X-Men: la respuesta mutante a la opresión

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La historia de las relaciones entre los pueblos no puede contarse sin hablar de opresión; por eso,  este tema es tan recurrente en la creación artística. Todas las personas sufrimos por las mismas causas, así seamos seres comunes o súper héroes de un cómic de Marvel. Son los mismos conflictos los que terminan por dividir a los grupos humanos: los privilegios, la intolerancia y la fobia a las diferencias. A propósito de X-Men: Días del Futuro Pasado, es éste el desmadre que atraviesan los mutantes a cada rato y al hacerlo representan nuestra realidad en una alegoría de la opresión que sufren las minorías.

Los mutantes, creados por Stan Lee y Jack Kirby, son un fiel retrato de los grupos marginales de nuestras sociedades. Podrían ser los negros, los indígenas, las mujeres o los gays; cualquiera, nada más que con superpoderes para que la historia tenga su sal y su pimienta. Sin embargo, más que un recuento de vejaciones, las historias de los X-Men van sobre las formas en que han decidido enfrentar los pies que buscan aplastarles como larvas. Su desarrollo en conjunto se trata de una alegoría de los movimientos sociales. El Profesor Xavier y Magneto representan las dos posturas principales que, a través del desarrollo de la humanidad, han surgido para enfrentar la discriminación y las segregaciones.

Está por un lado la visión reaccionaria que se congratula de poder autonombrarse ‘radical’. Ante la opresión, su actitud es la de la venganza que encuentra en la separación la respuesta ante cualquier conflicto. Es ésta la postura de Magneto, quien no puede aceptar la sola idea de vivir con quien le ha despreciado. Para él, el privilegio del que abusaron sus victimarios hace que estos no puedan ser respetados como personas y que no tengan siquiera derecho a vivir.

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Su papel es el de las corrientes separatistas que satanizan a quienes alguna vez han discriminado desde una posición ventajosa (los hombres, los blancos, los heterosexuales, los ricos). No es que tuviéramos que construir un monumento para ellos, claro, tienen su responsabilidad y no los justifico; sin embargo, estas posturas se olvidan de que los victimarios también son personas y de que sus abusos han sido cometidos debido a su contexto violento o falto de acceso a la educación.

La lucha de Magneto es una alegoría de las posturas separatisas que abogan por la emancipación de los oprimidos de los privilegiados. Así, como si todos fuéramos negros o blancos, totalmente buenos o perdidamente malos. La vida sin escala de grises. Son éstas también las posturas que derivan en el fundamentalismo y, eventualmente, en el terrorismo.

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Por el otro lado está el hombre pacifista, el que decide creer en la dignidad que existe en todas las personas. El que es capaz, incluso, de extender este concepto y permitir que toque no sólo a los humanos sino también a cualquier otro ser poseedor de consciencia. Xavier decide evitar la destrucción, prefiere no creer en la palabra «enemistad» y aceptar que un acto (por más jodido que sea) no define a una persona.
Se encuentra una y otra vez contra la misma historia: el Estado que les discrimina y persigue como si no fueran personas. El que institucionaliza el miedo y la fobia que a algunos les inspiran los mutantes. Esta lógica eliminacionista lo lleva a tener que tomar decisiones de las que depende no sólo su vida sino la de cientos de personas mutantes y también comunes y corrientes. Xavier se da cuenta de que es un líder y, más allá, de que la causa que lidera y defiende es más grande que el orgullo que se manifiesta en una bandera. Lo que defiende es el bienestar de un mundo.

Xavier podría casarse con las típicas consignas que exigen la destrucción de las instituciones, la toma de venganza (que no es lo mismo que justicia) en contra de los victimarios, la destrucción del Estado y todas esas cosas que se pintan con aerosol en las paredes después de (muy anarco el pedo) destruir las ventanas de un Sanborns (loquillos). Pero el profesor sabe que no hay progreso a partir de la fragmentación. Se da cuenta, sobre todo, de que aún los procesos que hoy llamamos revoluciones no han resultado jamás en una hoja en blanco en la que se puede escribir desde cero.

Los preceptos del conciliador ganan por knock out. Xavier es poseedor de un rayo de sabiduría que es capaz de darle vida eterna a cualquier movimiento en favor de la paz y el bienestar común. Cuando la versión joven y yonki del profesor está a punto de tronarse, en X-Men: Days of the Future Past, la versión fuerte le recuerda que el regalo más grande que existe es saber que se puede sobrevivir después del dolor, y que se da gracias al más humano de todos los super poderes: La esperanza. Mientras ésta exista el mundo no va a resignarse a la catástrofe.

@dave_lefer

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David Ledesma Feregrino

Escritor en formación. Editor en Homozapping. Formó parte de la XIV promoción de la Fundación Antonio Gala para Jóvenes Creadores. Escribe ajeno. La más señora de todas las putas.
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