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Genealogía del hogar

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Además de los letreros que dictan de una manera un tanto ingenua “Hogar dulce hogar” o la canción de Té para tres de Gustavo Cerati que dice “no hay nada mejor que casa” sería interesante reconocer qué convierte una casa/habitación/departamento/estado de la materia en un hogar.

¿Qué es lo que nos hace decir que estamos en nuestro hogar?

Podríamos resumirlo a una condición de confort y plenitud. A veces me descubro repitiendo los mismos rituales en diferentes lugares a los que considero hogar.

Hace unas semanas estuve en el DF, en casa de un amigo dramaturgo cuya hospitalidad me hizo sentir en ‘casa’. Le dije que limpiar un lugar me hacía encariñarme con él –y no limpiar solo por hacer de ese espacio un lugar pulcro, sino dotar de un sentido de pertenencia al recorrer metro por metro los ojos y el tacto- y sonrió extrañado.

Me gusta hacer de los lugares un hábitat, con incienso de canela, fumando un cigarro cerca de una ventana, recostándome en el suelo, sintiendo con mis pies descalzos la textura del suelo. A veces también me gusta poner a Los Panchos y trapear con mezcla de aceite de pino.

También recuerdo una casa de asistencia que tuve en Zacatecas. Tenía más de un mes sin ver a mis padres, así que le propuse a la casera hacer “rajas con queso” de la forma en que aprendí en mi casa. El olor de los chiles en el comal y los sonidos de ebullición del queso con la crema y el chile me hicieron recordar mi hogar.

Puedo decir que ahora no estoy segura, sin embargo, también admito gustosa que puedo hacer del mundo mi hogar.

No sería sorpresa, al estar conscientes de toda la energía y el amor que se despliega en una casa, que algún día la nuestra sea habitada por nuestros fantasmas.

Habitamos los momentos, de eso no cabe duda, dichos momentos se evocan más fácilmente con olores, en estas fechas decembrinas, el olor a hoja de tamal quemada, ponche, café de olla y demás delicias culinarias hacen de estas evocaciones una dulce reminiscencia a los años dorados.

Ñú:

Hay hogares literarios que se quedan en la memoria. En mis años de secundaria la casa de los Weasley en Harry Potter -la famosa madriguera Weasley era el hogar idóneo cuando la realidad no entonaba.

Es nuestra responsabilidad hacer sentir a cada uno de los personajes que creamos en casa, pues los lectores sabrán acomodarse en el huequito de la lectura.

Gracias por alojarse en este breve recuento de hogares.

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Magnolia Orli

Estudiante de Licenciatura en Letras Españolas en la Facultad de Filosofía y Letras, Universidad Autónoma de Chihuahua. Ha colaborado con revistas como Pirocromo, Cataficcia, Posdata, Solar, Síncope en Línea, Ombligo. Ha sido ponente en diversos congresos de estudiantes de literatura nacionales. Fue coordinadora del Taller de Creación Literaria “Franz Kafka” en la ciudad de Chihuahua.
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