La banalidad de Hannah Arendt

La filosofía y el cine son buenos compañeros de ruta cuando no están unidos para crear una película de tesis. Uno de los riesgos de adaptar cinematográficamente una obra filosófica radica en perder potencialidad crítica o simplemente aburrir al espectador promedio. Hannah Arendt (Dir. Margaret von Trotta, 2013) corrió un doble riesgo: para el público ilustrado el filme es demasiado reduccionista; para el lego, compleja e intransitable. Sin embargo, la directora consiguió un efecto que otras películas de filósofos no habían conseguido: llevarla al  público masivo sin un resultado catastrófico. Anticipo mi juicio, la película tiene problemas similares a los del cine histórico: infiel a los hechos, cómplice del melodrama. El rigor histórico y el placer estético en tensión cinematográfica con una vida digna de ser filmada.

Centrada en el reportaje filosófico realizado por Arendt acerca del juicio de Eichmann en Jerusalén, la película recorre la vida universitaria de la filósofa, el intempestivo romance con Martin Heidegger, la relación lúdica con su marido, la dureza del exilio, la amistad con Mary McCarthy y, en última instancia, una vida filosófica dedicada a la tarea del pensar. Múltiples tópicos con inercia narrativa para ser objeto cinematográfico. El problema, entonces, no es con Arendt sino con la lectura de Trotta. Para el especialista el filme puede decepcionar: el romance con Heidegger fugaz y perecedero; Mary McCarthy, frívola y estúpida, más parecida a una Lady de Polanco que a la gran novelista y crítica del Partisan Review; Jaspers un guiño: aparece sólo como retrato en el estudio de la filósofa; Hans Jonas, un enamorado compulsivo con poca seriedad teórica, etc. Del contexto intelectual un caso idéntico: el “paraíso” de la cotidianidad norteamericana sin crítica ni vigilancia, el sionismo como instrumento de combate, la Europa devastada como un museo de atrocidades y la cátedra universitaria como un espacio idílico de discusión pública. Por estas razones, la película molesta a los exigentes filósofos “dueños” del último juicio acerca de la autora. Lo que es cierto de esta valoración es que el contexto de Arendt es más que tales clichés de turista chino. No obstante, lo más criticable es la construcción de un mundo en el que la única persona “pensante” y “razonable” es Hannah Arendt.

En contraste con la estulticia de sus coetáneos, Von Trotta proyecta una imagen banal de Arendt: soberbia infantil, cerebral, una aristócrata de las costumbres, una crítica con poca capacidad de juicio. La banalidad de la Arendt proyectada en el filme —en verdad una proyección de la directora— consiste en postular a una filósofa de la universalidad y no a una pensadora contingente de la política. La versión femenina de Heidegger o, en el peor de los casos, una intelectual insensata que trascendió los límites de su tiempo. En suma, una revolucionaria. Segundo problema: Hannah Arendt no es Rosa Luxemburgo. En cambio, para el espectador promedio —desconocedor de la vida y obra de Arendt— la película puede resultar una excentricidad fílmica de un personaje que quizá valga la pena revisar en Wikipedia. No me malentiendan. Para el lego, la película es una invitación sugerente, un motivo para conocer la obra de este personaje histórico, un instrumento de divulgación filosófica. Por este motivo, “Hannah Arendt” es una obra virtuosa: una película republicana capaz de promover virtudes cívicas tal y como Arendt hubiese deseado construir un lugar común. En este sentido, el filme es fiel al espíritu arendtiano e infiel al espíritu académico. Al igual que con las traducciones, la película está condicionada por dos conjuntos de miradas: es fiel o es bonita. La película es infiel para el filósofo que espera la larga tarea del orgullo de pensar y, a su vez, es bonita para el ciudadano que intenta recuperar algo del sentido oculto de la dignidad humana. En definitiva, Hannah Arendt es  una visita obligada porque los tiempos de oscuridad que se avecinan incluyen pequeños momentos de racionalidad, aunque esta claridad está siempre indispuesta a convertirse en una regla histórica. Arendt

¿Y tú qué opinas?
The following two tabs change content below.
Avatar

Ángel Álvarez

Avatar

Artículos recientes por Ángel Álvarez (see all)