Godínez: radiografía de la aspiración

Síntomas

Enfundado en un traje percudido, un hombre mira anhelante por el ventanal de la oficina, mientras se queja de tener que comer todos los días de un tóper, al ritmo de “Detrás de mi ventana”, éxito ochentero escrito por Ricardo Arjona y vuelto emblemático en voz de Yuri. En el clímax de la melodía, un segundo empleado corta en seco al primero y lo invita a “romper la rutina” que odia. Se trata de la nueva campaña publicitaria de Pepsi.

En un fugaz artículo-entrevista para Merca 2.0, Paco Santamaría afirma de los llamados godínez son “los que conocemos como los clásicos oficinistas. […] son productivos, con ingresos estables por ser asalariados. Con horarios de trabajo muy definidos. Los detectamos por sus outfits encorbatados, que pretenden proyectar formalidad, pero que al mismo tiempo son muy incómodos. […] Están en todas las zonas productivas de nuestro país y tienen comportamientos muy determinados. Son los burócratas, los empleados midmanagement, los coordinadores de área y los creativos de corporativos”.

Como es común en estos casos, tanto el origen como la definición del godinez (o godín, o lady godínez, sus variantes) y su mundo, el godinato, son resbalosas; en general, más que un concepto fijo se trata de la suma de características de recurrencia variable en lo particular pero consistente en lo colectivo, siempre enmarcadas en el contexto empresarial/burocrático vigente, con la oficina como escenario natural y sus reglas (horarios, códigos de vestimenta, rituales de subordinación, incluso roles de género) como detonadoras de un modo de vida que deja pocas alternativas. Si he optado por abordarlo primero desde la perspectiva mercadológica es porque la publicidad suele filtrar, con fines utilitarios y sin el menor escrúpulo, los prejuicios más enquistados en una sociedad y en sus componentes ―algo que Pepsi cachó muy bien―. También porque, en un sistema neoliberal como el mexicano, se complica rebatir la existencia de un grupo social que consume ―compra, ergo existe―. Para más muestra, los más de 26,000 seguidores de la cuenta @MundoGodinez en Twitter.

Dicho lo cual, sin ánimos académicos y con el fin de ahondar el debate, pretendo elaborar una tipología personal del godínez, haciendo eco de quienes afirman ―en las redes sociales con frecuencia y poco aún en la crítica más articulada― que el uso del término entraña una profunda carga clasista, que lo separa, por ejemplo, del salaryman japonés; pero no sólo eso, sino que además es al mismo tiempo una protesta sutil contra un sistema laboral deshumanizado cuyo éxito se basa, en buena medida, en la explotación de la aspiración. El godínez es una serpiente que se muerde la cola, simultáneamente emblema y víctima de la estructura a que está adscrito. Como tal me referiré a él en adelante, partiendo de la premisa de que todo oficinista mexicano, sin importar su jerarquía, es un godínez, con la esperanza de esclarecer las razones a lo largo del texto.

Examen superficial

En entrevista para SinEmbargoMx, la empleada de un corporativo español en México afirma, por un lado, no comprender y no sentirse ofendida por el estigma del godinato; por el otro, Patrick Gun Cuninghame, investigador de la Universidad Metropolitana, afirma que “los empleadores han aprovechado la demanda de trabajo existente. De ese modo, lanzan ofertas de empleo sin seguridad social, mal pagadas y con sujeciones. Además provocan una situación donde los jóvenes sólo les queda un destino incierto”. Ambas perspectivas hacen eco de la que considero una primera certeza, que es posible reconocer empíricamente: el godinato se divide en primera instancia entre sus veteranos y quienes apenas ingresan a él. Siguiendo la moda empresarial, a los primeros he decidido llamarlos godínez senior y a los segundos junior. Se trata, por supuesto, de una agrupación nebulosa de características intercambiables en más de una ocasión y con numerosos degradados en medio.

El godínez senior ronda (aunque no de forma definitoria) el espectro entre los 40 años y el retiro. Fue educado con la cultura norteamericana sigloveintera del esfuerzo. Ni la estructura a la que se encuentra subordinado ni los motivos godínez le parecen razón de cuestionamiento. Salvo casos excepcionales (cuando ocupan un puesto “importante”, por ejemplo), no siente orgullo de su condición, pero tampoco la considera degradante, mucho menos blanco potencial de parodia. Entre ellos, el concepto de verticalidad jerárquica es claro incluso en los casos en que la funcionalidad de ésta no quede clara, y los roles de género ―en detrimento de la mujer, sin excepción― son más marcados.

El godínez junior pertenece a la nueva generación de oficinistas, que comienza en los veinte y va diluyéndose a lo largo de los treintas. Creció en una cultura profesional más abierta a las alternativas, si bien todavía precarias. Salvedades aparte, no se siente cómodo con su condición, que implica por un lado restricciones inherentes a la oficina, y por el otro la franca opresión (la más reciente reforma laboral, por ejemplo, impulsada por el presidente Enrique Peña Nieto, que promueve la subcontratación y relaja las obligaciones de los empleadores). Es sobre todo entre ellos que se da (cuando no viene de fuera) la autoparodia, reflejada en el mundo digital.

Este primer criterio no pretende negar todas las posibilidades combinatorias; igual se da que un trabajador veterano se inserte en la dinámica del Internet o que un joven recién contratado no sienta resquemor alguno respecto a su lugar de trabajo. Tampoco podría afirmar que el godínez junior, al llegar a cierta edad, se convertirá en un senior. No me parece, sin embargo, que esta distinción sea en esencia falsa, y alguna luz podría arrojar sobre la forma en que se percibe el sistema laboral desde el engranaje.

Lo que comparten ambos grupos es una incomodidad latente. Los motivos pueden bifurcarse muchas veces, como ahora esbozaré, pero tienen a la cultura de la aspiración ―que, para el caso, considero el rasgo definitivo del godínez― como línea medular.

Radiografía de la aspiración

Por aspiración del godínez me refiero al deseo, cíclicamente causa y consecuencia de la incomodidad, de salir de su situación actual. Nuevamente la población Godínez se divide en dos grupos, que responden al origen de la incomodidad; es decir, si esta viene de dentro o de fuera del sistema laboral del que participa:

  • El o la godínez aspira a “crecer” dentro del sistema; no lo desprecia, sino que lo perpetúa. Para este primer grupo la única forma válida y no deshonrosa de escapar a sus yugos ―que pueden ir desde la obligación de usar un gafete hasta los lujos inalcanzables con su salario actual― es trepar en el escalafón. Su voluntad será en todo caso ocupar un puesto (no forzosamente en la misma empresa) mayor al que tiene, y que coincide con el de aquellos a quienes está subordinado. Esta aspiración puede no ser (y de hecho, creo, no suele serlo) activa; o sea, el godínez puede reconocer los síntomas de la incomodidad y aun así no creer en la posibilidad práctica de mejorar su posición. Dada su alineación al sistema, aun cuando no sea su beneficiario directo, este tipo de godínez conforme es paradójicamente el que está más cerca de librarse de la incomodidad; le basta nada más, pensaríamos, un poquito más de resignación.
  • El godínez aspira a desarrollarse fuera del sistema, ya sea que quiera pertenecer a uno alternativo o a ninguno. Suele percibir el godinato como un estado transitorio que debe tolerar por factores como la edad, la presión social o la necesidad, mientras logra acceder a otro tipo de vida, que puede no tener claro, inclusive, siempre que difiera de las opciones y los valores del sistema empresarial/burocrático, con el que no comulga: no aspira a convertirse en jefe de otros godínez sino a la dudosa libertad del freelance; no a la acumulación de capital sino a una “realización” independiente. En muchas ocasiones, el único móvil de este godínez inconforme para seguir participando del sistema es el pago que recibe y que necesita, más que ambiciona.

La burla a contraluz

Teniendo de nuevo al sistema laboral como eje que divide los cuadrantes, se observa que la mofa cotidiana cuyo protagonista es el godínez viene de tres frentes principales: de adentro-arriba, de adentro-centro, y de afuera.

  • Adentro-arriba: quienes la ejecutan son aquellos que se encuentran en un nivel superior del gran organigrama general. Éstos no dejan de ser godínez (he oído que hay quien los llama godínez alfa), puesto que participan del mismo sistema, pero gozan de una posición más relajada a la hora de observar reglas oficiniles ―código de vestimenta, flexibilidad de horarios― y, claro, de un poder adquisitivo mayor. Es entre ellos que se manifiesta en puridad el reconocimiento de clase y la posterior exclusión de quienes consideran no merecedores de sus privilegios. Son la manifestación empresarial (las fuerzas básicas) de la élite que trata con brillantez Ricardo Raphael en su libro Mirreynato, la otra desigualdad (Temas de hoy, 2014), aquellos quienes han perpetuado como natural la fórmula dinero = autoridad = superioridad esencial.
  • Adentro-centro: es la que se da entre pares, y sus combinaciones varían ―godínez inconforme a godínez conforme; o godínez junior a godínez junior, por ejemplo―. En general puede tratarse de dos cosas: primero, una reproducción de la discriminación clasista adentro-arriba; es decir, un godínez promedio se burla de otro en el mismo nivel jerárquico para negar su propia condición por medio de la marginación del otro; y segundo, el godínez ridiculiza a otro, a sí mismo o a la colectividad que lo incluye, como método de catarsis o de resignación a su condición (que, recordemos, en algunos casos considera sólo temporal). Un tercer caso, aunque de presencia mucho menor, es aquel en que la caricatura se utiliza para señalar, a modo de protesta, los defectos del sistema.
  • Afuera: esta mofa suele reducirse a una crítica desde cualquier sistema alterno. Se considera al godínez, sin pensar demasiado en sus razones, legitimador pasivo del mismo sistema que lo oprime.

Por el uso clasista del término, la burla “de abajo hacia arriba” en la estructura laboral fija me es inverosímil; se busca descalificar al que “es menos que uno”, aunque sí podría darse la crítica al orden establecido. La otra coordenada, la de afuera-arriba, corresponde a un sector que tiene los medios económicos suficientes para no estar ni siquiera en contacto con el mundo oficinil, (quizá herederos de los dueños de esos medios (los mirreyes de Raphael). En este caso, ya que también se asocia al trabajador como perteneciente a un sector inferior que necesita hacer un esfuerzo para obtener dinero, el ataque tiene una obvia carga clasista, y la crítica aquí es prácticamente impensable.

Diagnóstico

Mi conclusión es que el sistema laboral mexicano, con principal sede en La Oficina, reproduce y alimenta la estructura de clases que permea la sociedad completa; y desborda las responsabilidades de cada lugar en el organigrama para conferirle una carga de esencia por niveles, que da lugar a la marginación, por medio de la burla, a quienes por voluntad o necesidad, por un lado lo hacen funcionar, y por el otro ocupan el lugar de menor privilegio. El término godínez (como sus variantes) se utiliza para ridiculizar el estilo de vida al que las normas y restricciones del sistema someten a un(a) trabajador(a) de oficina.

Al ejercer la parodia sobre sí mismo o sobre otro, el godínez puede estar legitimando al sistema laboral/clasista o señalando sus defectos. En el primer caso, discrimina y es discriminado; en el segundo, expresa su inconformidad. Estas opciones se repiten también desde fuera del sistema.

La concepción del godínez como tribu urbana con identidad es resultado, por un lado, del clasismo imperante que busca separar al otro para reafirmar lo propio y, por el otro, de la necesidad mercadológica de aprovechar unos hábitos de consumo recurrentes para vender ciertos productos. (Yo no me atrevería a hablar, entonces, de un “orgullo godínez”, concepto que suele filtrarse, a veces literalmente, en las estrategias publicitarias.)

En su citado libro, Ricardo Raphael ubica al mirrey en un lugar específico de la escala social, pero aclara que el mirreynato es una estructura que nos incluye a todos, puesto que su concepción del poder y el derecho se reproduce también en los niveles más bajos; es decir, todos la alimentamos. De igual manera, las características del godínez pueden difuminarse según su lugar en el organigrama y su distancia con la empresa pero, al hablar de godinato, me refiero a un sistema vivo y en plenas funciones, que somete la dignidad del individuo al salario que recibe y al número de reglas que debe obedecer.

El godinato tiene como centro no los intereses de la masa trabajadora ―a fin de cuentas, el grueso del país― sino al empresario. Es la más exitosa herramienta del neoliberalismo mexicano, porque recluta y adoctrina a sus propias víctimas ―y aquí alcanza también al sistema educativo―. Es terrorismo de traje sastre. Desde dentro o desde fuera, sin importar la distancia con el sistema, el godínez aspira a no serlo más; a veces con la condición de dejar tras de sí otros godínez de los cuales burlarse a su vez, a veces con una abolición del sistema cada vez más difícil de divisar. Todos vivimos el godinato, y no tenemos derecho a vacaciones.Iconofinaltexto copy

@Ad_Chz

Referencias

“Godínez (subcultura mexicana)”, en Wikipedia.

González, M. (2014). “Planeta ‘Godínez'”. En 24 horas.

Montoya, J. (2015). “Godínez: la sátira de la clase media / la piel curtida”. En La Jornada Aguascalientes.

Raphael, R. (2014). Mirreinato, la otra desigualdad. México: Temas de hoy.

Rincón, S. (2013). “‘Mirreyes’, ‘alterados’, ‘godínez’; nuevas tribus entre el consumo y el rechazo”. En La Jornada Aguascalientes.

Santamaría, P.; Aguilar, A, (2012). “XXY: Los Godínez; ¿Eres de esta tribu?”. En Merca 2.0

Vargas, I. (2015). “Reforma laboral, con resultados decepcionantes: expertos”. En CNN Expansión.

¿Y tú qué opinas?
The following two tabs change content below.
Avatar

Adrián Chávez

Escritor y traductor, autor de 'Señales de vida' (Fá Editorial). Ha sido becario del Fondo Nacional para la Cultura y las Artes (FONCA) en el área de novela y es editor de La Hoja de Arena. Alterna la literatura y la traducción con la docencia. Twitter: @nochaveznada