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La red es de quien la trabaja

Me platicaba un amigo el numerito de su maestra de periodismo, quien en sus clases perora, entre otras cosas, que los medios digitales están sobrevalorados, que la labor periodística “real” es privilegio del papel, y que los columnistas y articulistas jóvenes somos una ingenua versión bloguerito-escuincle-caguengue del líder de opinión.

Tengo la sospecha (y es sólo eso), de que la efervescencia de las nuevas tecnologías comunicativas ha dejado desamparada a una generación, cuyos maestros no necesitaron Internet y cuyos alumnos traemos el smartphone encarnado. Algunos de los adultos pertenecientes a ella –los más inteligentes–, se han adaptado a las nuevas formas, pero otros se empeñan en ser el elemento viscoso del flujo evolutivo. En su defensa, han revestido su nostalgia del periodismo en papel con un aura esotérica cada vez más inverosímil: si no te mancha los dedos, es publicación de juguete.

No obstante, uno se mancha los dedos –y el alma– con columnas de papel como la que hace algunos meses escribió Guillermo Dellamary para el periódico jalisciense El informador, un diario impreso “serio” que además tiene su versión electrónica. El texto en cuestión se llama “Diferencias entre pobres y ricos”.

Dellamary es licenciado en psicología y filosofía, así como doctor por la Pontificia Universidad Gregoriana; es terapeuta desde hace más de veinte años y colabora con MariaVisión y Catholic.Net. Su texto es un despliegue de estupidez babilónica y hedor discriminatorio equiparables sólo con los de la hija de Enrique Peña Nieto, autodenominada “Princesa de México”. Este columnista, quien muy probablemente –a diferencia de muchos de los escuincles caguengues que escribimos en la red– cobra un sueldo, se pregunta si el dinero ayuda a mejorar la genética, pues “en su experiencia” los ricos tienden a ser guapos y de buen gusto, mientras que los pobres no saben lo que es un desodorante y en general son poco atractivos. Según la lógica de Dellamary –que es bastante feo, por cierto–, Emilio Azcárraga y Carlos Slim tienen perfil griego.

La red ha democratizado cultura y basura por igual; lo cual no quiere decir que tenga la exclusividad de la porquería. Cada vez hay más medios digitales, algunos creados por gente joven, que buscan descollar con un trabajo editorial decoroso; uno que sirva de filtro, por ejemplo, para evitar la publicación de textos como el del doctor Dellamary. Quienes escribimos columnitas ociosas y gratuitas en Internet sabemos dónde estamos parados y, a diferencia de muchos opinadores (y opinaderos) consagrados, no aspiramos al monopolio de la verdad. La red, miss, es de quien la trabaja.

Yo me pregunto dos cosas: ¿Dónde demonios está el editor de El Informador?, y ¿qué mundo habita la maestra de mi amigo? Quizá vivan escondidos en la misma cueva.

@Ad_Chz

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Adrián Chávez

Escritor y traductor, autor de 'Señales de vida' (Fá Editorial). Ha sido becario del Fondo Nacional para la Cultura y las Artes (FONCA) en el área de novela y es editor de La Hoja de Arena. Alterna la literatura y la traducción con la docencia. Twitter: @nochaveznada