La niña inerte

Con el corazón destrozado, Rafael Cruz Ibarra realizó un viaje sentimental a Buenos Aires hace un par de años. Ninguna ciudad es carnaval para los desdichados pero en cambio sí es lienzo. Por ello, sobreviviendo gracias al diminuto escándalo que salía de sus audífonos y con el Río de la Plata de fondo, nuestro abrumado artista ideó, a pie, la exposición que aquí nos reúne.

No me cuesta trabajo imaginar a Rafael Cruz por las calles de la alegre y triste ciudad bonoarense. Un día, toma un periódico y lee la nota de una niña extraviada. En un arranque decide abandonar sus tardes de turismo y mejor ponerse a buscar a esa niña. Tampoco me cuesta trabajo imaginarlo indagando infatigablemente el paradero de tal chiquilla. Las odiseas rumbo a lo imposible son alimento seductor para nuestro artista visual, mi compañero de otras banquetas.

Rafael busca a la niña y compra periódicos. Busca a la niña y compra periódicos. De este binomio surgen las dos piezas que conforman esta exposición.

No es mi intención explicarlas, sólo enunciar un informe que quizá ayude al espectador a disfrutarlas mayormente:

Por un lado, los “Poemas a la Niña Inerte”. Son cinco y los versos que los conforman son encabezados extraídos de los diarios que Rafael juntó en los días que sumaron su estancia en el cono sur. Una suerte de poema-collage. Retacería de un mundo siguiendo su rutina inagotable, un mundo al que le vale madre si una niña está perdida o no.

En la otra parte de la exposición, Rafael Cruz nos pregunta: ¿No están extraviados absolutamente todos los seres que aparecen en un periódico? ¿Cuál es la diferencia entre la foto de una niña perdida y el retrato de un fulano en medio de una muchedumbre durante un discurso político? ¿Entre la niña y el gentío de caras en una tribuna luego del gol? La respuesta pareciera ser: ninguna. Todos estamos perdidos.

Inmóviles y perdidos.

Inertes y extraviados.

Pero buscando…

Rafael Cruz regresó, afortunadamente, a este su hogar y laberinto mexicano. Varios años después indagó, cariñosamente, qué había pasado con la niña a la que buscó por doquier, sin conseguir encontrarla.

Cierro mi apunte enumerando así dos fracasos: el de Rafael Cruz y el de ella. La niña de nombre xxx xxx fue hallada muerta el x de x del 20xx.La Hoja de Arena

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Gabriel Rodríguez Liceaga

Defeño, del Barrio Bravo de Tepito. Autor de los libros de cuentos "Niños tristes" (Premio Maria Luisa Puga 2010), "Perros sin nombre" (Premio Bellas Artes de Cuento San Luis Potosí 2012) y "¡Canta, herida!" (Premio Nacional de Cuento Agustín Yáñez 2015). Además de las novelas "Balas en los ojos", "El siglo de las mujeres" y "Hipsterboy".
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