexiones en voz alta que, actualmente y cada vez más, me parecen importantes para poder seguir adelante, para pensar que no todo está perdido, porque disponemos de la poderosa hechicería del arte, de la literatura, como arma contundente contra la oscuridad que nos rodea. Iconofinaltexto-copy

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Diego Minero

Tlaxcala, 1990. Se dedica a la escritura y a la ilustración. Ha sido becario del Foecat en dos ocasiones en la disciplina de Letras, y ganador del Premio Estatal de Cuento (2010); publicó la novela ilustrada 'El pueblo en el bosque', la novela corta 'Un último vaso de Jerez' y el cuentario ilustrado 'Grand Guignol'. Ha publicado columnas y viñetas en diversos medios impresos. Ha tomado un par de talleres, pero el grueso de su formación ha sido autodidacta.