La Navidad es…

Tal vez te resulte familiar esta imagen: un pino extremadamente grande yace apretujado en medio de una sala estrecha. Ilumina la habitación con cientos de lucecillas coloridas, consumiendo innecesariamente energía toda la madrugada. Decenas de envolturas arrugadas y rotas ensucian todo el lugar; en unas horas ocuparán espacio en la basura, junto con moños, listones y cajas.

Es Navidad, dulce Navidad, y quizás sea un completo desperdicio de recursos, pero el bienestar que genera en las personas hace que valga la pena. ¿Y si no? ¿Y si es un fenómeno socioeconómico demasiado grande como para dejarlo caer, a pesar de las dificultades que genera?

…teóricamente ineficiente

La navidad es un tema serio para la economía. Las ventas navideñas representan entre 15 y 30% de los ingresos totales del año para el sector comercio y hasta 50% en algunos establecimientos. Es la prueba de fuego para artículos como juguetes, adornos y algunos alimentos como pavo y sidra.

Entre los individuos, la Navidad llega a ser una acción ineficiente. Esto significa que el valor de los recursos invertidos para el intercambio es menor al valor asignado al final del intercambio. Es la sensación de desenvolver con ilusión un regalo, para descubrir que es un innecesario par de calcetines y fingir una sonrisa para corresponder el detalle cortesía de tu novia. Valoras mucho menos esos calcetines que lo que le costaron a ella.

¿Cuánto varía la diferencia de valores? Joel Waldfogel ―investigador en Economía Aplicada de la Universidad de Minnesota― concluye, tras repetidas encuestas desde los años noventa, que la variación es de entre 10 y 40% según la cercanía entre personas, pero el promedio es 20%. Para Waldfogel, los regalos navideños son satisfacción evaporada: si inviertes cien dólares en el regalo para tu novia, la ingrata le otorgará un valor menor al precio que pagaste; teóricamente sería 80.

Entonces hay montones de dinero mexicano mal invertido cada diciembre. La firma Deloitte publicó para los días santos del año pasado la investigación Compras de Navidad 2012, donde expone los hábitos de compra de latinoamericanos. Según Deloitte, en el México de hace un año, el número de regalos que planeaban comprar eran cinco, con un costo unitario de $650 (entre los sectores socioeconómicos A,B y C). Entonces un mexicano de clase media gastó $3,250 en regalos navideños y sólo pudo dar 2,600 de felicidad a sus seres queridos. Y eso sin contar la salud mental.

...psicológicamente riesgosa

La Navidad entra en la categoría de economía conductual, o sea, el punto donde se cruzan las estrategias de mercado y nuestros sentimientos. Y cuando esto ocurre pueden aflorar trastornos mentales, como lo son las compras compulsivas.

Hay que diferenciar entre tipos compradores irracionales. Según el portal Finanzas Prácticas, los compradores impulsivos son aquellos que pueden planificar y tener claro lo que necesitan, pero su comportamiento cambia al ir de compras, debido a un estímulo externo, ya sea la publicidad, las novedades, las gangas o alguna sugerencia de las amistades. Las compras compulsivas, por otra parte, son aquellas motivadas por impulsos irresistibles de comprar desordenadamente para obtener una gratificación o estímulo.

Los orígenes del comprador compulsivo son varios. Carolina Barrera, experta en Psicología Clínica de la Universidad Autónoma de Querétaro, comentó al diario El Economista que un “origen específico puede ser la historia familiar; pues según estudios se ha identificado que aquellas personas que padecen esta adicción, se desenvuelven en un ambiente donde las cosas materiales son el motivo principal de su funcionamiento como sistema familiar”. Otra causa es que las personas crecieron con privación emocional o financiera, y cuando son capaces de costear las compras por sí mismos, compran en exceso como un medio para no volver a su situación anterior. Aún así, no es predecible que alguien con ese pasado desarrolle ese comportamiento.

Si esta patología resulta conveniente para el sistema económico, ¿por qué no fomentarla? De hecho así sucede, transformando el impulso en compulsión. En temporada navideña, hay una gran predisposición a que muchas personas no compradoras compulsivas presenten alguno de los síntomas, por la fiebre de consumo en regalos familiares. CNN Expansión reporta que alguien con sentimientos de baja autoestima puede equiparar tener una buena Navidad con comprar cosas. Especialmente por la recesión económica de los últimos años, a los consumidores se les hace sentir que, con respecto a hacer ciertas compras, es ahora o nunca.

El portal Finanzas Prácticas comenta que las estrategias publicitarias llegan a crear determinadas necesidades bajo la premisa de la compulsión, donde lo material da felicidad momentánea, aludiendo a que en esta temporada debemos fomentar nuestra cualidad para compartir y dar sin esperar nada a cambio, lo que implícitamente es una motivación a comprar por comprar; ser irracional, cuando el uso eficiente de recursos se hace racionalmente

Y, al parecer, esto aplica en México, pues el informe de Deloitte expone que el 70% de los mexicanos acuden a tiendas departamentales, las que más publicidad invierten y donde el comprador está expuesto a ver más diversidad de artículos, y por lo tanto a comprar algo que no planeó ni necesitó. Al realizar compras navideñas en la tienda, el 89% de los mexicanos desean encontrar promociones. Son más que los que prefieren ver y probar el producto personalmente o recibir una buena asesoría por parte del vendedor.

…morosidad crediticia

Cuando gastas más de lo que tienes, hay consecuencias, y a la Navidad no le importa que tus intenciones sean buenas: igual te las cobra con intereses. Si no puedes con los pagos por el préstamo que te dio tu banco, eres un sujeto moroso. No te preocupes, como tú hay cientos de mexicanos después de los días santos. Según informa Sin Embargo, el Índice de Morosidad de la cartera de tarjeta de crédito para todo el sector bancario fue de 4.82% en enero del 2013 (o sea, tras el ciclo Buen Fin-Navidad- Reyes 2012/2013); esto es un incremento con respecto a lo registrado un año antes, 4.71%. Si nueve millones de mexicanos tienen plástico aproximadamente, estamos hablando de 433,800 deudores acabado enero de 2013. Quizás muchos no estarían en esa situación si no fuera por la Navidad.

El problema no es no pagar, sino qué pueden hacer para que pagues. Antonio Castillo Willars, delegado de la Condusef en Querétaro, comentó a El Economista  que “tarjetas sobregiradas, grandes volúmenes de deuda y, en muchos casos, presión de las agencias de cobranza son los primeros resultados negativos de un comprador compulsivo, para después llegar a los embargos o juicios mercantiles”. Sobre las agencias de cobranza precisó que “no son nada cautelosas para cobrar, más bien son incisivas, algunas veces hasta insultan indebidamente”.

A pesar de ello, el informe de Deloitte reportó que para la Navidad de 2012, el medio de pago más usado en México sería la tarjeta de crédito (49%), por encima del pago en efectivo (39%), o la tarjeta de débito (46%, los porcentajes suman más de 100 debido a las respuestas múltiples). Tal parece que nos gusta sentir la adrenalina de intentar sacar a cuentagotas el gasto a comienzos de año siguiente.

…realmente necesaria?

¿Qué haces cuando un fenómeno socioeconómico puede ser tan nocivo para tus relaciones personales, tu salud mental y tu estado financiero? Lo diluyes o lo arrancas de raíz.

Una persona que se sabe compradora compulsiva y mala administradora de su deuda, puede seguir consejos y planes financieros; o bien, ingresar a grupos de apoyo en línea. Existen portales como Deudores Anónimos (DA) donde, a semejanza de Alcohólicos Anónimos, tratas tu adicción con el apoyo de otros. En el caso de la Navidad, DA tiene un paradójico toque religioso, en el sentido de que el adicto se encomienda a Dios por no poder resistir la tentación de un día festejado en honor al nacimiento de Dios.

Una pequeña comunidad puede organizarse para una celebración austera, como propone el ecologista Bill McKibben con su idea de “Las Navidades de los cien dólares”. La idea de un límite de gasto es escapar al frenesí hiperconsumista. Con ello, McKibben afirma que “nos volvemos más imaginativos, hacemos regalos con nuestras propias manos, potenciamos de alguna manera los lazos de comunidad, perdidos desde que nos convencieron de que hay que subirse necesariamente al coche para ir al centro comercial”.

O bien, todo el género humano podría ya no festejar Navidad. Suena herético, pero hay especulaciones al respecto. El periodista Mark Whitehouse, de The Wall Street Journal, realizó una extraña consulta entre economistas: ¿Qué pasaría si la Navidad desapareciera como festividad, cuáles serían los efectos económicos? Las respuestas afirman que los consumidores gastarían más en ellos mismos o realizarían sus compras de una forma en que se repartirían a lo largo de todo el calendario. Entonces el proceso de asignación de recursos sería más eficiente porque los regalos se adquirirían a mejores precios y quedarían en manos de aquéllos que los valorarían más.

La Navidad quizás es demasiado importante en nuestra cultura como para borrarla, pero sus implicaciones socio económicas pueden ser nocivas. Se debe andar con precaución antes y durante Noche Buena. Un poco de racionalidad al comprar y regalar no le hace daño a nadie; es más, le hace bien a los bolsillos de las personas. Iconofinaltexto copy

 

Fuentes

http://www.cnnexpansion.com/expansion/2012/12/10/lo-irracional-de-la-navidad

http://eleconomista.com.mx/finanzas-personales/2011/12/22/riesgo-compras-sin-control

http://mexico.cnn.com/salud/2011/12/20/el-problema-de-los-compradores-compulsivos-aumenta-en-epoca-de-fiestas

¿Y tú qué opinas?
The following two tabs change content below.
Avatar

Javier Rendón

Avatar

Artículos recientes por Javier Rendón (see all)