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La caída de Madonna

 

Madonna se robó el show de los Brit Awards pero no de la manera en que hubiera querido. En cuestión de segundos, su aparatosa caída durante su interpretación de “Living for Love”, primer sencillo de su esperado disco Rebel Heart, le dio la vuelta al mundo. Memes y mensajes por todo Twitter y Facebook no se hicieron esperar. Había desde los chistosos hasta los agresivos que se burlaban descaradamente de la mujer de cincuenta y seis años cuyo rostro se ha transformado de forma extraña en los últimos años.

Yo he sido un “fan del infierno” de Madonna desde que era adolescente. Sobra decir que tengo biografías, playeras con su rostro y que sus discos no dejan de reproducirse una y otra vez en mi iPod. Me sé detalles de su vida que no debería saberme. Es una mujer que no se ha quedado con las ganas de nada (ni de nadie) en el mundo del espectáculo. Prácticamente no existe un estilo musical o actividad artística con la que no haya coqueteado. Ha hecho de todo y todo lo ha hecho bien. Incluso en la actuación, área en donde los críticos han sido despiadados, ha salido librada con creces. Es la definición de Gran Artista, de una leyenda de la música que en lugar de vivir de sus éxitos ochenteros, se empeña en verse vital, en bailar desquiciadamente sobre el escenario y ser ella misma.

Una de las cosas que noté en la respuesta mundial ante su caída fue la saña sobre su edad. Digo, incluso yo, que la idolatro con toda la fuerza de mi alma, de repente hago alguna broma al respecto. Pero no deja de llamar la atención que a mucha gente le moleste que quiera seguir actuando joven cuando en realidad ya no lo es. ¿Por qué insiste en hacer números musicales complicados más propios de una cantante joven? ¿Por qué enseña las nalgas en una alfombra roja? ¿Necesita mostrarlas? ¿Su cara soportará una cirugía más?

Estoy de acuerdo en que algunas de las actitudes de Madonna en los últimos años han sido chistosas y decadentes. Desde su divorcio con Guy Ritchie, la Madonna desatada de la época de Erotica quiso regresar. Su disco homenaje a las drogas, MDNA, demostraba que la reina estaba molesta, decepcionada del amor y lista para comportarse como toda una perra de nuevo. Lamió micrófonos en el escenario, enseñó las chichis y quemó su ropa de dama inglesa para ponerse, otra vez,  medias telaraña y ligueros. Yo estaba seguro de que se trataba de una etapa. El arte de Madonna siempre ha sido honesto y refleja lo que está viviendo en ese momento. Al escuchar los nuevos temas de Rebel Heart, se nota que hay una Madonna que, al menos espiritualmente, está en vías de recuperarse. Quiere ver la vida de forma diferente, quizás con mayor optimismo. “Living for Love” es eso: el discurso madonnesco creyendo de nuevo en el amor.

Todos debemos reconocer que nuestra reina ya no es la mujer del Blonde Ambition Tour, quizás uno de los mejores espectáculos de la historia de la música. Le faltan cuatro años para los sesenta y es una mujer que ha vivido grandes triunfos, pero también grandes derrotas. No obstante, hace lo que se le pega la gana. Sigue adelante, no mira atrás. Su valentía no termina por extinguirse. Le vale un sorbete que la llamen vieja o ridícula. No está dispuesta a caer en convenciones y ¿por qué habría de hacerlo? ¿Qué no hemos entendido, al verla durante treinta años de carrera, que su mensaje es ese? ¿Por qué debemos dejar de hacer ciertas cosas por la edad? ¿En dónde está escrito que pasando los cincuenta uno debe volverse un modelo de virtud? ¿Existe alguien capaz de ser algo semejante?

La libertad de Madonna molesta, provoca comezón. Quizás porque en el fondo todos quisieran ser ella. No teme mostrarse sexual, provocadora o como una maquina deseante. Vaya, estoy de acuerdo que unas nalgas de veinte no son unas nalgas de cincuenta, pero el simple hecho de tener el valor de romper con la convención es un acto digno y justo en este mundo hipócrita. Al presentarse descarada, Madonna nos está diciendo que el cuerpo es bueno, a pesar del tiempo, a pesar de todo. Y que debemos sentirnos a gusto con lo que tenemos.

La caída de la reina fue devastadora para sus fans. Por unos instantes pensamos que no se levantaría. La queremos tanto que somos conscientes de sus batallas y de sus heridas. No obstante, Madge se puso de pie. Actuó de forma impecable y le hizo honor a la representación de su rola: tomó al toro por los cuernos.  En cuatro minutos (ella ya había dicho antes en Hard Candy que podía salvar al mundo en ese periodo de tiempo) nos dio una lección: nos podemos dar un madrazo en cualquier momento, pero tenemos dos opciones: nos ponemos de pie y seguimos adelante, o paramos el show y nos metemos a la cama a llorar.

Gracias a Dios, a los hados, a las horas de ejercicio, a la disciplina, a su interminable talento o al pacto con el diablo que tiene, la Ciccone sigue de pie, enseñándonos cómo se hace.  Larga vida a la reina.Iconofinaltexto-copy

@AbramDominguez

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Abraham Miguel

Narrador y ensayista. Tiene estudios de Letras y Creación Literaria en el Centro Cultural Casa Lamm y de Escritura Creativa en la Universidad del Claustro de Sor Juana. Se especializa en Crítica y Literatura Victoriana. Twitter: @AbramDominguez