Heli: ¿traición a la patria?

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En Otras inquisiciones, Borges incluye un famoso ensayo titulado “El idioma analítico de John Willkins” en que se menciona una enciclopedia china en la que los animales son clasificados de la siguiente forma “(a) pertenecientes al Emperador, (b) embalsamados, (c) amaestrados, (d) lechones, (e) sirenas, (f) fabulosos, (g) perros sueltos, (h) incluidos en esta clasificación, (i) que se agitan como locos, (j) innumerables, (k) dibujados con un pincel finísimo de pelo de camello, (1) etcétera, (m) que acaban de romper el jarrón, (n) que de lejos parecen moscas”. Surge la carcajada al momento de tomar conciencia de la imposibilidad de semejante clasificación. En lugar de encontrarnos con una taxonomía más o menos precisa que ordene a los animales según familia, género y especie; una clasificación de orden pragmático que los divida según su utilidad potencial (de carga, comestibles, etcétera) o según cualquier otro criterio discernible como el tamaño o el color; nos encontramos con una clasificación que no parece responder a ningún principio ordenador común.

¿En qué sentido podría ordenar el conjunto de los animales una lista que los divide entre los que se agitan como locos y los que acaban de romper el jarrón? En Las palabras y las cosas, Foucault, a propósito de esta clasificación, dice algo muy sugestivo: que el asombro que provoca reside en la imposibilidad del espacio conceptual delineado por la comunidad de elementos enumerados. Una clasificación de animales según familia, género y especie puede muy bien constituir un manual de taxonomía; una según su utilidad potencial, el de un ganadero. ¿La lista anterior de qué forma se nos podría presentar en cuanto totalidad? De ninguna que podamos tener una representación medianamente intuitiva, eso es claro.

Experimenté algo similar cuando algunos días atrás leí un breve artículo de Carlos Mota que concluye con la pregunta ¿Es Heli traición a la patria o es arte?. Me encontraba en la biblioteca y no pude reprimir una carcajada, mis vecinos de mesa me miraron con extrañeza. Pero no pude evitarlo, me pareció una pregunta de una ingenuidad casi enternecedora.

Según lo que alcanzo a ver en el artículo 123 del Código Penal Federal, que versa sobre delitos contra la seguridad nacional especificados como traición a la patria, no hay forma alguna en que una película como Heli pueda ser considerada tal o Amat Escalante un traidor por haberla realizado. Pero esta inexactitud jurídica no es lo que sujetó mi mirada aquella tarde en la Biblioteca Central, sino lo arbitrario de la disyunción que adelanta. ¿Algo puede ser un animal que se agita como loco y uno que acaba de tirar el jarrón? Pero claro, introducir una disyunción sería absurdo. ¿Algo puede ser una traición a la patria y al mismo tiempo arte? Seguramente, miles han sido las obras censuradas a lo largo de la historia a pesar de su innegable valor estético.

¿Una disyunción como ‘¿Es Heli traición a la patria o es arte?’ en qué espacio conceptual puede existir? Toda clasificación de este tipo necesita de un lugar cuyos elementos puedan llamar casa, un lugar en el que cada uno de ellos se relacione en cuanto límite con el resto de los que pueblan dicho espacio conceptual. Los elementos en ocasiones se superponen, como los perros y los mamíferos para el taxonomista o los burros y los animales de carga, para el ganadero. En otras, los elementos se excluyen mutuamente, como lo que es traición a la patria y el arte, para Carlos Mota.

Si vemos con más detenimiento el artículo de Mota podremos observar dos cosas, 1) el motivo por el que Heli le incomoda tanto es que lo confronta, que muestra las escenas cotidianas que “los fresas no quieren ver” y 2) la razón por la que la llama traición a la patria es que fue financiada con dinero del Estado mexicano, el cual es retratado en toda su esplendorosa miseria en la película de Amat Escalante. Así, algo para poder ser arte tiene que ser inofensivo y servil, y como Heli no es ninguna de las dos cosas no puede ser arte. No sólo no lo es, sino que entra en la escabrosa denominación de ser una traición a la patria. De forma inversa podríamos decir que todo lo que es una traición a la patria, al no ser inofensivo ni servil, no puede ser arte. Vemos así en qué clase de espacio conceptual la contraposición arte/traición a la patria puede ser el caso.

¿Qué nos dice todo esto? Considerando a Mota sólo como un síntoma de la salud actual de la sociedad mexicana vemos que ésta no quiere que la confronten. Prefiere no ver a la cara la brutalidad con que operan los grupos criminales en su país, prefiere no ser confrontada con las protestas de un “grupo de mugrosos” cuando va camino al trabajo a pesar de que desconoce las peticiones de los mismos. Es mejor ver telenovelas o  chick flicks, alternativas mucho más cómodas e inofensivas. El melodrama es el género cinematográfico favorito del mexicano, sin lugar a dudas. Mediante el melodrama puede desplazar la mirada del otro vivo que lo requiere y confronta en las calles, de las carencias inmanentes a su vida y a la de quienes lo rodean. Asimismo, nos habla de un vasallazgo que obligaría al creador a seguir las pautas de quien ha financiado su trabajo. Aunque esta es una cuestión que ocurre de facto, lo que cabría preguntarnos es si deberíamos reducir la labor del artista a la de la quien corta el cabello en el salón de belleza, donde el cliente paga para proyectar la imagen que quiere dar.

—Sí, patrón. —dijo el cineasta mientras pensaba en cómo hacer el final feliz.

@Jslis

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José Luis Álvarez Vergara

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