La Novela

Desde que mi quitaron las vendas en septiembre (producto de aquel infame episodio con el sociópata y la sopa maruchan) retomé la escritura de mi novela. Tenía escrito ya cincuenta cuartillas, las cuales destruí y tuve que reescribir el inicio. Más que hablarles sobre la anécdota y los temas de la novela (cosa que no me gusta hacer), quisiera compartirles algunos consejos que me han enseñado en la Escuela Mexicana de Escritores.

   El primer punto, valiosísimo, es que no existe la hoja en blanco. Cualquier persona que se decida a escribir y declare que no puede contra la hoja en blanco no es escritor, sólo un ingenuo. Llegar al campo de batalla sin armas y sin entrenamiento es una estupidez –y un suicidio –. Uno ya debe traer en sí mismo una visión, una imagen que quiere decirse, además de apuntes y al menos un arco dramático en alguna libreta. Cuando se comienza a escribir se echa mano de estos recursos y se deshace el mito de la hoja en blanco.

   Hay que aceptar que no vamos a producir una obra original. La razón principal por la que uno decide ser escritor es que una lectura (o varias) lo ha dejado tan impactado que quiere continuar y reproducir esa magia. Somos nuestras lecturas, aprendamos de los mejores autores.

   No es lo mismo el escritor que el autor: tú y yo no importamos, somos simples humanos que ahí la llevan en la vida, unos con más suerte que otros. Las voces que narran la historia vienen de los más profundo de nosotros, mas no son nosotros. Hay que aprender a escucharlas y hacer a un lado nuestro intelecto y pretensiones para dejarlas salir. La voz va a venir de nuestras lecturas y de nuestro contacto con la oralidad.

   Disciplina, disciplina, disciplina. Quizás se la pasan bien los escritores de cantina, pero a ver cuándo terminan una obra (espero que sea antes de que les de cirrosis o se queden sin dinero). Hay que hacerse de un horario rígido, en donde la hora o dos horas más importantes son las dedicadas a la escritura. No hay nada de mayor valor que la obra en la vida de un escritor.

Hay más secretos, pero si los quieren inscríbanse en la escuela. No se van a arrepentir. Es una sandez y franca mamonería aquello de que “Los talleres no sirven”; nadie te puede enseñar a escribir, pero sí te pueden guiar.

Si a alguien le interesa mi novela, podrán ver una muestra de ella en el próximo libro de Almadía titulado Cartografía de la Literatura Oaxaqueña Actual que se presentará el 5 de noviembre en la Feria Internacional del Libro Oaxaca 2012.

Y ya para cerrar con broche de oro: Juan Rulfo acerca del proceso de creación.

Todo escritor que crea es un mentiroso, la literatura es mentira; pero de esa mentira sale una recreación de la realidad; recrear la realidad es, pues, uno de los principios fundamentales de la creación.

Considero que hay tres pasos: el primero de ellos es crear el personaje, el segundo crear el ambiente donde ese personaje se va a mover y el tercero es cómo va a hablar ese personaje, cómo se va a expresar. Esos tres puntos de apoyo son todo lo que se requiere para contar una historia: ahora.

Cuando yo empiezo a escribir no creo en la inspiración, jamás he creído en la inspiración, el asunto de escribir es un asunto de trabajo; ponerse a escribir a ver qué sale y llenar páginas y páginas, para que de pronto aparezca una palabra que nos dé la clave de lo que hay que hacer, de lo que va a ser aquello. A veces resulta que escribo cinco, seis o diez páginas y no aparece el personaje que yo quería que apareciera, aquél personaje vivo que tiene que moverse por sí mismo. De pronto, aparece y surge, uno lo va siguiendo, uno va tras él. En la medida en que el personaje adquiere vida, uno puede, por caminos que uno desconoce pero que, estando vivo, lo conducen a uno a una realidad, o a una irrealidad, si se quiere. Al mismo tiempo, se logra crear lo que se puede decir, lo que, al final, parece que sucedió, o pudo haber sucedido, o pudo suceder pero nunca ha sucedido.

La novela, dicen, es un género que abarca todo, es un saco donde cabe todo, caben cuentos, teatro o acción, ensayos filosóficos o no filosóficos, una serie de temas con los cuales se va a llenar aquel saco; en cambio, en el cuento tiene uno que reducirse, sintetizarse y, en unas cuantas palabras, decir o contar una historia que otros cuentan en doscientas páginas; ésa es, más o menos, la idea que yo tengo sobre la creación, sobre el principio de la creación literaria; claro que no es una exposición brillante la que les estoy haciendo, sino que les estoy hablando de una forma muy elemental, porque yo les tengo mucho miedo a los intelectuales, por eso trato de evitarlos; cuando veo a un intelectual, le saco la vuelta.

Les comparto una foto de mi escritorio:

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Antonio Vasquez

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