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La cultura popular, ¿con qué se come?

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Si uno pregunta «¿Qué es cultura» en el metro, la calle o incluso una comida familiar, más de uno hará alusión a los murales Diego Rivera, El Laberinto de la Soledad—sin saber que Octavio Paz se robó descaradamente el trabajo de Samuel Ramos y Leopoldo Zea—, algún concierto de música clásica o sencillamente aludirá a todo aquello susceptible a ser exhibido en el Palacio de Bellas Artes. Para la consciencia colectiva, la cultura es ajena a la gente y sólo tienen acceso a ella quienes se instruyen.

Si bien esa idea está arraigada en la sociedad, no es verdad. Cultura, de acuerdo con la Real Academia Española, es el «conjunto de modos de vida y costumbres, conocimientos y grado de desarrollo artístico, científico, industrial, en una época o grupo social». O sea, todo. Desde nuestras variantes idiomáticas, historia y gastronomía, la cultura está en nuestra vida cotidiana.

Existen, de acuerdo con teóricos y académicos, dos tipos de cultura. La alta, en donde caben los conciertos de Brandemburgo y Ana Karenina—antes de Keira Knightley—, tiene que ver con la apreciación crítica del arte, por lo que requiere de cierto bagaje previo para ser comprendida. Por otro lado, la cultura popular es la que se puede reproducir con facilidad y que se puede entender gracias a la inercia de la vida social, sin necesidad de leer el Larousse ilustrado, así como las Marilyn Monroe de Andy Warhol o el celebérrimo Ola ke ase.

La cultura popular no suele ser tan abrazada en la sociedad porque, como dije, muchas veces se piensa en la alta cultura como la única expresión. Y eso, ya de forma inconsciente, genera dobles estándares que desacreditan los elementos a los que una persona está expuesta en su vida cotidiana. Si alguien se sabe de cabo a rabo Justine se le considera culto y digno de admiración—en especial los que no han leído nunca al Marqués de Sade—, mientras que un erudito de Batman es un geek.

Lo popular, sin embargo, facilita la interacción con otras personas porque permite relacionarse de manera natural. Tal vez uno no pueda ir hablando de El Confabulario con personas que no sepan de literatura, pero cualquiera puede tener una apasionada discusión sobre Dragon Ball durante horas. Es una cultura que acerca a la gente porque todos se pueden apropiar de ella con facilidad.

¿Alguna es mejor que la otra? No, de hecho su coexistencia es necesaria y se da de manera natural. Por mucho que haya escritores como la señora de Crepúsculo o la de 50 Sombras de Grey que se esfuerzan por degradar tanto las figuras y corrientes literarias como su propio trabajo. En algunos casos, sin embargo, la coexistencia es afortunada, como con Sherlock Holmes. En otros el contexto se transforma tanto que lo que era alta cultura se pierde, como en el caso de El Danubio Azul o de Toccata y Fuga, obra de Bach que se ha vuelto un referente obligado al Conde Pátula y vampiros en general.

Nadie puede vivir únicamente de los rasgos de la alta cultura porque no es parte de su realidad. Le guste o no, debe absorber y digerir lo popular también. Porque se encuentra en una sociedad y no puede negar todo lo que ello implica, desde un meme hasta música folklórica. La cultura popular existe, se come y es tan hermosa y tan digna como todo lo que vive en museos o en salas de concierto.

@a_deyden

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